Médicos, abogados, periodistas, profesores y universitarios salieron masivamente del país en 2018. ¿Cuáles son las consecuencias de la fuga de cerebros?

MURCIA — Carla y su mamá Isabel reflejan el perfil migratorio de Nicaragua antes y después de abril de 2018: Su madre, de 50 años y ama de casa, llegó a Madrid hace cuatro años, huyendo de la falta de oportunidades en el segundo país más pobre de América Latina y ella, de 26 años y licenciada en Idiomas, llegó hace menos de 11 meses, huyendo de la represión desatada por Daniel Ortega. “Salimos por razones distintas, yo por la represión  y el miedo por el bebé que estaba esperando”, me dice una noche de primavera.

Carla en realidad no es Carla. Prefiere omitir su nombre real por temor a que las fuerzas represoras del régimen de Daniel Ortega tomen represalias en contra de su hermanos que aún viven en Managua. Al salir de Nicaragua, dejó atrás años de esfuerzos suyos y de su mamá, que por años trabajó como doméstica en España para pagarle una carrera en la Universidad Centroamericana (UCA). “Mi futuro profesional murió cuando salí de Nicaragua”, añade.

El día de la entrevistas con Despacho 505 su mamá y ella hablaron de cómo la crisis social, y ahora económica, truncó los planes de la familia. En las proyecciones estaba que su madre iba a regresar a Nicaragua en 2020, cuando su última hija de 18 años se graduara de sicóloga en la UCA, a montar un negocio con el capital ahorrado. Sin embargo, ahora piensan en traer a España a los demás miembros de la familia.

— ¿Vos pensás quedarte acá en España?

Ve a su hijo de cinco meses , que duerme en un rincón de la casa, y responde.

— Mi hijo nació acá y tendrá mejores oportunidades que en Nicaragua, así que no dudo en quedarme.

Carla en la conversación cuenta las vicisitudes que ha enfrentado en España. A casi un año de haber llegado no ha logrado homologar su título universitario y tampoco ha encontrado un trabajo que se ajuste a su perfil profesional. “Actualmente estoy trabajando en un restaurante de comida latina, los fines de semana con un salario de 400 euros al mes”, comenta.

NUEVOS MIGRANTES

El año pasado el Servicio Jesuita a Migrantes (SJM), de la UCA, presentó el informe “Migración en el contexto de crisis sociopolítica y violación de los derechos humanos en Nicaragua” en el que precisó que Nicaragua vive su cuarta ola migratoria, parecida a la década de 1980. El documento  detalló que quienes huyeron en 2018 no son personas con baja o mediana preparación, sino recursos humanos preparados con potencial de contribución al desarrollo.

Lea Montes, directora de SJM, expone que desde antes de 2018, cuando no había crisis sociopolítica, las personas que viajaban a Estados Unidos, Costa Rica, España  y Panamá, eran desempleados o de sectores humildes que buscaban insertarse en la construcción, el cuido de anciano o los servicios domésticos. “Con la crisis, hay muchos médicos, profesionales, que por su participación en la Rebelión de abril tuvieron que dejar sus medios profesionales y salir huyendo del país porque su vida corría peligro”, dice.

“Esto tendrá un impacto en Nicaragua una vez que se supere la crisis porque los jóvenes que se estaban formando ya no estarán en el país. Y muchos jóvenes que están sacando sus carreras, buscan becas para irse al exterior. Entre más se prolonga la solución a la crisis hay posibilidades que los profesionales ya no regresen, porque cuando llegan a un nuevo país hacen su vida ahí”, advierte.

Álvaro López Espinoza, economista de asuntos sociales de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides) también coincide con el planteamiento de Montes al mencionar que comúnmente la migración de Nicaragua se le conocía como fuga de músculo, porque los nacionales ejercían labores de fuerza, pero en el contexto de la crisis lo que se vio es una fuga de persona con perfil distinto al histórico.

El economista del centro de pensamiento agrega que este fenómeno migratorio tendrá afectaciones en el mercado laboral, principalmente sobre la productividad que tiene el país. Tampoco ve que se detenga la migración, que podría aumentar en  tanto la crisis económica del país se profundice. “De por sí Nicaragua es un país con bajo nivel de educación, entonces que los profesionales se vayan afecta la productividad y la matriz de producción de Nicaragua”.

FUGA DE CEREBRO

La Fundación Arias para la Paz y el Progreso realizó una encuesta entre febrero y marzo de este año y arrojó que el 53% de los exiliados en Costa Rica son profesionales, la gran mayoría jóvenes. “Los exiliados  tienen un nivel académico alto, pues son universitarios o profesionales graduados; este grupo se diferencia de las corrientes migratorias antecedentes que tienen como característica a personas de menor nivel académico”, señala.

La encuesta además señala que para Nicaragua, este dato revela que en el país hay una importante fuga de cerebros que tendrá un efecto perjudicial para el desarrollo a corto y mediano plazo, pues no hay ninguna garantía de que estas personas regresen a establecerse nuevamente. En cambio, para Costa Rica, representa una nueva fuerza laboral de alto nivel; sin embargo, en este momento, esa fuerza laboral de calidad se encuentra desaprovechada.

Hasta 2013, Nicaragua era el país de la región centroamericana que registraba la mayor “fuga de cerebros”, con 139,000 profesionales que emigraron en los últimos 40 años a otros países en busca de mejores oportunidades, de acuerdo con un estudio de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

El panorama laboral para los exiliados en España y Costa Rica es similar. Además del lento proceso migratorio en ambos países, los nicaragüenses ven con dificultad encontrar empleo. Carla, la joven licenciada en idiomas que vive con su madre en España, todas las mañanas de los lunes sale a pegar anuncios en calles y hospitales de Murcia, ofreciéndose para cuidar a ancianos o realizar labores domésticas.  Está a la espera de su permiso de trabajo y quienes la llaman le pagan una miseria.

— Yo no me vine a hacer dinero a España. Opté por sobrevivir de alguna forma acá. Tengo amigos en Costa Rica que la pasan peor, algunos, licenciados como yo,  hasta duermen en la calle.

Compartir: