Berta Valle y Victoria Cárdenas han emprendido la denuncia internacional sobre la situación que viven los presos políticos en Nicaragua, en particular sus esposos Félix Maradiaga y Juan Sebastián Chamorro, respectivamente. Han humanizado la alarmante cifra de 170 presos políticos de la que hablan actores políticos del hemisferio Occidental.

Más que contar el número de presos políticos que hay en Nicaragua, narran en primera persona el drama de tener a un familiar en las cárceles de Daniel Ortega. Cárdenas cuenta la angustiante noche en la que más de 40 policías secuestraron a Juan Sebastián, mientras que Valle comparte el drama de una mujer que no ve a su esposo desde hace casi un año, y peor aún, las respuestas que debe dar a una niña cada vez que pregunta por su padre Félix.

Valle — ha tenido varias facetas en su vida como  comunicadora social, filantrópica y política — se ha convertido en uno de los rostros más conocidos de quienes ejercen la denuncia de las violaciones de derechos humanos que cometen los Ortega-Murillo. Es una especie de Lilian Tintori, la mujer que recorrió el mundo para contar los vejámenes que sufría su esposo Leopoldo López por parte de la dictadura de Nicolás Maduro.

“Félix está viviendo una tortura”, dice en esta entrevista desde su exilio en Estados Unidos, realizada a mediados de diciembre. La última vez que vio a su esposo fue en marzo de 2020, en un aeropuerto de Miami, y desde entonces ha vivido los días más amargos de su vida: “Es bien difícil”, admite. Habla de las acciones de denuncia y critica a la comunidad internacional por la inacción frente al régimen. “Si los derechos humanos no son importantes para la comunidad internacional, debería de replantearse los discursos que defiende”.

¿Cómo han sido estos días de exilio en Estados Unidos?

Han sido difíciles los tres años de estar en el exilio. Lo más difícil para cualquier persona que viene a un país sin ningún tipo de aviso es comenzar a establecerse. Afortunadamente, tengo familia acá que vino en la  década de los 80, y han hecho su vida acá, por lo que estuve viviendo algunos familiares. Venir de una estructura, tener una carrera que me encantaba en Nicaragua y establecerme en otro país ha sido complejo, pero no es la primera vez que me toca vivir el exilio ya que desde que estaba muy pequeña mis padres tuvieron que venirse al exilio a Estados Unidos, también. Este es mi segundo exilio.

— Has tenido varias fases, presentadora de televisión, política en 2016, y ahora defensora de derechos humanos. ¿Cómo ha cambiado tu vida en los últimos años?

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He tenido una inclinación por lo social desde muy pequeña. Cuando crecí en Ciudad Darío, Matagalpa, siempre estaba involucrada en los gobiernos estudiantiles, y cuando crecés vas comprendiendo el sistema público por lo que te das cuenta que tenés esa pasión. En 2016, después de haber trabajado varios años en los medios de comunicación, decidí activar esa conciencia social. Después de ese episodio estuve trabajando en actividades filantrópicas y cuando me veo ahora como defensora de derechos humanos, que ha sido el rol que me ha llevado la situación, no hay mucha diferencia con mi servicio social, pero ciertamente que impacta mi vida porque lo estoy viviendo de primera mano, porque mi esposo es un preso político. Ahora valoro más los valores democráticos y los derechos humanos. 

— ¿Cuántos días llevás sin ver a tu esposo? ¿Cuándo fue la última vez que lo viste personalmente? 

La última vez que vimos a Félix en persona fue en marzo de 2020. Fue muy rápido. Nos vimos en el aeropuerto porque estaba haciendo una escala y fue la última vez que nos tomamos una foto. Él estaba comprometido con regresar a Nicaragua, sabía que podía aportar mucho a esta causa de la restauración de la democracia en el país. Luego vino la pandemia y no pudimos vernos por el cierre de fronteras. Desafortunadamente el régimen  le quitó el pasaporte y no le permitió renovarlo. Desde ese momento no logró salir de Nicaragua, pero siempre manteníamos una comunicación de todos los días a través de videollamada, eso hacía más fácil llevar la separación. Desde el 8 de junio no lo he vuelto a ver y es bien difícil.

