Gato Encerrado

Cuando el femicida se mata: “No siente culpa, sella su dominio”

¿Qué lleva a un femicida a quitarse la vida después de matar a una mujer? Defensoras sostienen que no es un acto de arrepentimiento, mucho menos de amor o culpa.

Por Adriana Gutiérrez para GATO ENCERRADO | 30-09-20

Carla María Duarte sabía que Edgar Antonio Meneses iba a matarla.  Luego de más de 7 años de sufrir violencia física, amenazas de muerte e intento de asesinato lo denunció, pero la misma justicia que en enero de 2019 determinó que el hombre era una amenaza y merecía cárcel, actuó en su contra. Edgard, de 40 años, estaba sentenciado a cuatro años de prisión y el 13 de mayo del presente año fue incluido en un listado de reos comunes beneficiados con régimen de convivencia familiar, solo había pagado 15 meses de pena. 

Lo que Carla más temía se cumplió el 15 de junio dentro de su vivienda, en la comunidad de Tepalón, Malacatoya. Sin decir palabra, treinta y dos días después de ser indultado, Edgar sacó un arma calibre 22 y disparó dos veces contra Carla. Era maestra, tenía 36 años y dos hijos de 6 y 7 años que procreó con su asesino. 

Edgard se suicidó.

En lo que va de 2020,  cinco autores de feminicidios se quitaron la vida, dos más que en el mismo periodo de 2019. 

¿Pero, por qué se suicida un femicida? Especialistas interpretan este acto como la máxima expresión del desprecio hacia la vida y del dominio que el hombre machista cree tener sobre la mujer.  

"Para un hombre machista no tiene sentido vivir si ya no puede controlar a la mujer, no les importa nada: ni los hijos, ni la familia que queda destrozada", expresa Martha Flores, directora de Católicas por el Derechos a Decidir al explicar que no debe interpretarse como un acto de arrepentimiento o de desesperación por la culpa.

NI LOCO, NI ENFERMO: MATA POR MACHISTA

María Teresa Blandón, socióloga y máster en Género y Desarrollo, parte por aclarar que los femicidas no están locos, ni padecen de algún tipo de trastorno mental. "Son hombres comunes y corrientes que trabajan, tienen familia, pareja, que tienen sexo, gente como cualquier otra, el problema es que estos han sido severamente más influenciados por la cultura machista".

Tampoco todos los hombres son influenciados de la misma manera, por eso es que no todos asesinan, explica. "No es lo mismo tener a un hombre acosador que hay muchos, o un hombre controlador, que casi todos lo son, que ser femicida”. 

Al femicida lo define como un hombre que considera a las mujeres sujetos  inferiores que se deben subordinar a su voluntad. “Hombres que no han sido educados para respetar a las mujeres y su deseo. Tampoco fueron educados para establecer relaciones basadas en tolerancia, diálogo, entender que la otra persona no se encuentra a su servicio", explica.

El machista tiene una necesidad compulsiva de afirmar su poder sobre alguien y elige a la mujer, resume. 

"Concentran su afán de poder, control y dominio  sobre la mujer con la que viven, o la hermana, la novia, la amante, la esposa o la misma madre, las mujeres que están cerca de él son las más fáciles de dominar  y cuando esta se revela,  ya no quiere subordinarse más, protesta, el machista recurre al último paso de la violencia, que es la femicidio", agrega.

El pasado 12 de abril Róger Salinas Pérez (45) fue hasta la vivienda de Juana Mercedes Cárcamo (36 años) en Ciudad Sandino, Managua,  a pedirle que regresaran. Cuatro años de violencia psicológica, golpes y amenazas de muerte habían sido suficientes para ella. No iba a ceder. Róger sacó el arma con la que ejercía como vigilante, alterado agredió al padre y hermano de Juana y la siguió hasta la calle. La mató de un balazo y se suicidó, vecinos grabaron con la cámara de un celular el momento en que se puso el arma en la sien y se desplomó.

Léster Joel Juárez Treminio es otro femicida suicida del 2020. El 2 de agosto recorrió 174 kilómetros desde Ciudad Darío hasta Rivas, para asesinar a Martha Eloísa Ruíz Vílchez, cuando se encontraba en su puesto de tortillas, en el sector que conduce a La Conchagua. El sujeto sacó el arma, le realizó tres disparos y luego se disparó en la cabeza.

