La feminista Ana Quirós encarna la violencia que ejerce el Estado en contra de las mujeres nicaragüenses. El 18 de abril de 2018 fue agredida brutalmente por turbas del régimen de Daniel Ortega por sumarse a las protestas ciudadanas en contra de la reforma a la Seguridad Social. Su rostro ensangrentado fue una de las primeras imágenes de la violencia de lo que sería la crisis de derechos humanos más profunda.

Después el 26 de noviembre, Ortega decidió expulsarla del país, tras retirarle la ciudadanía nicaragüense de la que gozaba desde hacía 30 años. Feminista, miembro del Movimiento Autónomo de Mujeres (MAM) y experta en Salud Pública, ha sido unas de las voces más críticas al régimen.

Este 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, Quirós analiza la situación que enfrentan las mujeres nicaragüenses: Femicidios imparables (65 en lo que va del año), violencia de Estado en contra de mujeres dirigentes políticas que se refleja en amenazas de cárcel y muerte a defensoras a nivel nacional.

“Hay una gran persecución, hay un enorme acoso permanente, hay una vigilancia sistemática en contra de las mujeres líderes”, denuncia Quirós, nacida en Costa Rica pero naturalizada nicaragüense. En esta entrevista la feminista recuerda cómo el régimen se ha ensañado con mujeres feministas como Dora María Téllez, Suyén Barahona, Tamara Dávila y Ana Margarita Vijil, presas políticas a quienes se está torturando en la Dirección de Auxilio Judicial.

¿Cómo llega el movimiento feminista de Nicaragua a este 25 de noviembre? 

El 25 de noviembre ha sido una fecha muy significativa para las mujeres y para el movimiento porque, en primer lugar, se recoge el quehacer en torno a la prevención de la violencia y la protección de las mujeres que han sido violentadas, pero al mismo tiempo es un día de denuncia sobre la actuación del Estado y de la violencia de la sociedad hacia las mujeres en Nicaragua.

Tenemos muchos años conmemorando el 25 de noviembre, porque difícilmente se puede hablar de celebrar sobre todo habiendo tanta violencia en Nicaragua. Este 25 de noviembre nos halla en una situación particularmente difícil porque tenemos a una cantidad importante de mujeres feministas en la cárcel en condiciones inhumanas y tratos extremadamente crueles .

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Otro aspecto es que Nicaragua vive un ambiente de violencia y persecución, digo de violencia porque cantar el Himno Nacional se ha convertido en un delito, porque sacar una bandera nacional es un motivo para ser perseguido e incluso apresado. Nadie puede expresar lo que piensa. Nos han cancelado al menos 55 personerías jurídicas de organizaciones no gubernamentales.

¿Qué frentes tienen las mujeres nicaragüenses para seguir denunciando, no solamente la violencia del Estado sino la violencia que a diario sufren en zonas del país donde son víctimas de violencia machista?

Uno de los elementos más tristes y complicados de este período, es que todo lo que se había alcanzado en la protección de las víctimas de violencia machista ha retrocedido. ¿Quién va a ir a una Comisaría de la Mujer a denunciar que está siendo víctima de violencia en su familia o en la calle cuando sabemos que los policías han sido los principales agresores, han sido los principales golpeadores de mujeres? Además sabemos que el Estado ha liberado o les ha cambiado el régimen carcelario a convivencia familiar a cientos de violadores y maltratadores hacia mujeres, han liberado ha femicidas. La situación de las mujeres es de alta vulnerabilidad en Nicaragua porque todas las semanas hay femicidios, pero ante quien se denuncia si no hay quien proteja ni organizaciones de mujeres porque las que aún trabaja están siendo perseguidas, acosadas y se les impide hacer su labor.

¿Qué alternativa tienen para denunciar esta acción represiva del Estado contra las mujeres? ¿Qué le queda a los grupos feministas ante esta escalada represiva y ante esta actitud de Ortega de callar cualquier voz disidente?