— ¿Imaginaron lo que estamos viviendo, hablaron de los riesgos que supondría un regreso al país? 

Cuando uno logra entender el pensamiento político de Félix podés darte cuenta de su claridad para comprender lo que es el Frente Sandinista, Daniel Ortega y Rosario Murillo. Desde que ellos volvieron al poder producto del pacto, Félix comenzó a insistir que esto iba a terminar en una dictadura y, desafortunadamente, es lo que estamos viviendo. Estamos viviendo lo que mi esposo estuvo advirtiendo por más de 10 años y, desafortunadamente, los llamados de mi esposo no fueron suficientes para motivar la acción de la comunidad internacional. 

Lo que ocurrió en 2018 tiene algo de positivo en el sentido de que el pueblo despertó para admitir lo que estábamos viviendo, como el deterioro de la institucionalidad y la violación de los derechos humanos. Nosotros como familia habíamos hablado de esa posibilidad de que si regresaba a Nicaragua había un riesgo de encarcelamiento, comprendíamos el riesgo, pero Félix tenía una convicción muy clara y como esposa apoyé y acompañé su decisión. Es sumamente alarmante lo que están viviendo los presos políticos, lo que hace el régimen es tratarlos como rehenes, quitándoles todas las garantías, todos sus derechos. Los ha tenido durante seis meses incomunicados y la forma en que están físicamente es una tortura.

¿Qué es lo último que sabés vos de Félix?

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La última visita que le permitieron a su hermana fue el 15 de noviembre, pero está incomunicado. En esa visita su hermana supo que perdió 48 libras, Félix le contó  que estaba en una celda en penurias y que le permitían recibir el sol cada 10 días por 15 minutos. Están sometidos a constantes interrogatorios, no tienen acceso a una Biblia. Están viviendo una tortura. Siempre se les mira con buen ánimo, en el sentido de que saben que están injustamente y que tarde o temprano tendrán la justicia que les corresponde. 

— ¿Te manda a decir algo a vos? 

Félix me manda a decir: fuerza y fe. 

— Vos y Victoria Cárdenas han asumido la denuncia internacional de lo que viven los presos políticos, sus esposos. ¿Qué de positivo podemos sacar del lobby que estás haciendo en Estados Unidos?

Cuando Victoria y yo decidimos emprender este viaje de advocacy (incidencia política), lo hicimos porque nos dimos cuenta que dentro de Nicaragua no había muchas posibilidades de seguir denunciando. Uno va a la CPDH (Consejo Permanente de Derechos Humanos) y al Cenidh (Centro Nicaragüense de Derechos Humanos) y te das cuenta que ellos mismos están siendo perseguidos. En la Fiscalía tampoco se podía hacer nada. Con nuestros abogados nos dimos cuenta que una forma de llamar la atención de esto que estaba invisibilizado era comenzar este viaje de advocacy. 

Le estamos contando al mundo a través de diferentes plataformas lo que se está viviendo en Nicaragua. Es muy difícil poner el tema de Nicaragua en la agenda, porque ocurren muchas cosas. Nuestras denuncias han ayudado para que la comunidad internacional vuelva a poner una visión humanitaria a lo que vive Nicaragua. 

¿No temen que estas acciones que han emprendido tenga una repercusión en la vida de sus esposos? 

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Todo es un riesgo. Como estamos ahora, viendo a nuestros familiares incomunicados, lo único que podemos hacer es gritar para que nos ayuden a liberarlos porque de lo contrario el régimen está dispuesto a hacer lo que él quiere. No oyen ni siquiera los llamados de los organismo de los derechos humanos. No tenemos otra opción que pedir ayuda como sea. 

— Se habla de un diálogo y es probable que Ortega los use como moneda de cambio, ¿ustedes apoyaría ese diálogo?

