Las caricaturas incisivas son el reflejo de las emociones de Pedro Molina (Px Molina). En ellas plasma su sentir, pero a la vez, dice, “son la voz de quienes no tienen voz”. Su labor de vigilancia y crítica al poder lo hicieron merecedor del reconocimiento a la Excelencia Periodista 2021, que otorga la Fundación Gabo, en cuya acta destacan su labor como “aguda y creativa”. 

Treinta años después, el caricaturista PX Molina vive su segundo exilio, no por ello ha sido un “trajín más fácil”, al contrario, le ha obligado a pensar en cada cuanto tiempo se verá obligado a exiliarse. ¿Seguirán compartiendo todos sus exilios el mismo nombre: Daniel Ortega? En entrevista con DESPACHO 505, el caricaturista del medio digital Confidencial valora lo difícil que es ejercer el periodismo en Nicaragua bajo el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Desde tu perspectiva como caricaturista, ¿cuál es tu valoración sobre lo que ha vivido el periodismo independiente de Nicaragua este 2021 que recién terminó? 

Los periodistas que vivieron el periodismo de catacumbas, a finales de la década del 70, probablemente te dirán que esa fue una de las épocas más difíciles. Yo que estoy viviendo en estos tiempos, te diré que después de 2018, el 2021 ha sido uno de los más difíciles para el periodismo en Nicaragua. La intimidación, obstrucción de información y el número de periodistas en el exilio han marcado un precedente para quienes elegimos ejercer esta profesión. Empezamos el año (2021) con la aprobación de leyes represivas y citación de colegas ante la Fiscalía que dejaron entrever que nos enfrentaríamos a unos de los años más complicados para la libertad de prensa del país.

A nivel personal, ¿cuál ha sido el mayor costo?

Sin duda el exilio. El peso emocional es enorme. No solo es el hecho de verte forzado a abandonar tu patria, sino enfrentar la dura realidad que eso conlleva, como la posibilidad de no volver a ver a seres queridos. Decir adiós pensando que va a ser temporal, sin saber que podría ser la última vez, o no saber cuándo vas a volver. En mi primer exilio, perdí a seres queridos, que jamás volví a ver, ojalá no tenga que pasar por la misma situación ahora. Aunque ya he perdido amigos y colegas.

¿Cómo ha sido este segundo exilio en comparación con el primero?

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Aunque ya tenía una idea de como podría ser este trajín no significa que sea más fácil. Al contrario, me obliga a preguntarme: ¿cada cuánto tiempo me voy a estar exiliando?, ¿voy a estar exiliándome cada 30 años? Para el próximo exilio ya no voy a tener las mismas fuerzas. (sonríe). Los dos exilios me han marcado, ambos tienen un nombre en común: Daniel Ortega. En mi primer exilio en Guatemala, era un niño, ahora soy un profesional que se vio forzado a salir del país con mi familia por la profesión que elegí. Nadie debería pagar un precio tan alto por informar, preguntar, fiscalizar. Para nosotros los periodistas nicaragüenses las opciones han sido: cárcel, persecución, difamación, censura o el exilio.

¿Cómo ha marcado ese conjunto de sentimientos tu trabajo?

Mi trabajo me da la oportunidad de expresarme sin miedo a ser juzgado por lo que digo, pienso o siento. Como caricaturista puedo darme el lujo de hablar y conectar con la gente de manera diferente, a través del dibujo. Aunque, lo que hago no debería ser considerado un lujo, sino un derecho. El derecho de expresarnos libremente, que la dictadura nos intenta arrebatar.

¿Como tu trabajo contribuye a promover ese derecho de libre expresión?

La ventaja de trabajar en el área de opinión es que tenés la libertad de canalizar tus emociones. A través de las caricaturas, puedo expresar o al menos intento expresar el sentir del pueblo. Los nicaragüenses esperan ver reflejado ese sentir popular en mis caricaturas. Con mis caricaturas puedo decirle a los Ortega- Murillo, lo que los nicaragüenses quieren decir y no pueden. No solo está implícita mi visión como profesional, sino también mi voz como ciudadano, así que trato de ejercer mi profesión con responsabilidad. 

¿Cómo es ese proceso de canalizar emociones  a través de imágenes?

A veces la gente dice “cómo hace este maje para adivinar”. No adivino, es que al final somos iguales. Yo soy un ciudadano más, lo que a ustedes les encachimba, me encachimba a mí. No somos distintos. No soy especial, la misma angustia, desesperación e ira que el pueblo siente ante las injusticias, yo las comparto.

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¿Ese malestar  te ha convertido más abierto a brindar entrevistas y hablar sobre lo que sucede en Nicaragua? 

En mis más de 25 años de carrera eran raras y contadas las entrevistas que daba porque lo mío es el dibujo, es ahí donde me siento cómodo. A raíz de los eventos de abril de 2018, el recrudecimiento de la censura, el cierre de medios de comunicación, el exilio de miles de nicaragüenses y el aumento de presos políticos, me di cuenta de que no podía ser indiferente ante esas situaciones y tomé la responsabilidad como ciudadano y profesional de compartir lo que estaba pasando en Nicaragua. Eso es lo que puedo aportar y es otra forma de conectar con el pueblo.

¿Cómo ha sido esa nueva faceta?

Tu pregunta me hace recordar a un colega uruguayo, que un día de estos me preguntaba que si la situación en Nicaragua volviera a la normalidad como me iba a sentir, porqué mi trabajo iba a perder cierta relevancia. A lo cual le respondí, si ese es el precio que tengo que pagar por volver a ver a mi país y vivir en democracia, estoy dispuesto a pagarlo. Trabajé en la década del 90 en un país en democracia y el trabajo de los caricaturistas fue relevante y a mi no me da miedo eso. Nuestro trabajo se lo debemos al pueblo. Por ahora siento que mi deber como ciudadano y profesional es exponer lo que está pasando en Nicaragua, en los diferentes espacios que me inviten, para hablar sobre el tema. 

¿Cuál considerás que es el desafío de los periodistas independientes del país?

Hay que seguir puliéndonos más, ser prudentes y valientes, pero también actuar con inteligencia, sopesando todos los escenarios posibles. A veces en el ejercicio de nuestra profesión creemos que lo que hacemos no tiene valor. No somos conscientes del hecho de que la dictadura nos haya convertido en su principal enemigo, significa que nuestro trabajo es valioso, por tanto debemos seguir en resistencia, informando, denunciando y fiscalizando a quienes están en el poder. 

Fotografía tomadas de Confidencial y Fundación Gabo

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