Un rebrote de coronavirus en Nicaragua es inminente. El Gobierno sigue minimizando la pandemia y mantiene en mínimos la aplicación de pruebas diagnósticas mientras incentiva la aglomeración de personas en actividades masivas. Estos factores serán determinantes para que el país sufra la segunda oleada de la pandemia que podría llegar la primera semana de octubre, advierte el epidemiólogo Álvaro Ramírez. 

En entrevista con Despacho 505, Ramírez analiza el comportamiento del Covid-19 en las últimas semanas, explica la importancia de no relajar las medidas de parte de la población porque de parte del Gobierno, dice, no hay interés en frenar la pandemia. 

Asimismo, contradice el discurso oficial de calificarse como “productores” de la vacuna rusa contra el covid-19 y expone las razones por las que cree que el Gobierno ve a la pandemia como un negocio.  

¿Cuál es la valoración que usted hace sobre el comportamiento del Covid-19 en las últimas semanas en Nicaragua? 

El covid ha tenido picos epidémicos de entre nueve y 10 semanas en los países donde se ha aplicado restricción ciudadana, mayor nivel de protección, en esos países el pico ha sido rápido y luego ha bajado. Entonces en Nicaragua el pico se ha comportado más largo, no hubo un pico como tal, sino que una meseta como tal arriba de nueve semanas de duración. Estamos sabiendo que el primer brote de coronavirus en los países ha afectado alrededor del 7 por ciento de la población general.  

Si nosotros vemos esto en la realidad nicaragüense, la susceptibilidad a ser infectado está todavía bastante presente y no se puede bajar la guardia en este momento. Aún en los países europeos, están subiendo cada día el número de casos. La alerta sobre la segunda ola, el segundo brote de la pandemia es a nivel mundial. Nicaragua no se escapó de la primera ola de la pandemia y no se va escapar de la segunda. No podemos cerrar los ojos y pensar que ya está resuelto, porque no hay vacuna y las medidas de restricción y distanciamiento son las que han demostrado ser efectivas. 

¿Cuál es el rol que debería tomar el Gobierno ante esta inminente segunda oleada de la pandemia? 

En Nicaragua observamos al Gobierno que se encarga de mentir y de invitar a la gente a actividades masivas lo que aumenta el riesgo de transmisión del covid. Si estas actividades se continúan realizando, esto contradice las políticas de cualquier Gobierno responsable. No hay forma de entender cómo se puede hablar de prevención del covid, llamando la aglomeración.  

En cuanto al comportamiento ciudadano qué análisis puede hacer. Los viernes en la noche se observan las discotecas a su máxima capacidad, la gente en restaurantes sin guardar la distancia, mucha gente ha dejado de usar la mascarilla… 

Una cuarentena permanente es muy difícil de soportar. Aun en países donde se ha aplicado la cuarentena a mayor rigor, se ha tenido que relajar las medidas en fases. Ahora se ha estado observando que los brotes empiezan aumentar. 

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En el contexto de Nicaragua donde el Gobierno no ha promovido ni siquiera una cuarentena, si el sector comercial, restaurantes, bares, el comercio informal, no tienen apoyo del Gobierno, la gente tiene que buscar qué comer.  

Pero hay otras actividades que no están meramente relacionadas al trabajo para poder llevar el sustento a la casa, sino que tienen que ver con actividades de entretenimiento sin tomar medidas.  ¿Eso es prudente? 

No es prudente, pero insisto, lo peor es que estas actividades son promovidas por el mismo Gobierno para que la gente vaya. Incluso, te ofrecen entradas gratis a los estadios. Todo este tipo de cosas tienen una intención detrás porque los gobiernos responsables no hacen eso. 

No es que el pueblo es el culpable, es el Gobierno el encargado de promover buenas prácticas ciudadanas para evitar aglomeraciones. Cuando es el Gobierno quien está detrás, la gente no va poder resistir.  

En algunos países se han adoptado medidas especiales para la reapertura económica para cada sector. Sin embargo, en Nicaragua no vemos a un Minsa explicar a los dueños de negocio qué pueden hacer para protegerse ellos y sus clientes. ¿Qué recomendación hace usted para esa gente que tiene un restaurante, el taxista, el del bar, etc.? 