Hay que separar las cosas. Los presos son políticos, mucho de ellos son dirigentes de organizaciones de sociedad civil, pero hemos pasado a otro tipo de escenario. No estamos en un contexto electoral, ahora estamos en un escenario en el que se trata de proteger la vida de estas personas que están secuestradas. En ese sentido, como esposa te puedo decir que nosotros lo que demandamos es la liberación incondicional y restitución de todos los derechos y garantías de nuestros familiares.

Esto debe preceder a cualquier otra acción que se ha sugerido para salir de la crisis en la que vive el país. Nadie quisiera ver a los familiares como fichas de cambio porque me parece que es despojarlos de su dignidad. Ponernos a nosotros en esa situación es una falta de empatía y una violación a nuestros derechos, porque nadie quiere ver a sus familiares en esas circunstancias. Yo creo que no se puede hablar de diálogo con el régimen mientras haya personas presas políticas, técnicamente secuestradas y sufriendo de incomunicación durante periodos prolongados. Esto debería ser una de las precondiciones mínimas para avanzar en acciones para salir de la crisis en la que está el país.

— ¿Qué rol ha tenido en la misión de advocacy el trabajo de Jared Genser, un abogado con un currículo impresionante en la defensa de presos políticos a nivel internacional?

Lo más importante de esta experiencia es el hecho de contar con Jared, que ha sido un alivio porque hemos tenido guías para entender qué posibilidad hay para realizar advocacy, cuáles son los organismos a los que se debe presentar los casos, y cómo se debe realizar la defensa internacional. Cuando secuestran a tu esposo uno queda en shock, yo como familia sabía que existía la posibilidad, pero cuando llega el momento es un shock. Esta defensa ha ayudado a visibilizar sus historias y poner un toque humano a la crisis que vive el país. Jared nos ha permitido ir a las personas indicadas para contar nuestras historias. Nos hemos encontrado que muchas personas, tomadores de decisión, conocen que en Nicaragua hay presos políticos, pero cuando Victoria les cuenta que 40 policías se llevaron a Juan Sebastián Chamorro cambia el panorama. 

Victoria Cárdena y Berta Valle reunidas con el secretario general de la OEA, Luis Almagro, en julio de 2021. Cortesía / D505

— ¿Cómo hacen para costear a un abogado de esta envergadura?

El trabajo que hace es pro-bono. Jared es amigo de Félix y hay gastos de oficina que se tienen que cubrir, en ese sentido, afortunadamente, hemos contado con la solidaridad de amigos. Tanto Victoria como yo hemos pedido donaciones, la red de Juan Sebastián y Félix nos han apoyado también. Muchos de los compañeros de Félix de la Universidad de Harvard nos han ayudado. Ni Victoria ni yo teníamos los recursos para hacer esto posible. 

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¿Cuál es la perspectiva que tiene Jared sobre los presos políticos? Desde su experiencia, ¿qué puede decir sobre si será difícil la liberación?

Lo que nos explica él es que cuando uno está bajo regímenes autoritarios, como el caso del régimen de Daniel Ortega, no es tarea fácil. Siempre los dictadores van a imponerse a través de la violencia, de las armas, y a través de hacer su voluntad. Lo que Jared explica es que es muy importante seguir demandando el respeto de los derechos humanos de los presos políticos. En algo que Jared insiste es en el tema de la unidad, cuando tenemos las voces diversas al unísono es más probable que seamos escuchados.

— Hablabas de la unidad, algo que no se logró en 2021. Los focos de oposición siguen sin concretar una unidad que permita definir una estrategia para enfrentar al régimen. ¿Ves más difícil eso? 

El régimen no permitió consumar la unidad porque una muestra que se buscó es la carta que firmaron los precandidatos para a un candidato único. En mayo, cuando se estaba a punto de lograr la unidad el régimen empieza a encarcelar. Si se le hubiese permitido a la oposición dar el paso, la unidad se habría conseguido. 

