El precandidato a la Presidencia de Nicaragua, Arturo Cruz, dijo este sábado que “sin abstención”, y aun con una oposición dividida, es posible vencer en las urnas a los gobernantes sandinistas en los comicios generales del 7 de noviembre próximo.

“Sin abstención es posible ganar y de manera abrumadora”, sostuvo Cruz, exembajador nicaragüense en Estados Unidos y precandidato a la Presidencia por la opositora Alianza Ciudadanos por la Libertad, al hacer un análisis sobre la coyuntura electoral.

La oposición nicaragüense no logró registrar una alianza electoral para disputarle el poder al presidente Daniel Ortega en los próximos comicios, lo que ha abierto las puertas a dos opciones: recurrir al “voto útil” o que surja una tercera vía.

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La abstención es el otro fantasma que recorre el ambiente político luego que la Alianza Ciudadanos por la Libertad y la Coalición Nacional, los dos principales bloques opositores, no lograran firmar una alianza electoral.

LOS INDECISOS DECIDIRÁN

“No se puede asumir, que, porque habrá varias plataformas opositoras en la boleta electoral, el electorado indeciso, que según la última encuesta de Cid Gallup ronda el 62 %, va a desistir de votar”, anotó Cruz, que tiene un doctorado en Historia por la Universidad de Oxford en Inglaterra.

El también académico y analista político explicó que los estudios de comportamiento electoral en Nicaragua “demuestran que la mayoría de los indecisos deciden su voto cuando ya están definidas las candidaturas, las casillas y los programas de Gobierno”.

“Juzgar a priori el comportamiento electoral, cuando aún no están claras todas las variables, es subestimar la inteligencia de la gente, y además es faltar a la seriedad en el análisis”, señaló el político, que simpatizó con el sandinismo en su juventud.

Cruz sostuvo que si se escudriña en la bibliografía acerca de la historia electoral nicaragüense, se nota que en el “país la gente se toma con un alto grado de seriedad el voto” y “el electorado no solamente evalúa la gestión del Gobierno saliente en retrospectiva, sino también construye escenarios a futuro, de qué es lo que puede suceder con un nuevo Gobierno”.

EL CANDIDATO SERÁ DECISIVO

Por tanto, consideró Cruz, el reto de la Alianza Ciudadanos por la Libertad “es aglutinar en torno a su candidatura y a su programa a este voto liberal escondido todavía en ese 62 % que según la última encuesta de Cid Gallup no simpatiza con ningún partido”.

“De la misma manera, en ese porcentaje hay sectores que no son liberales y se autodenominan independientes, que incluso han votado en algún momento por el FSLN, a los que también hay que convencer”, añadió.

Recordó que el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) perdió las elecciones presidenciales de 1990, 1996 y 2001, y que en todos esos casos “el electorado opositor supo ubicar la mejor opción y el voto útil frente al sandinismo”.

“En las elecciones de 1996 y 2001 fueron claves los liderazgos liberales del momento, que lograron aglutinar al voto duro liberal y antisandinista, demostrando que a veces los candidatos son más decisivos”, reflexionó.

“Sin embargo, no solamente el voto liberal fue el que decidió esas elecciones. En ambos procesos electorales, la participación superó el 70 %, por lo que también se logró captar buena parte del llamado voto independiente”, destacó.

SANDINISTAS PROMUEVEN ABSTENCIÓN

A juicio de Cruz, ese escenario, sumado a la baja popularidad de los sandinistas tras el estallido social de abril de 2018, son parte de las razones del oficialismo “para poner todos los obstáculos posibles en estas elecciones, con el fin de desarticular la disposición de votar del electorado opositor”.

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“Por eso es que la apuesta de ellos es que al menos un 50 % de los opositores no salgan a votar, para que, con su minoría organizada, puedan retener la mayoría parlamentaria que hoy ostentan”, valoró.

“El juego estratégico de la pareja imperial es promover la abstención, la desesperanza”, insistió.

Los opositores, que se encuentran fragmentados, buscan cómo derrotar a los sandinistas, dirigidos por Daniel Ortega, de 75 años, que el 10 de enero cumplió 14 años consecutivos en su segunda etapa como presidente de Nicaragua, tras coordinar una Junta de Gobierno de 1979 a 1985 y presidir por primera vez el país de 1985 a 1990.

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