Lo primero es garantizar el uso de la mascarilla obligatoria. Lo segundo es el mantener la distancia entre personas. El lavado de manos, el uso de alcohol gel. Son las mismas medidas que han estado recomendadas desde el inicio. Lo que pasa es que en Nicaragua nada de eso ha sido obligado desde el inicio de la pandemia. El Gobierno no tiene ningún interés de proteger a la gente.  

¿Cómo ve la situación del coronavirus en el campo? 

A partir de los datos del Observatorio Ciudadano podemos ver que el caliente del covid ahorita está en las zonas rurales, sobre todo en Somoto, Madriz, Nueva Segovia, Matagalpa y San Rafael. Ahí se están reportando muchísimos casos clínicos, pero no tienen acceso a las pruebas.  

La gente está haciendo lo que pueda, compran sus medicamentos, consiguen el tanque de oxígeno. Cuando a mediados de junio la gente empezó a ver que un ingreso al hospital era casi una muerte y luego la gente no estaba segura que el cuerpo que les daban era el de su familia, la gente decidió no tomar ese riesgo y quedarse en su casa.  

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Se compran la medicina, el tanque y si se muere alguien lo entierran y a veces ni les dicen a los vecinos por el miedo a la estigmatización que tiene el coronavirus. Eso es lo que se está viviend en la zona rural.  

En un préstamo de US$43 millones al BID para atender la crisis sanitaria el Gobierno proyectó 5.8 millones de contagios y 23 mil muertes por la pandemia en el país y habla de un plan a dos años. ¿Qué valoración hace de esas proyecciones? 

Ellos han venido negando todas las estimaciones de los expertos basadas en estándares internacionales. Esos 5.8 millones de habitantes que prevén infectados, eso representa a un 80 por ciento de la población. Entonces esos cálculos no son nuevos, existen desde hace cuatro o seis meses. Ahora deciden ponerlos en esta solicitud de préstamo. Esos son los cálculos del Colegio Imperial de Londres.  

Ahora están aceptando el riesgo al que se está exponiendo a la población nicaragüense. Quisieron justificar con esos cálculos la solicitud de los 43 millones de dólares, pero la mayor parte del gasto se va a unidades de salud, no se va a unidades preventivas, no se va a vigilancia epidemiológica.  

En ese préstamo solo se prevé destinar 4.3 millones de dólares para pruebas y vigilancia epidemiológica, en la que se contempla la apertura de laboratorios en los departamentos y zonas fronterizas para la aplicación de pruebas… ¿Cómo ve la distribución de prioridades? 

El problema es que ese dinero para los laboratorios a pesar de que dicen ellos que los van equipar, no destinan recursos para la detección de asintomáticos. No van hacer pruebas gratis a casos leves, solo van hacer pruebas de diagnóstico en casos severos.  

Lo de poner los laboratorios en las zonas fronterizas es para seguir agarrando millones haciendo las pruebas porque cada una la están cobrando en 150 dólares. Por eso es que les interesa fortalecer la zona fronteriza, porque es dinero, es negocio. No les interesa utilizar esas pruebas para el trabajo epidemiológico de seguimiento y cortar la cadena de transmisión.  

¿Qué opina de la insistencia del Gobierno de “producir” la vacuna rusa contra el coronavirus en Nicaragua, pese a que ni siquiera ha concluidos todas las fases? 

Ellos no van hacer nada, ellos son empacadores. Ellos van a recibir de Rusia lo que reciban de la supuesta vacuna y van empacar, distribuir y hacer el negocio otra vez como lo han hecho con las pruebas.  

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Es un proyecto más como el del Canal Interoceánico, la refinería, son palabras. Ellos (el Gobierno) no va a producir nada, ellos son empacadores. El papel y el micrófono aguanta todo.  

¿Cuál debería ser el testeo recomendado para conocer el impacto real de la pandemia en Nicaragua? 

El nivel de muestreo debería ser mayor. El Minsa está haciendo en promedio 200 pruebas diarias y 1,200 semanales. Esto debería subirse a por lo menos 10 mil o 20 mil muestras semanales y tratar de detectar a los asintomáticos para cortar la cadena de transmisión. El recurso tan valioso como de las pruebas no se está utilizando y las han recibido por miles. No hay interés político de controlar la pandemia en Nicaragua.  

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