— Pero el hecho de que doña Kitty Monterrey haya inscrito su alianza electoral sin la Coalición no es una muestra de unidad…

Imaginemos que hubiera habido un partido político que aglutina a todos (los grupos de oposición), el pueblo hubiera decidido. Había muchos roces, pero es porque el ecosistema electoral no estaba permitiendo la unidad. Más que de la voluntad de la oposición de unirse, había una influencia del régimen para que no se lograra. Tenemos que comprender que hay diversidad y que es difícil dejar a un lado las diferencias ideológicas. Fue un tema más de forma y de quién asume los liderazgos. Ahora la oposición sigue en conversaciones y han llegado al consenso de que se deben liberar a los presos políticos. Yo espero, como familiar de un preso político, que pongamos primero la humanidad de las personas que están sufriendo, la dignidad, antes de cualquier otro interés. El tiempo avanza y estas personas pierden sus vidas en la cárcel. Es momento de pensar en el sufrimiento y no  cómo se distribuyen las cuotas de poder. 

— El régimen decapitó a la oposición y no vemos que alcen cabeza. Si Jared dice que es importante la unidad, ¿qué mensaje le mandás vos a los grupos opositores?

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Estamos enfocados en nuestro tema de presos políticos, hemos dejado que los actores políticos tomen sus decisiones. Nos enteramos que hay conflicto y uno quisiera que las cosas fueran rápido, pero hemos dejado que ellos se encarguen de eso.

— ¿Y como familiares de presos políticos qué llamado le hacés al sector privado? El silencio es cómplice, también. 

Los empresarios tomaron sus decisiones basados en sus intereses y lo que consideraban que era lo mejor para el país. He hablado con varios empresarios y lo que me dicen es que al final ellos aportan a la estabilidad del país, para que no se desmorone todo, generando empleo. Quizá nosotros como ciudadanía no lo veamos así. Yo le dije a un grupo empresarial que la crisis en el país se iba a ahondar y las pérdidas van a ser iguales. Lo que yo le digo a los empresarios es que veamos la humanidad de los nicaragüenses. 

— ¿Creés que ellos puedan incidir para que cambie al menos la situación de los presos políticos?

Si el presidente del Cosep (Consejo Superior de la Empresa Privada) está preso, el nivel de influencia que tiene la empresa es mínima. Estamos en un régimen autoritario. Nosotros como familiares hemos pedido apoyo a la Cruz Roja, al Nuncio, a miembros de la empresa privada, pero hay una orden que viene desde los Ortega y Murillo. Aunque la empresa privada quisiera hacer algo por los presos, no puede. Muestra de ello es que tenemos al gerente de un banco preso, al presidente del Cosep. 

— ¿Y cómo valorás el rol de la OEA? No parece ser muy efectiva en tres años de crisis.

Creo en el marco institucional, en el Derecho Internacional, la OEA es necesaria para la gobernanza, para fortalecernos. La intención que hay es muy positiva y necesaria, sin embargo para el caso de Nicaragua la OEA y sus mecanismos no han sido lo suficientemente efectivos. Esto se trata de voluntades de los Estados, y por eso mismo es que se promueve la democracia, la OEA no puede imponerse. La respuesta se ha vuelto tardía, y la OEA no ha tomado una medida contundente como la suspensión de Nicaragua. Lo hubiese hecho desde hace bastante, pero ha dejado la posibilidad de dialogar con el Estado de Nicaragua. Al final el régimen se fue (de la OEA), y hace caso omiso a cualquier llamado de la OEA. Se necesitaba y se necesita mucha más acción. Y la región se ha mostrado sin ánimo de tomar acciones contundentes en contra del régimen.

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—¿Creés que las cosas cambien?

Esperaría que cambien. Tenemos que poner primero la vida de las personas. Están saliendo miles de nicaragüenses al exilio, y cerrar Nicaragua implica pérdidas millonarias para la región. ¿Qué país está dispuesto a romper con Nicaragua cuando sabés que eso puede causar efectos negativos en el país? El tema de los derechos humanos debería ser la prioridad. Si eso no es importante para la comunidad internacional, debería de replantearse los discursos que defiende.

Nota del Editor: Berta Valle menciona en esta entrevista, realizada a mediados de diciembre, que la última vez que la hermana de Félix Maradiaga lo vio fue el 15 de noviembre, pero el régimen permitió otra visita el 31 de diciembre de 2021, como lo informamos en DESPACHO 505.