Estados Unidos juega y jugará un papel muy importante en la política del presente y el futuro de Nicaragua. Es nuestro principal socio comercial, es el vecino más influyente del Caribe y del Hemisferio Occidental, y su posición será decisiva para construir un estado democrático e impulsar un desarrollo económico-social en la era post-Ortega.

¿Qué está haciendo la Coalición Nacional para prepararse ante los posibles escenarios de las elecciones presidenciales en EE.UU.? Hasta hoy, no sabemos si existen alguna estrategia o al menos reflexiones serias sobre el tema. Es probable que no las haya habido hasta ahora.

Los representantes de la Coalición Nacional ante Washington y su equipo deben conocer muy bien lo que pasa y preparar estrategias y respuestas ante lo que suceda el martes 3 de noviembre próximo.

El mal manejo de la pandemia de la Covid-19 por la administración del presidente Donald Trump le está pasando ya la factura al mandatario republicano. También se le critica por sus pobres actuaciones en asuntos raciales. Todas las encuestas de firmas especializadas y de los principales medios de Estados Unidos muestran una significativa desventaja del mandatario respecto a Joe Biden, exvicepresidente y candidato virtual a la presidencia por el Partido Demócrata. En la mayoría de ellas, Biden aventaja por diez puntos o más – ¡dos dígitos! – a Trump. El demócrata está tomando ventaja en los llamados “estados bisagra” o “swing states”, como Florida, Wisconsin, Arizona, Colorado, Pensilvania, Nevada y que tienen una influencia decisiva en la elección.

Esto llevó incluso a Trump a sugerir el retraso de las elecciones apoyándose en temores sobre el sistema de votación por correo; una propuesta que es tan inaudita y absolutamente inesperada de parte de un presidente estadounidense que concitó el rechazo generalizado de toda la clase política – incluyendo a los republicanos con el líder del Senado Mitch McConnell a la cabeza -, los medios y figuras intelectuales. Hasta el tradicionalmente favorable The Wall Street Journal editorializó en un tono negativo sobre la idea del mandatario.

Si el curso de la pandemia sigue de modo tan terrible en Estados Unidos – cerca de 4 millones 668 mil contagios, casi 155 mil muertes hasta el 3 de agosto -, será prácticamente imposible para Trump recuperarse; no obstante, la gran fecha está a tres meses, toda una eternidad en política. Sin embargo, hoy su barco tiene fuertes vientos en contra.

TRUMP Y NICARAGUA

Hacia la dictadura de Daniel Ortega, la administración de Trump ha tomado una posición dura y clara. Estados Unidos reclama la investigación y justicia por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante los operativos de represión de las pacíficas protestas ciudadanas de 2018, la restitución del estado de derecho y las libertades constitucionales conculcadas, el cese de la represión y la libertad de los prisioneros políticos, el fin de la represión a la prensa independiente, y una transición democrática pacífica que pasa por la celebración de elecciones libres en Nicaragua. Washington requiere la salida de Daniel Ortega y su familia del poder. El Departamento del Tesoro ha impuesto sanciones sobre la vicepresidenta Rosario Murillo, tres hijos de la pareja

gobernante, y varios funcionarios señalados de corrupción y violaciones a los derechos humanos así como sobre la Policía; son estas sanciones que significan una muerte financiera de hecho. La postura de Washington ha llevado al aislamiento regional e internacional, invitando a acciones de la Unión Europea y la comunidad democrática internacional, y al cierre de fuentes de financiamiento. El régimen orteguista es prácticamente un paria en una búsqueda desesperada de legitimidad perdida y de fondos frescos.

La actual política exterior estadounidense está muy influenciada por sectores conservadores del establishment republicano, tradicionales críticos de las dictaduras continentales – Cuba, Venezuela y Nicaragua-. Un gobierno democrático, elecciones, libertades, respeto a los derechos humanos son importantes valores en la política exterior de los EE.UU. Sabemos muy bien la postura de los republicanos hacia Nicaragua y Centroamérica. ¿Qué pasaría si ganan Joe Biden y los demócratas? Hay razones para la cautela y otras para el optimismo.

¿Y SI GANAN LOS DEMÓCRATAS?

Biden fue el vicepresidente de Barack Obama. En su política latinoamericana, la Casa Blanca de Obama siguió el camino de una convivencia pragmática con estos regímenes. El presidente Obama rompió con más de medio siglo de costumbre y estableció las relaciones diplomáticas con Cuba, haciendo una visita histórica a La Habana. Aunque criticó a Venezuela y hubo relaciones tensas, no hubo el grado de belicosidad que caracteriza hoy estas relaciones con Caracas. Y Washington toleró de hecho a Ortega – aunque sí hubo críticas – y su sistemática destrucción de la democracia, a cambio de su contribución a la lucha contra el narcotráfico, el tráfico de ilegales y el respeto a los intereses de las inversiones estadounidenses dentro del marco del DR-Cafta.

No sabemos cuál será la política de un presidente Biden desde enero de 2021. Sin embargo, el precedente de las políticas de Obama nos da solo una idea. Sin embargo, no se puede afirmar de que Biden seguirá la misma línea automáticamente.

Pese a la incertidumbre alrededor de una futura política demócrata para América Latina, hay razón para el optimismo para la causa democrática de Nicaragua. Las resoluciones del ejecutivo y del Congreso, las condenas a la represión y a los crímenes atroces, y las sanciones para individuos del régimen cuentan con apoyo bipartidista. Es impensable creer que una administración demócrata va a condonar los atropellos del orteguismo.

La Coalición Nacional debe comenzar de inmediato a vislumbrar diferentes escenarios del resultado de las elecciones norteamericanas, a pensar en estrategias y tácticas, y debe cultivar relaciones con congresistas de ambos partidos, mantener contactos con la administración Trump y cultivar relaciones con el equipo de campaña de Biden.

* El autor es periodista y analista de asuntos Asia-Pacífico.

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