 

MATAN PARA “NO PERDER” 

La psicóloga clínica Andrea Pomares explica que un femicida, como desprecia la vida y cree tener tener superioridad sobre la mujer, cuando asesina reafirma su dominio. Es equivalente a decir "esto era mío".

"Estos sujetos le quitan el valor humano a su pareja, es decir, ya no te ven como una persona, no aceptan que la mujer tiene derechos, que reclama si algo no le parece; ellos te miran como objeto, por eso cometen el delito. Al matar, se justifican diciendo:  ‘porque era mía, porque yo tengo derecho sobre ella’", sustenta Pomares.

De acuerdo con la especialista, el machista se vuelve más peligroso cuando siente que pierde. Quien sufre violencia -dice- debe estar alerta ante “los detonantes de su agresividad, que es patológica en este tipo de personas. La mayoría de estos (signos de alerta) surgen cuando se sienten amenazados, por ejemplo: la mujer toma la decisión de irse de la casa o de abandonarlo, de dejarlo, esto puede ser un detonante, el machista siente que le están quitando algo”, apunta.

NO ES CULPA, EVADEN JUSTICIA 

María Teresa Blandón apunta que la evasión de la justicia está de por medio en el acto suicida de un machista. 

“La voy a matar y como no estoy dispuesto a pagar  ante la justicia y tampoco me importa vivir porque el último acto que yo quería hacer es matarla, entonces me quitó la vida”, razona.

Los agresores justifican su violencia, acusando a las mujeres de sus desdichas, porque jamás asumen responsabilidades, agrega la experta.

Óscar Acuña, especialista en procesos de masculinidad, coincide en que los hombres se suicidan porque al terminar con la vida de la mujer hay una pérdida del sentido del objeto femenino, y en otros caso, lo hacen para evadir la jsticia.

“En general, los hombres que matan a mujeres en algún momento tuvieron ganas de hacerlo por no poder controlarla. Cuando una mujer decide dejar a un hombre, el hombre se siente agredido porque su poder ya no es reconocido, y manifiestan ese poder asesinando”, plantea Acuña. 

Los femicidios, agrega, son una manifestación del machismo. “Y cuando asesinan, pierden el sentido de la vida que para ellos era perseguir ese objeto y cuando el objeto ya no está qué sentido tiene vivir. A esta mujer ya no la puede dominar, ya no la puedo acosar, por eso muchos hombres prefieren suicidarse”, señala. 

En Waslala, Caribe Norte, Alyeris Yalaneysi García López también fue asesinada por un hombre del que se separó. Alcides Jarquín Ordóñez planeó que ese 2 de julio ella y él no vivirían más y la justificación de su acto lo dejó plasmado en papel. Ella no quiso seguir la relación y él lo interpretó como   “abandono”. La culpó: “Perdónenme hijos por lo que hice. Los desilusioné al dejarlos sin padres, pero yo le juré  a su mamá (que) si me hacía lo que me hizo (separarse) eso sería el fin  y lo buscó. Me duele pero  dejaré de sufrir y ella también”, escribió en hoja encontrada junto a su cadáver.

Roger José García Ballesteros (57) es otro ejemplo. Se ahorcó luego de asesinar a Carmen Reyes (40), el 31 de agosto en la comunidad Saguatepe, Boaco. La policía lo declaró prófugo hasta que fue encontrado muerto por sus familiares, tres días después.

Que un femicida se mate es un acto deliberado, no por impulso, sino que este pensó, concibió la idea: “Voy a matar a esta mujer porque me ha traicionado, porque ya no merece vivir, porque yo lo decidí”, afirma Blandón.

La psicóloga Andrea Pomares encuentra, además, una forma de escapar a la recriminación social y familiar. Al suicidarse evita la cárcel y dar cuentas por su acto a hijos y familiares, indica.

 

DEMOSTRACIÓN DE DEPENDENCIA 

El femicida que se mata admite que tenía una dependencia hacia esa mujer. "Admite que a esa mujer que mató, que aprendió a despreciar y a quien le terminó quitando la vida, a esa mujer que controlaba, maltrataba y dominaba era una mujer de la cual dependía, por un lado este hombre desprecia, domina,  pero por otro demuestra su incapacidad de gestionar su propia vida", recalca Blandón.

