En la república exsoviética de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, “el último dictador de Europa”, acaba de reelegirse en medio de serias sospechas de fraude, cosechando una supuesta victoria con el 80% de los votos pese a 26 años en el poder, gracias al control de las fuerzas de seguridad, de todos los poderes del estado y a la represión de una oposición debilitada.

¿Te parece conocido, Nicaragua? Ponele ojo que nos interesa. En el espejo de la debilitada y neutralizada oposición bielorrusa debe verse la oposición nicaragüense si no se une a tiempo.

UNA VIEJA ALMA SOVIÉTICA

Alexander Lukashenko, de 65 años, es una especie de Daniel Ortega de la fría Europa del Este.

Es un viejo comunista soviético, un líder populista y autoritario. 26 años al frente de su país le han ganado el mote de “el último dictador de Europa”, como le llama la prensa europea.

Tiene 65 años, fue miembro del Partido Comunista de la Unión Soviética, habiendo comenzado su carrera de aparatchik en los años 80. Bielorrusia era una de las repúblicas soviéticas. Fue el único miembro del Soviet Supremo bielorruso (parlamento) en votar en contra de la disolución de la URSS en 1991; el presidente bielorruso Stanislav Shushkevich firmó, junto a sus colegas Boris Yeltsin y Leonid Kuchma, de Rusia y Ucrania, el histórico acuerdo de Belavezha que puso fin a la URSS. En 1994, Lukashenko hizo campaña electoral con un discurso anticorrupción contra Shushkevich y llegó al poder. Se le vio entonces como un populista sin una clara agenda. Nada más equivocado: tenía su propia agenda, la del poder absoluto. Desde entonces acumuló más y más poder a través de represión, estratagemas políticas y fraudes electorales.

La dictadura de Lukashenko, como su homóloga tropical, controla todos los poderes el Estado, al Ejército y la policía; controla los medios y hostiga y reprime a los periodistas independientes; persigue a la oposición y a cualquier líder que intente levantar la cabeza; hay una corrupción notable cuyos hilos llevan a los círculos gobernantes. El gran líder se cree indispensable y no da señales de querer dejar el poder. No ha hecho nada para dar una respuesta adecuada a la pandemia del coronavirus, diciendo que se cura con vodka y aire fresco. ¿Suena conocido?

¿NOSTALGIA DE LA URSS? VEN A BELARÚS

Para muchos observadores, Belarús parece una tierra donde se detuvo el tiempo, donde pareciera vivirse aún en la Unión Soviética: estatuas de Lenin permanecen en su lugar, así como otros símbolos soviéticos; el servicio secreto se sigue llamando …¡KGB! (sí, aunque Ud. no lo crea); las fuerzas armadas conservan sus estilos e insignias soviéticos (los kepis del generalato son los mismos de los días de la URSS); la economía es en gran medida estatal e ineficiente. Para cualquier turista nostálgico de los tiempos viejos, este país es el lugar a visitar.

Belarús tiene una posición importante, pues tiene fronteras con Rusia, Ucrania, Polonia, Lituania y Letonia (los últimos tres miembros de la Unión Europea). El autócrata de Mínsk tiene una enorme ventaja geopolítica que es la cercanía con Rusia; el apoyo del presidente Vladimir Putin y los subsidios rusos han permitido a la estancada economía bielorrusa sobrevivir. Sin embargo, se habla de serias desavenencias entre Lukashenko y Putin en los últimos tiempos , ya que este desea una unión entre ambos países que, como no es difícil imaginar, significaría la absorción de la pequeña Belarús por la gran Madre Rusia. Lukashenko parece tener miedo del abrazo del oso y ha hecho guiños de ojo a Estados Unidos y la UE para balancear la influencia del Kremlin.

EL FRAUDE DEL 9 DE AGOSTO – LECCIONES PARA NICARAGUA

Las elecciones presidenciales se celebraron el domingo pasado. La comisión electoral, en manos de Lukashenko, lo declaró vencedor con el 80% de votos favorables, mientras la candidata opositora Svetlana Tijanovskaya solo habría recibido menos del 10%, pese a haber inspirado concentraciones masivas por semanas.

Miles se lanzaron a las calles para protestar desde la noche del domingo. Las protestas siguen hoy. La policía ha usado una fuerza desmedida y brutal, usando granadas aturdidoras, municiones reales y de goma, cañones de agua y una lluvia de palos. Para tener una idea la dimensión de todo, los medios internacionales reportaban 3 mil detenidos solo en la noche del domingo.

El régimen ha arrestado a 6 mil personas, informa The Guardian, incluyendo a activistas del equipo de campaña de Tijanovskaya. En un hecho confuso, Tijanosvkaya se ha exiliado en Lituania con sus hijos. Ella se hizo la candidata apenas hace unos meses, cuando el régimen encarceló a su esposo – un famoso youtuber -, impidiendo su carrera. Ayer, una atribulada candidata apareció en un vídeo raro donde llama a los manifestantes a no seguir la protesta y no exponer sus vidas. Sugirió que había recibido una terrible presión. Sus compañeras de campaña dicen que es casi seguro que ha sido chantajeada con amenazas a su familia.

El caso de los comicios bielorrusos permiten obtener varias lecciones para nuestro país:

  • Dejado a su propia voluntad, el dictador no permitirá jamás comicios libres y honestos. Solo las presiones exteriores lo harán ceder. Es imprescindible una observación electoral numerosa y eficiente de instituciones extranjeras;
  • como en Bielorrusia, en Nicaragua el tribunal electoral está dominado por el gobernante y carece de credibilidad;
  • si la oposición de Nicaragua no se organiza a tiempo, si permanece desunida y débil y con estructuras deficientes, va con enorme desventaja ante el aparato político y represivo oficialista que lanzará ataques verbales y físicos;
  • habrá de elegir un candidato popular y respetado y hay que escogerlo en el momento correcto para que haya tiempo de difundir el mensaje y no se desgaste;
  • hay que prever el terrible escenario donde la fórmula única opositora – la mejor opción -, los candidatos, pueden ser arrestados para neutralizarlos. ¿Qué pasa si el régimen, desafiando las presiones internacionales, decide desatar una represión a gran escala y arrestos masivos?;
  • Una importante ventaja para la dictadura de Lukashenko – la vecindad con Rusia – no la disfruta la dictadura de Ortega, un socio menor, no estratégico y lejano de Moscú. Esta tampoco se ha mostrado deseoso de repetir la relación patrón-cliente de la Guerra Fría, además de carecer de los recursos. Ortega no es Bashar Al-Assad y Nicaragua no es Siria, donde se ubica la única base naval rusa del Mediterráneo. Mala suerte. América Latina no tiene la misma importancia que Europa o Asia para Rusia;
  • en cambio, la influencia de Estados Unidos en el hemisferio occidental favorece a la democracia y la lucha cívica del pueblo nicaragüense.

Desde luego, solamente si se cambia por completo el CSE, si hay reformas electorales y se garantiza una observación electoral internacional, podrá la oposición nica concurrir a las elecciones. De otro modo, será una farsa. Nada está aún garantizado.


Alberto Alemán Aguirre es periodista, exeditor de La Prensa, El Nuevo Diario y Metro, analista de asuntos Asia-Pacífico.

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