Mientras gobierne la tiranía, no habrá paz ni prosperidad. Ortega es el problema que tenemos que resolver y eso solo se arregla con unión, no con división.

Por favor, no nos enredemos ni perdamos el Norte. Aquí el problema es la dictadura del 198 y a esta tiranía tenemos que vencerla. Acabarla democráticamente mediante elecciones, previas reformas electorales que aseguren que no se las robarán.

Que no se nos olvide quién mandó a asesinar a jóvenes y niños; a quién le debemos tantos presos y exiliados, ni quién está matando económicamente al pueblo con más impuestos. Los presos son prioridad, no vamos a dejarlos dentro de las celdas a cambio de alguna concesión.

Mucho andamos hablando y escribiendo de los hermanos azul y blanco, y poco del mal mayor que tiene fregado al país. ¿Ya se fijaron cuánto subió el precio del aceite de cocinar? El 198 les clavó a los nicaragüenses, el incremento de impuestos más brutal de la historia reciente. Para los afortunados que tienen casa, vean cómo les subió este año el IBI (Impuesto de Bienes Inmuebles).

Pero mientras el 198 desangra a la población, ahí nos estamos ocupando de temas que a la gente le interesan poco. Unidad es lo que piden y que se acabe esta crisis.

Mientras gobierne la tiranía, no habrá paz ni prosperidad. Daniel Ortega es el problema que tenemos que resolver y eso solo se arregla con unión, no con división.

¿Criticar? Por supuesto. Debemos ser incluyentes, cuidar más a nuestros colegas de lucha y ser autocríticos con el propósito de mejorar. Pero por favor, no denigremos ni agarremos a pedradas al primero que se nos ponga enfrente con algún error, una frase mal puesta o por su pasado lejano.

Recordemos abril y a quien teníamos al lado, sin preguntarle de dónde venía o como pensaba. Si está en contra del 198, está de nuestro lado y no lo desechemos porque no nos gustó lo que dijo o la camisa que se puso hace 35, 15 o 5 años.

Concentrémonos en la tarea pendiente, que es complicada pero factible. Ellos son los emproblemados. Sus jefes, una pareja que no se conecta con la realidad; y los “históricos” una triste historia de abandono. Ya ni sus hijos creen en ellos. Gobiernan a punta de violencia, de culatazos que ni el policía quiere dar. Pero si se sale, lo truenan.

Ahí van marchando uno por uno, al sepelio en el Palacio Nacional. “Pasando a otro plano de vida”, prefieren decir porque les da terror la muerte, que los va dejando cada vez más solos y vulnerables. Porque de la pelona nadie se salva. El de ellos es un partido muerto, sostenido por una disciplina borreguil y despreciable. Es el vejestorio andando. Están listos y servidos porque la inmensa mayoría los rechaza, y repudia a esa caricatura que surgió del proyecto revolucionario y se transformó en una burda dictadura familiar.

La ruta está clara, la brújula nos enseña. No perdamos el Norte.

Nota: El presente artículo es responsabilidad exclusiva de su autor. La sección Voces es una contribución al debate público sobre temas  que nos afectan como sociedad. Lo planteado en el contenido no representa la visión de Despacho 505 o la de su línea editorial.

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