Así mismo, aclara que el femicida empieza su recorrido mucho antes de nacer. "La trayectoria está en la familia, en la comunidad, en lo que ese hombre aprendió y lo hizo de muchos lugares, incluso, los medios de comunicación, por eso es que es grave que emitan mensajes machistas, porque esto autoriza a los machistas a despreciar a las mujeres", subraya.

LOS FEMICIDIOS NO SON ALGO CIRCUNSTANCIAL 

La violencia machista cobra relevancia este 2020. Un acumulado de 58 mujeres asesinadas, entre ellas 17 niñas y adolescentes, ha hecho a la sociedad centrar su mirada en un mal que en los últimos 10 años ha dejado 478 mujeres asesinadas, según Católicas por el Derecho a Decidir que lleva registros desde 2012.

Martha Flores miembro de esa organización observa un retroceso en los esfuerzos por reducir la violencia machista en Nicaragua. Es resultado del predominio de modelos de crianza que ubican a la mujer como un sujeto inferior al hombre, derivado de la falta de políticas públicas para atender el problema de manera estructural, desde la educación, a través de campañas permanentes de sensibilización y fortaleciendo todos los mecanismos de protección a las víctimas de violencia. 

En Nicaragua, observa desprotección institucional y alto grado de impunidad. No llevar a los tribunales al machista o liberarlo antes de cumplir su pena equivale a decirle: “podés matar y asesinar y arrebatarle la vida a las mujeres”, critica.

El arraigo del machismo en la sociedad está detrás de ese aumento de asesinatos contra mujeres y niñas que causa tanta alarma, que si bien se  deriva de otros tipos de violencia no se tratan adecuadamente ni de forma oportuna, obviando que “la violencia puede ir en escalada hasta terminar en un desenlace fatal", refuerza la psicóloga clínica Andrea Pomares.

En muchos casos existen antecedentes de denuncias no atendidas o finalizadas con acuerdos entre las partes. 

MEDIAR ES FIRMAR UN ACTA DE MUERTE

En las cifras oficiales disponibles hay constancia de lo que refieren las expertas. El 80% de las denuncias contra hombres por violencia interpuestas ante las Comisarías de Mujer fueron “resueltas” con mediación, según registros de febrero a agosto de 2020 de la Policía.

El informe de resultados de la denominada “Campaña mujeres por la vida” sobre la atención a las denuncias de violencia gestionadas a través de las recién reactivadas Comisarías de la Mujer detalla que en los seis meses reportados atendieron 7,900 casos, de los cuales 6,320 terminaron con un acuerdo entre partes. 

"Cuando una mujer denuncia es porque ya tocó fondo, pero cuando su denuncia termina con la mediación ella lleva las mayores desventajas, nunca estará en igualdad. Ella y él pueden firmar, pero eso no garantiza que ese hombre no va a cumplir su objetivo. No se puede firmar un acta de muerte", enfatiza Flores.

La figura de la mediación se incorporó en la Ley 779, Ley Integral contra la Violencia hacia las Mujeres el 25 de septiembre de 2013, como forma de resolución para casos de violencia considerados "leves". 

“¿Tenemos derecho nosotros a negarle a una mujer la oportunidad de restablecer la unidad familiar, aunque sea una en cien?”, preguntó en plenario el diputado Edwin Castro al defender el apoyo de la bancada sandinista a la reforma que organizaciones feministas criticaron por considerarla permisiva para el agresor.

Con la reforma al artículo 46, que fue aprobada con los votos de 83 diputados ante la Asamblea Nacional, se abrió la puerta para que los delitos con penas menores a cinco años se “arreglen” entre las partes.

Es decir, acusaciones por violencia física con lesiones “leves”, violencia psicológica,  patrimonial o económica, así como amenazas o intimidación contra la mujer, sustracción de hijos, violencia laboral, entre otros.

“La mediación en los delitos menos graves, procederá únicamente ante el Fiscal de la causa o ante el Juez, una vez iniciado el proceso. La mediación sólo será admisible cuando el acusado presente constancia de no tener antecedentes penales de los delitos relativos a la presente ley. La mediación sólo procederá por una única vez, cuando exista identidad de sujetos y conductas delictivas descritas en la presente ley”, quedó establecido en la Ley 779.

Hasta agosto de 2020, las autoridades nacionales reconocían la ocurrencia de 11 femicidios en el país, mientras las organizaciones de mujeres llevaban más de 40 en sus registros, cantidad que para mediados de septiembre ha aumentado a 58, según Católicas por Derecho a Decidir.