Si alguien pudo graficar fielmente lo que los católicos sintieron al ver arder la imagen de la Sangre de Cristo en la Catedral de Managua, fue Monseñor Rolando Álvarez, obispo de la diócesis de Estelí: “Es una herida grave”, dijo.  

El 31 de julio de hace dos años, la Catedral de Managua, dejó de ser lo que era. Uno de sus tesoros más preciados, con 382 años de historia y centenares de milagros atribuidos desde la fe católica, se volvía cenizas, hierro torcido y vidrios reventados.

Los investigadores del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo dijeron que se trató de un incendio involuntario provocado por un extraño juego de químicos gaseosos estimulados por el calor de una veladora, como lo había anticipado la vocera Rosario Murillo en sus canales de televisión, minutos antes de concluir la investigación policial.     

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Pero las autoridades de la iglesia y sus seguidores, lo ven como el acto terrorista más perverso, pensado y ejecutado por operadores del régimen. “El ataque buscaba intimidar a los sacerdotes”, dice un creyente católico. “Pero no ha sucedido, los pastores siguen denunciando los abusos y las injusticias”, agrega.

LO QUE VINO DESPUÉS DE LA QUEMA

La investigadora nicaragüense Martha Molina, quien recopiló unas 190 agresiones contra la iglesia Católica nicaragüense, sus obispos, sacerdotes, seminaristas, religiosas y laicos, desde el 2018 hasta mayo de este año, dijo que las agresiones han crecido exponencialmente.

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Sangre de Cristo

“Las agresiones continúan”, dice Molina. “Y no se detendrán, más bien empeoran de la peor manera”, reitera. Molina recuerda que en la actualidad dos sacerdotes se encuentran en las cárceles y enjuiciados por delitos comunes, en casos en los que es visible las maniobras políticas contra los religiosos.

“Sin llegar a ser encontrados culpables en juicios que debieron llevarse apegados a derecho, lo que vemos es saña, fallas en el debido proceso y manipulación mediática”, aseguró un abogado de Managua que pide no ser identificado por temor a la represalia de la dictadura.

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“Las agresiones continúan y van a continuar porque la Iglesia decidió decir la verdad, los obispos no están haciendo trabajo político partidario, ni apoyan a algún político opositor, solamente denuncian las injusticias”, señalan Molina por su lado.

A LOS PIES DEL CRISTO CALCINADO

La Capilla de la Sangre de Cristo se mantiene sin acceso al público hasta hoy, pero los creyentes pueden visitarla y ver la imagen quemada desde donde antes fue la puerta de acceso. Doña Beatriz Campo no ha dejado de visitarla para pedir “por sus milagros”.

“Su imagen ha sufrido con nosotros, que siga en pie es muestra de cuán firme está también nuestra fe”, dice. Señala que desde que tiene conciencia sabe “del poder de la imagen”.  “Ahí está ella (la imagen) y aquí estamos nosotros creyendo en su preciosa sangre”, agrega.

Said Ruiz, rector de Catedral de Managua, dice que la Iglesia mantiene la esperanza de lograr su restauración, aunque para los creyentes y los religiosos, lo que pasó con la imagen no ha disminuido la fe.

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“Eso está intacto, la fe del pueblo está intacta, nuestra fe está fortalecida, la imagen está en nuestros corazones y nuestra mente y  aunque quieran borrarla de nosotros no podrán, es como la fe. Vemos que así calcinada la gente viene a rezar, a llorar, a dar gracias, porque nuestra fe está intacta”, agrega el religioso.  

DICTADURA, SIN PIEDAD

Para Molina, al orteguismo no le ha caído en gracia que los obispos y sacerdotes hayan tomado la decisión de denunciar sus abusos. “A la iglesia no hay nada que criticarle, nada que reprocharle. No importa cuánto inventen contra ella y los religiosos, se han ganado el aprecio de todo un pueblo”, comenta la investigadora.

Sangre de Cristo
El rostro calcinado de la imagen de la Sangre de Cristo.

Molina asegura que la persecución de los sacerdotes, los cierres de sus canales de televisión, y organizaciones con las que ayudaban a la gente, son parte de una amenaza que el régimen Ortega-Murillo hizo cuando en la Asamblea Nacional sus diputados, anunciaron la criminalización de los religiosos al aprobar en mayo pasado, un informe en el que acusa a la Iglesia de participar en un “intento de golpe de Estado”.

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“Lo que pasó con la imagen de la Sangre de Cristo los creyentes lo ven como un sacrilegio, uno de los más terribles en Nicaragua,  pero en Derecho Penal, es un acto terrorista”, sentencia Molina.