La comunidad transgénero es una de las más vulnerables en Centroamérica, según un estudio global realizado por el Proyecto de Monitoreo de Asesinatos Trans de la ‘Transgender Europe’ en 2015 y detalla que Honduras presenta el mayor número de homicidios transgénero en relación con su población, pero por otro lado a este estudio habría que agregar que Nicaragua es un país que presenta además de homicidios similares a los de Honduras, torturas y violaciones a los derechos humanos perpetrado por el Estado en manos del régimen Ortega-Murillo.

Según The American Foundation for Suicide Prevention y el Williams Institute on Sexual Orientation and Gender Identity Law and Public Policy en Estados Unidos, el 41% de las personas transgénero intentan suicidarse en algún momento de sus vidas como consecuencia del estigma, pero en Nicaragua no se pueden ni siquiera conseguir datos acerca de los suicidios de las personas transgénero debido a la falta de acceso a la información pública que el régimen Ortega-Murillo mantiene desde que regresó al poder en el año 2006.

En Nicaragua tampoco existe la posibilidad de realizar estudios independientes debido a la campaña de hostigamiento por parte del régimen para quienes ejercen el activismo de derechos humanos. Y por supuesto que para las mujeres trans que ejercen activismo por los derechos humanos, la situación es aun peor ya que el régimen les ha encerrado en cárceles para hombres en donde sufren violaciones por parte de los reos y de los mismos funcionarios del sistema penitenciario, en esas cárceles tampoco tienen un acceso a la atención médica.

En Nicaragua las organizaciones de derechos humanos que allí quedan, denuncian que el gobierno de Ortega está recurriendo a acusar a activistas de derechos humanos de delitos como el secuestro o el tráfico de drogas, en un intento por desacreditarlas e impedir su activismo.

En agosto del 2018, Victoria Obando, mujer trans y activista de los derechos humanos fue arrestada por la Policía al servicio del régimen Ortega-Murillo y fue acusada de terrorismo, homicidio, incendio, secuestro, robo con intimidación y amenaza de muerte. Al igual que Victoria Obando, otras mujeres trans como Kisha López y Carolina Gutiérrez, también fueron acusadas por delitos similares y mientras estuvieron en la cárcel La Modelo -una cárcel para varones- vivieron torturas psicológicas y violaciones a sus derechos humanos por parte de sus carceleros.

Estas mujeres trans vivieron tratos verdaderamente aberrantes y tortura psicológica como el ser obligadas a permanecer desnudas para exhibir sus genitales frente a reos comunes para que estos se burlaran de ellas, además de recibir gritos por parte de los carceleros y policías exclamando que ellas no son mujeres reales sino hombres -con un vocabulario totalmente repugnante y sucio- enfocándose en los genitales de estas presas políticas. Evidentemente, este trato y actuar por parte de estos servidores públicos en las cárceles, solo es el reflejo de la ignorancia y de la utilización del lumpen proletariado por parte del régimen, para ser parte de las instituciones del estado.

Como Victoria Obando, en Nicaragua muchas mujeres trans enfrentan discriminación y violencia debido a su orientación sexual e identidad de género. Otras sufren crímenes de odio, como el reciente contra la mujer trans de Chinandega, Lala.

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