El 13 de junio pasado, a las 2:00 de la tarde, Hugo Torres, el veterano general retirado dijo que Daniel Ortega estaba a punto de hacer algo que Anastasio Somoza no pudo contra él: ponerlo tras la rejas.

Torres de 73 años, no era, ni es un opositor cualquiera. Él mismo le echó en cara a Ortega que arriesgó su pellejo para sacarlo de la cárcel en tiempos en que el ahora dictador estaba del lado de los buenos y empuñó armas contra otra dictadura familiar en la Nicaragua del siglo pasado.

Pero a Ortega no le importó eso. Lo echó preso. Y eso dejó en muchos sandinistas inconformes con el orteguismo, un sabor a traición.  Ahora Torres es parte de una lista de personajes que alguna vez le dieron la mano a Ortega y recibieron de él “una mordida” trapera.

Para nadie es un secreto que, en el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), existe un código no escrito sobre las traiciones: se puede pagar por ellas hasta con la vida. Dionisio Marenco, elex alcalde de Managua, lo explicó claramente el 21 noviembre de 2007.  “Rosario Murillo me acusó de traidor, y las traiciones en el FSLN son como condenas de muerte”, dijo para explicar por qué en esa época reforzó su seguridad personal.

El general en retiro, Hugo Torres, ahora un preso político. Cortesía

El fallecido Marenco se opuso a que Ortega y Murillo le echaran mano a las cuentas de Alcaldía como lo hacen ahora, mal gastando sus fondos en monumentos y parques mientras en cada invierno la ciudad entera flota con inundaciones, por citar uno de sus males.

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Pero, ¿es Ortega un traidor? “Claro, ha traicionado los ideales revolucionarios, maneja al Frente Sandinista como su patrimonio, de él y su mujer”, dice un militante indignado que por obvias razones pide no ser identificado. Como muchos, unos en silencio y otros a todo pulmón, como Marlon Sáenz, mejor conocido en las filas sandinistas como el “Chino Enoc”, critican los malos manejos que el otrora dirigente de izquierda hace del partido.  El “Chino Enoc” llegó a decir hace ocho días, que los militantes históricos solo esperan la muerte de Ortega para ajustar cuentas con Murillo.

Amargas lecciones y un ex magistrado arrepentido                  

Cuando Rafael Solís dijo que se arrepentía de haberle dado vueltas al tornillo que mantiene a Ortega en el poder con una sentencia que lo habilitó reelegirse hasta la muerte, era difícil imaginar que era el mismo exmagistrado que un día confesó que él estaba en la Corte Suprema de Justicia (CSJ) para defender los intereses del FSLN.  

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La declaración de lealtad la dijo Solís en 2010 y nueve años más tarde, lo lamentó. Si alguien hacía méritos para que Ortega oyera sus consejos durante la crisis de abril de 2018 era Solís; 21 años como magistrado de la Suprema Corte, 43 militando para el partido sandinista y padrino de bodas de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Pero Ortega lo ignoró. No lo quiso ni atender, ni lo llamó. Y ahora lo tiene en su lista negra, por lo que el exmagistrado vive en el exilio, donde paga el costo de haberle servido al guerrillero devenido en dictador.

Muchos que compartieron mesa con Ortega ahora viven el exilio, otros en un silencio forzado y por supuesto, hay quienes están en la cárcel como el general Torres. Dora María Téllez, la valiente comandante Dos de la legendaria toma del Palacio Nacional, cuya fama supera a mil su estatura humana, también fue secuestrada y encarcelada por órdenes del dictador y su segunda Murillo en un junio negro para las libertades de este país. Téllez también fue compañera de armas del dictador, como lo fue Victor Hugo Tinoco, otro excompañero de guerrilla.           

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Hubo un tiempo en que José Adán Aguerri, defendió en nombre de los empresarios de Nicaragua lo bien que se llevaban con Daniel Ortega. Decía que el presidente los oía y juntos, el Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) y él, echaban a andar una economía que aparentemente corría sobre ruedas. Pero pasó algo en el camino y Aguerri hoy 31 de diciembre, cumple 206 días preso. Ortega ordenó su caza y arresto bajo el delito de traicionar a la patria.    

“Asunto de conveniencia”  

Para el analista Oscar René Vargas, la lista de políticos que fueron amigos de Ortega y que terminaron mal, es larga y puede crecer más porque el dictador no parece interesado en “golpear el timón”, al contrario, la forma en que organizó las elecciones de noviembre deja claro que está dispuesto a todo para mantenerse en el poder.      

