Jessenia García en una ilustración. J. G. / DESPACHO 505

A Jessenia García la encontraron asesinada en un camino, cerca de la casa de unos amigos, el 26 de abril de 2016. Tenía en su cuerpo moretones y rasguños. Pese a eso, las autoridades forenses y policiales desistieron de iniciar un proceso de investigación.

Han pasado cuatro* años de aquel crimen y Olimpia García, su mamá, sigue pidiendo justicia. En aquel momento, la única respuesta que recibió, después de  tanto exigir a la Policía una explicación,  es que  su hija había fallecido de cirrosis.  Nunca recibió un dictamen forense del  Instituto de Medicina Legal (IML) que respaldara esa versión y los agentes solo le recomendaron que se resignara.

“Mi hija no padecía de nada, nunca dio señales de estar enferma, su muerte fue repentina y muy extraña, hasta la fecha sigo teniendo muchas dudas”, dice la madre, que vive en el barrio Selim Shible, en el Distrito Cuatro de Managua.

La señora tiene la certeza de que los moretones que Jessenia tenía en el cuello fueron hechos por otra persona. También le pareció extraño que la ropa interior de su hija estuviera enrollada, pero su sospecha de un intento de abuso sexual tampoco fue escuchada.


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“Una señora que no conozco me vino a avisar del crimen, la Policía no abrió una investigación profunda, entrevistaron a los supuestos amigos de mi hija, pero no pasó a más, yo sé que hubo mano criminal, sus moretones tenían la forma de la palma de una mano”, narra entre lágrimas.

A pesar del tiempo, Olimpia, de 56 años, siente el dolor a flor de piel: “Mi herida no sana, trato de ser fuerte porque soy cristiana y busco a Dios, pero es duro saber que no hubo justicia”.

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La señora se suma a otras madres que no encuentran justicia en Nicaragua. Ella no confía en las autoridades porque en ese momento no le dieron el apoyo que necesitaba, aun viendo las lesiones en su cuerpo y sabiendo que la mujer dejaba a una menor en la orfandad.

“Ahorita tiene ocho años mi nietecita, quedó pequeña, yo estoy a cargo de ella, su papá es como que no existe,  la he sacado adelante palmeando tortillas,  hago un poquito (de dinero),  pero es muy duro para ambas. Se pone triste, no me gusta hablar del caso de mi hija delante de ella, es muy fuerte, trato de hacerla una niña feliz”, confía.

Olimpia, al no ver interés en las autoridades por el crimen contra su hija,  no tuvo más opción que encomendar el caso a Dios. Se resignó a no encontrar justicia.  “Le dije en una oración que si alguien le había hecho daño a mi hija, Él se encargará de hacer justicia, porque terrenal no había”, lamenta.

Luego del asesinato de Jessenia, una vecina del lugar donde encontraron el cuerpo le confió que escuchó comentar a los hombres que esa noche acompañaban a la joven que irían a dejar el cuerpo al lago de Managua, pero que no les dio tiempo.

“La organización Católicas por el Derecho a Decidir me brindó acompañamiento en varias ocasiones para ir a la Policía. Ya hasta perdí la cuenta de las veces que íbamos, era inversión de tiempo y de recursos, que eran limitados. Exigimos el dictamen de mi hija, pero no lo daban. Una tarde  nos llamaron para decirnos que por situaciones (el dictamen) no iba a llegar a nuestras manos, nunca pudimos tenerlo, fue un acto inconsciente”, denuncia.

La única información que pudieron conseguir, dice, son relatos de vecinos. “El lugar donde estaba Jessenia era un camino feo, no entraba vehículo,  era en el anexo de La Primavera,  ya la última parte,  el día de la muerte de mi hija los vecinos escucharon bulla, y de repente los jóvenes hicieron el drama, aduciendo que encontraron el cuerpo sin vida, la Policía no hizo una investigación completa, todo fue superficial”, recuerda.

Olimpia sostiene que el caso de su hija es uno de los cientos de femicidios impunes que hay en Nicaragua, y que se dan porque las autoridades deciden no investigar. En su mente repasa los hechos, las marcas de violencia que los agentes se negaron a ver como un indicio que debía ser investigado a fondo, a pesar de su insistencia.  Le parece insólito, no lo procesa: “Si el cuerpo tiene un golpe y  rasguños, quiere decir que mi hija luchó, para  decir que fue una cirrosis, tenía que haber pasado un  proceso de enfermedad, de tratamiento, ellos dijeron lo primero que se les ocurrió”.

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Olimpia, es una más de la lista de personas que no reciben apoyo de las autoridades. En su corazón hay un profundo dolor que el tiempo no ha sanado, piensa que quizás la transparencia en el caso le hubiese dado un poco de paz.

“Al menos uno sabe que los causantes están pagando,  pero es duro solo imaginar que andan libres, mi hija bajo tierra y mi nieta sufriendo por la falta de su madre, por eso cuando escucho hablar de leyes y justicia no opino nada, porque la justicia en este país solo se aplica para quienes tienen algún tipo de influencia, pero pareja no es”, reprocha.