Sucedió en las elecciones de 2016, en aquel entonces  los cinco aspirantes presidenciales juntos no alcanzaban ni el 15%  de la intención de votos del electorado. Cinco años después, el fantasma de la “farsa electoral” y  los partidos zancudos resurge. 

Una jugada política, en el que el dictador Ortega se ha vuelto experto, y que  entre sus bases resuena alto y claro: “divide y vencerás”.  Es así como los partidos “opositores” han empezado su carrera de cara a la elecciones de noviembre 2021, con aspirantes que carecen de liderazgo y un solo nombre conocido, José Daniel Ortega Saavedra, el eterno candidato de 76 años, que desde hace cuarenta años se ha involucrado en la política nicaragüense.  

A diferencia de las elecciones de noviembre de 2016, esta vez el dictador se preocupó poco por congraciarse con el electorado y menos de brindar a la comunidad internacional la seguridad de que los nicaragüenses participarían en un proceso electoral legítimo.  Al contrario, el “gallo ennavajado” sacó las espuelas y ordenó  el arresto de sus principales  oponentes por “traidores a la patria”, bajo la polémica Ley de Defensa de la Soberanía y la Autodeterminación para la Paz, que le dejaba  el camino libre, para postularse como Presidente, en el que sería su cuarto mandato consecutivo en el poder. 

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Con el fantasma de los partidos zancudos, rondando a los candidatos a la presidencia de 2021, la  presidenta de Ciudadanos por la Libertad (CXL) Kitty Monterrey, se apresuraba a defender a los postulantes, el excontra  Óscar Sobalvarro y a la ex Miss Nicaragua 2017, Berenice Quezada,  aduciendo: “Estos candidatos no se van a convertir en zancudos, somos la oposición”, refutaba Monterrey,  una aseveración  bastante cuestionable si tenemos en cuenta que Ortega tiene el control absoluto del Consejo Supremo Electoral y en reiteradas ocasiones Monterrey, ha sido acusada de fracturar la  unidad de la oposición, la cual jamás se concretó. 

Al final la oposición, que surgió a raíz de las protestas de abril, se ha quedad con  sus principales líderes detenidos, y lo que quedó de la Alianza Ciudadanos por la Libertad terminó eligiendo a los candidatos al “dedazo”, y como bien dijo Monterrey  “porque no querían que Ortega diga que la oposición no quiso participar”,  lo que termina convirtiendo a los actuales aspirantes  presidenciales, en los candidatos  perfectos para formar  parte de un show, con resultados predecibles.

Por su parte el Partido Liberal Constitucionalista (PLC), intenta recuperar la confianza del electorado, que aún no olvida los escándalos de corrupción protagonizados, por su exlíder, el ex presidente Arnoldo Alemán, quien en 1999 pactó con Ortega, y redujo el número de votos necesarios para ganar la Presidencia, así Ortega se alzaría en el poder en las elecciones de 2006, con tan solo el 38% de los votos. 

Con este oscuro pasado a cuestas, el PLC intentará con la fórmula de Milton Arcia y  María Dolores Moncada, conquistar el voto de los nicaragüenses en noviembre próximo.  

Para completar el espectáculo, los partidos Alianza por la República (APRE),  Alianza Liberal Nicaragüense (ALN) y el Partido Liberal Independiente (PLI) también inscribieron a sus candidatos para la elecciones de 2021, la mayoría de ellos,  rostros desconocidos por la mayoría de la población y ninguno con un Plan de Gobierno.

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Al contrario, algunos han afirmado hechos poco creíbles, como  Mauricio Urúe, quien aseguró  las elecciones ya están siendo observadas, pero lo cierto es que el CSE no ha aceptado la vigilancia internacional. El magistrado CSE, Cairo Amador expresó  que aún no se decide si el país permitirá dicha participación. 
En respuesta a este circo electoral, los nicaragüenses reaccionaron a través de la redes sociales, con memes para ridiculizarlo, que como años anteriores no ofrece ninguna novedad, ni resultados sorpresas, y como bien denunciaba el analista político José Antonio Peraza, antes de ser detenido “no tiene razón de ser, porque no presta ninguna credibilidad..

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