Los empresarios instaron al régimen a comprar petróleo a precios bajos y almacenarlo, lo que supondrían disminuir la tarifa eléctrica entre un 40% y 50% del valor actual.

MANAGUA — Varias cámaras empresariales de Nicaragua han llamado al régimen de Daniel Ortega a realizar ajustes al precio de la energía eléctrica ante la caída de los valores del petróleo, y así darle una bocanada de aliento a una raquítica economía, impactada por la crisis sociopolítica y ahora por la pandemia de coronavirus.

 “La grave situación de la economía nicaragüense amerita una atención prioritaria, con medidas de mitigación en uno de los elementos más importantes en la vida diaria, el servicio de energía eléctrica, servicio de interés nacional”, dijeron seis gremiales que forman parte del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep).

Esta semana el precio del petróleo cerró en negativo y ahora el barril se cotiza en torno a los US$20.

Considerando esto, los empresarios demandaron al régimen ajustar los precios de la energía eléctrica en función de la evolución y tendencia de los precios del petróleo.

“El precio de la energía eléctrica debido a la disminución del petróleo WTI al 17 de abril 2020 debería ser un 15%-20% menor; es decir, debemos regresar al menos al precio que teníamos antes del año 2018”, señalaron.

Por otro lado, sugirieron evaluar la ventaja de comprar y almacenar a la brevedad los derivados del petróleo para generación eléctrica y aprovechar el precio bajo y aplicarlo en la tarifa en los próximos meses de 2020.

“Esta es una medida que contribuirá a disminuir el precio de la energía eléctrica entre un 40% y 50% del valor actual”, indicaron en un comunicado firmado por la Cámara Nacional de Turismo, la Asociación de Productores y Exportadores, Cámara de Industrias de Nicaragua, Cámara Comercio y Servicios de Nicaragua, el Instituto Nicaragüense de Desarrollo, y la Asociación Nicaragüense de Formuladores y Distribuidores de Agroquímicos.

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De acuerdo con lo planteado por las gremiales, en 2019 el incremento del precio de la energía eléctrica fue de alrededor del 20%, lo que impactó negativamente a la ya debilitada economía de Nicaragua, principalmente a “todos los sectores productivos del país, pero sobre todo al sector domiciliar al cual se le agregó la disminución de los subsidios”.

“Los incrementos constantes en la tarifa provocan afectaciones negativas en la competitividad del país, en la producción, en la agregación de valor, en las exportaciones y en el empleo. Los incrementos y la falta de información de las previsiones tarifarias afectan desde luego, la atracción de nuevas inversiones, tanto nacionales como externas”, plantearon.

Recordaron además que Nicaragua ha sobresalido por sus tarifas eléctricas altas y por la falta de transparencia en los costos que las definen.

“No hay transparencias en las alzas de 2019 pero, sobre todo, no hay perspectivas de disminución, sin publicaciones en tiempo, y respecto al pago del servicio, sin suspensiones temporales de pagos y sin pagos diferidos ante la difícil situación agravada por la pandemia”, protestaron los empresarios.

Los empresarios pidieron al régimen apoyar a los sectores productivos y al turismo, especialmente a la pequeña y mediana producción y al consumidor domiciliar, y “priorizando una reducción de la tarifa eléctrica aún mayor para estos sectores que son los más afectados”.

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Eso junto con otras medidas aliviarán temporalmente los pagos por energía, de modo que se podría preservar el empleo generado por las pymes.

El lunes pasado el precio de barril de referencia para Nicaragua, el West Texas Intermediate (WTI), se desplomó en un 305% y llegó a costar -37.63 dólares para entrega en mayo.

El precio en negativo significó que el costo de un barril de crudo perdió todo su valor por lo que los vendedores en vez de cobrar, pagaron por deshacerse de él ante una alta producción y una baja demanda provocada por la paralización económica global.

Un economista de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides) explicó que el desplome es una buena noticia para un país importador neto de petróleo, pero más allá de eso, ve con preocupación el hecho histórico, pues es una muestra de la contracción de la demanda de crudo a nivel mundial, y que a la vez es un síntoma de la recesión económica que se avizora para 2020.

“Lo que se ha observado es que la relación entre la caída en el precio del petróleo y la contracción en los precios de los derivados del petróleo, que son lo que entran en la función de costo del sistema productivo, no es uno a uno. No es de esperar que la caída en el precio del petróleo sea igual en Nicaragua con los derivados, aunque sí debería reflejarse alguna contracción”, planteó el técnico.

Este desplome tendrá peores consecuencias para la economía nicaragüense, que ya lleva dos años de recesión. En 2019 la actividad económica en el país cayó 3.9%, según el Banco Central de Nicaragua (BCN), aunque Funides estimó una contracción de 5.4%. Y para 2020, el Banco Mundial proyecta una caída de 4.3%.

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La Cepal se ha sumado a otros organismos económicos y financieros que proyectan una fuerte caída de la economía para 2020. Su estimación es que el PIB se contraerá 5.9%.

Para América Central, la Cepal proyecta una contracción de 2,3%, afectada por la caída en el turismo y la reducción de la actividad de Estados Unidos, su principal socio comercial y fuente de remesas.

Nicaragua tiene la peor proyección y es el país con mayor afectación. De acuerdo con el informe del organismo de las Naciones Unidas todas las naciones centroamericanas registrarán contracciones: Costa Rica -3.6%, El Salvador -3%, Honduras -2.8%, Panamá -2% y Guatemala -1.3%.

Recientemente el Banco Mundial apuntó que los últimos dos años en Nicaragua han estado marcados por una profunda recesión en medio de una crisis sociopolítica. La inversión y el consumo cayeron bruscamente debido a la consolidación fiscal, la crisis crediticia y la confianza erosionada. La pandemia de coronavirus ha empeorado el escenario económico para el país.

“Se prevé que la recesión se profundice en 2020 debido al brote de Covid-19, deteniendo aún más el progreso logrado en la reducción de la pobreza desde 2005 debido a las grandes contracciones de empleo en sectores intensivos en mano de obra y el estancamiento de los salarios”, dice.

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