No me queda duda de que millones de nicaragüenses saludaron en su corazón, con alegría y esperanza, la conformación de la Coalición Nacional para enfrentar al nefasto régimen políticamente y restaurar la democracia y la decencia en la vida pública.

Debo decir que no me preocupé mucho cuando supe que apenas unos días después de su conformación y en las semanas subsiguientes, hubo escaramuzas, amagos y pugnas pequeñas de diversos actores dentro de la organización, y una lluvia de críticas que continúa. Algunos ven luchas intestinas de poder por el control. Salidas, reclamos, dedos alzados. Ningún actor activo parece estar completamente satisfecho.

Estos amagos, amarres, desamarres y pequeños actos subidos de tono – reflejos de la mezquindad del alma humana y de la fragmentación y la inmadurez criolla- son parte natural de ese gran teatro que es la política.

Por otro lado, creo que aún hay tiempo para terminar de conformar la coalición y superar las divisiones, de adoptar un programa de gobierno democrático y de desarrollo del país que atraiga a la mayoría de los ciudadanos, y para elegir al mejor candidato posible para enfrentar al dictador Daniel Ortega. Faltan 15 meses hasta el día de las elecciones (que en sí están rodeadas de una gran incertidumbre); un tiempo que en política equivale a contar el tiempo desde la desaparición de los dinosaurios (hace 66 millones de años) hasta hoy. Muchos cosas pueden suceder.

ACTOS QUE NO PUEDEN OBVIARSE

Sin embargo, veo signos preocupantes. Desglosaré uno por uno los que percibo.

  • La inflexibilidad y obcecación del Partido Ciudadanos por la Libertad y su jefa, la Sra. Kitty Monterrey, que reclama purezas ideológico-éticas y muestra su asco por la idea de sentarse en una mesa con los disidentes sandinistas, pero no tendría problemas con tolerar la presencia incómoda del PLC, un partido corrupto y zancudo. La inflexibilidad ideológica está bien para filósofos, no para quienes juegan en la política.
  • Las entradas y salidas de la UNAB y la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, y las divisiones internas que han hecho a algunas secciones separarse.
  • Se acusa al sector empresarial de intentar imponer un veto de hecho sobre las decisiones y los temas más importantes. Creo que no existe hoy un peligro de que radicales peligrosos quieran y puedan imponer un régimen radical neo-marxista que suprima la propiedad privada en la era postorteguismo. Y si los hubiese, no tendrían la fuerza suficiente ni los medios. ¿A qué temen los grandes empresarios? El gran capital deberá jugar un papel crucial en la nueva Nicaragua, pues solo por una economía de mercado podrá crearse prosperidad y desarrollo. Ya no hay lugar para estatismos fracasados socialistas.
  • Creo que ha sido un error aceptar sin condiciones al PLC en la Coalición Nacional. Es un partido corrupto y zancudo, un partido pactista que le hace el juego al régimen de Daniel Ortega, sigue mamando tetas y que aún está dominado por un líder corrupto y desprestigiado que fue cómplice de la destrucción de la democracia. Temo mucho que el PLC lleva un doble juego y podría ser un caballo de Troya de la dictadura para sembrar la cizaña de la división. ¿De qué sirve su estructura nacional – su baza de negociación – si sus intenciones son deshonestas? Debe dejársele salir o expulsarlo.
  • Tengo enormes dudas de Yatama. Por muchos años ha sido un aliado del juego político excluyente y deshonesto del FSLN en el Caribe. Sus dirigentes han demostrado mucho oportunismo. También podría ser un caballito de Troya.
  • No se ve aún a un líder fuerte, popular, carismático y con gran autoridad que logre reunir tantos vigores dispersos. Pienso que la CN deberá organizar primarias para elegir al candidato presidencial y su acompañante, a cuando menos un número importante de candidatos a la Asamblea Nacional y a alcaldes; no deben surgir de “dedazos” ni de encerronas de los líderes. Es temprano aún, designar a uno ahora lo expondrá a un desgaste prematuro. Hay que calcular el momento preciso.
  • La exclusión de los jóvenes y del movimiento campesino. Esto no solo es una enorme injusticia y un abuso inaudito; es una inmensa estupidez política. Por sus méritos y su inmensa contribución al levantamiento cívico de abril de 2018, ambos sectores merecen su lugar y un porcentaje importante de votos dentro de la mesa de la CN. Su exclusión o su salida de la unidad le quitará legitimidad política y autoridad a la oposición.
  • Hay enormes desafíos por delante: acordar un programa para la nación, trabajar alianzas internacionales, buscar fondos, prepararse para la campaña y crear una red de activistas y fiscales en todo el país. Desunidos, no se logrará.

Son condiciones sine qua non para ir a las elecciones: una reforma electoral que permita a alianzas civiles presentar candidatos, renovar por completo el CSE, restablecer las libertades públicas como las de prensa y de reunión, liberar a todos los presos políticos, obtener garantías creíbles del retorno seguro de los exiliados y una observación internacional significativa.

Y si todo esto se lograra – un asunto dudoso hoy -, de nada sirve sin la unidad. Con todos esos pleitos mezquinos y risibles, el poder y sus huestes seguirán frotándose las manos con enfermizo placer.

*El autor es periodista y analista de asuntos Asia-Pacífico.

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