  

La comandante guerrillera Dora María Téllez. Cortesía

¿Han sido malos negociadores?, ¿han confiado de más en Ortega? Vargas no lo cree.  “Estemos claros de que Ortega, mantiene sus alianzas en la medida que le conviene, si llegan a expresar una opinión divergente simplemente los aparta, tan sencillo como eso”, explica.

Harold Rivas puede ser una prueba del punto de vista de Vargas. Rivas es hermano del expresidente del Tribunal Electoral (CSE) Roberto Rivas, separado de su cargo tras ser sancionado este último por Estados Unidos al aportar al desprestigio de ese poder del Estado con la organización de elecciones a la medida de Ortega. Harold Rivas pasó casi diez años en la embajada de Managua en San José Costa Rica. De repente, Ortega lo despidió, como despidió a su hermano en CSE. Ortega se volvió alérgico a los Rivas de la noche a la mañana.  

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Pero Rivas, el exembajador, decidió en un junio del año pasado sacarse la espinita de Ortega y se lanzó contra su régimen. Lo acusó de confundir la pandemia con la politiquería. Dijo que la pareja que gobernaba al país ocultaba mortandades por Covid -19 y rechazó que, en abril de 2018, haya habido algún intento de golpe de Estado en Nicaragua. Uno de los Rivas respondía así a la mala paga de Ortega.   

“En políticas las oportunidades y las fidelidades suelen confundirse. Hay gente que ve oportunidades y pagan con fidelidades y después estas se pagan con premios y castigos. Así pasa con este Gobierno, así pasa con Ortega”, explica un analista que pide expresarse en anonimato.

Las cuentas de Ortega no son las mismas de los socios  

Guillermo Osorno, quizás es el político que más caro pagó el resultado de las votaciones del 7 de noviembre pasado. La oposición verdadera ya lo había perdido todo: se quedó sin partido, sin candidatos y sin votantes. Pero Osorno quiso entrar al juego de Ortega y pese a salir mejor parado que los otros partidos llamados opositores al obtener 3.30% de votos -el tercero más votado- no solo se quedó sin nada, sino que le quitaron otras prebendas que como aliado de Ortega había conseguido. El régimen mandó cerrarle un canal televisión religioso y una estación de radio, apenas tres días después de hacerle reclamos a su exsocio de la Unida Nicaragua Triunfa, la alianza a la que perteneció en otras elecciones y que lideraba el partido sandinista.

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“Es que hay gente que (en esas elecciones) creían tener la fuerza suficiente para evitar que fueran descartados, sobrevaloraron sus fuerzas y el otro (Ortega) aprovechó sus debilidades y los terminó eliminando”, reflexiona Vargas. Para el analista, el régimen estaba claro que enfrentaba elecciones en condiciones muy complejas y no quiso correr ningún riesgo.       

Ello explica porque Ortega arrebató partidos como el Partido Liberal Constitucionalista, PLC; que lo dejó en manos de una facción contraria a su líder eterno Arnoldo Alemán. Alemán fue el mejor socio que ha tenido Ortega en política, “el opositor” que le allanó su retorno al poder en 2008, con negociaciones que quebrantaron la institucionalidad del país.

Daniel Ortega y Rafael Solís, el 31 de agosto del 2008. Foto tomada La Prensa.

Con todo y eso, Alemán no solo recibió una estocada de Ortega al dejarlo sin partido, le arrebató también la diputación de su esposa María Fernanda Flores y hasta la mandó enjaular en su casa, al ordenar para ella casa por cárcel.  Pero Ortega no solo supo herir de muerte a los partidos que utilizó, también decapitó a otros. Hizo rodar la cabeza de Ciudadanos por la Libertad (CxL) de Kitty Monterrey, por ejemplo, a quien muchos culparon de entorpecer la unidad de la oposición para enfrentar a Ortega. Aunque nunca se pudo probar, muchos vieron entendimiento entre CxL y Ortega. Al final, su destino fue el mismo de los demás. Pereció.        

Someterse o sufrir

El ex diputado Eliseo Núñez, no le da muchas vueltas al asunto. Explica que quienes han recibido malos pagos de Ortega, olvidaron la clase de político que es. “Ortega es un vicioso del poder y no va a dejar espacio para nada, ni nadie”, advierte.

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Este analista cree que Ortega no entiende de alianzas o amistades, para él el tema es de sometimiento. “Te sometés a él o sos enemigo”, dice. Núñez va más allá. “Él solo cree en el sometimiento. O estas sometido o estas en la acera de enfrente, para él es así”, agrega.

Núñez agrega que Ortega actúa como alguien sin escrúpulos. “Lo que hace, lo veo más como de matonería, eso es no tener escrúpulos, contar con una Policía que echa presos, jueces que inventan delitos solo para retener el poder, es no tener escrúpulos”, asegura.