Tenemos que dar a conocer la situación al resto del país, denunciar internacionalmente y hacer el registro de todos estos incidentes o hechos de violencia. No renunciamos a exigir justicia, llegará el momento en que podamos demandar justicia, pero para eso necesitamos llevar un registro de la violencia. 

¿Cómo interpreta usted esa saña del Estado, que es Ortega, contra las mujeres? Desde que Ortega regresó al poder, las mujeres no han podido marchar un 25 de noviembre o un 8 de marzo?

Desde 2007 Ortega ha mostrado especial violencia contra las mujeres. Primero, penalizando toda forma de aborto especialmente a las mujeres pobres, en segundo lugar desde el inicio empieza criminalizar a las mujeres, y finalmente termina allanando y expropiando organizaciones.

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Este régimen empezó de a poquito, pero ha venido en aumento expresando su violencia en contra de las mujeres y las organizaciones defensoras. Esto ha hecho que el trabajo de protección a las víctimas sea cada vez más complicado, estamos haciendo el trabajo casi de manera clandestina, pero no vamos a dejar de demandar justicia y denunciar.

¿Cuál es la situación de mujeres lideresas en el interior del país?

Justamente la semana pasada sostuvimos un encuentro entre feministas con representación de todos los departamentos y las regiones de Nicaragua, y lo que nos cuentan es que, por supuesto, hay una gran persecución, hay un enorme acoso permanente, hay una vigilancia sistemática en contra de las mujeres líderes. Algunas han sido directamente amenazadas, hay temor, hay compañeras que han tenido que dejar el país porque el nivel de acoso llegaba incluso hasta amenazas de cárcel y muerte.

Nicaragua se abandera como un país que promueve la igualdad, pero no es un logro real, ¿hasta la fecha no hay ningún logro real destacable? 

No solo no tiene ningún logro, sino que tiene muchísimo retroceso. La igualdad que pregona el régimen es una igualdad de papel porque en Nicaragua, aparte de la pareja presidencial, nadie más tiene poder. Entonces, ¿de qué poder se está hablando en el caso de las mujeres o en esa paridad de género? Realmente este gobierno o desgobierno no tiene nada más que represión, persecuciones, torturas, violencia y asesinatos.  

Ha usado la violencia sexual en contra de prisioneras y prisioneros, y ha ejercido violencia en contra de las prisionera políticas porque las trata especialmente cruel. Me refiero en este momento a la situación de Tamara Davila, Dora María Téllez, Suyén Barahona y Ana Margarita Vijil, ellas tienen meses de estar en aislamiento, de estar siendo interrogadas diariamente con fuertes expresiones de violencia hacia ellas, no se les permiten ni siquiera contactarse con sus defensores y peor con sus familiares.

¿Cómo avizora usted la situación para las mujeres nicaragüenses?

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A las mujeres lo que nos queda es protegernos entre nosotras. No debemos confiarnos en la Policía, en ningún momento, y menos aún de los discursos de odio que diariamente transmite este desgobierno. A todas nos toca seguir trabajando porque en Nicaragua las cosas cambien y que cambien de una manera cívica. La violencia no va a beneficiar a nadie.

¿Qué rol juega la sociedad? Ha habido conciencia en la sociedad sobre violencia que viven las mujeres y no me refiero solo a la violencia política sino violencia de género en general?

En primer lugar, el mensaje que ha estado dando el régimen es qué la violencia está permitida; en segundo lugar, que la violencia no va a ser castigada al liberar a los presos acusados de violación y femicidios; y en tercer lugar, el régimen ha apañado a esos asesinos y violadores, empezando por el mismo presidente Ortega (acusado de violación en 1998 por Zoilamérica Narváez.

¿Y cuál es la demanda de las mujeres este 25 de noviembre? Hay un consenso en que la principal demanda debe ser la restitución de la libertad, la justicia y la democracia para luego plantear otras demandas…

Llamamos en primer lugar a la liberación de las presas políticas; en segundo lugar, nuestra demanda es que se castigue a los violadores y femicidas, y  en tercer lugar que haya democracia en el país.