Mercela Piner, una pobladora de Wawa Bar, Bilwi, narró la noche de este martes el horror provocado por el huracán Eta, en el Caribe Norte de Nicaragua: “Dentro de Wawa no hay casas, solo quedan algunas”. La mujer grabó un audio de WhatsApp a su sobrina Geraldina Boden que se encontraba a más de 520 kilómetros, en Managua, para decirle que “Dios” había salvado a la familia de 12 miembros.

Las fuertes lluvias y los vientos huracanados de más de 240 kilómetros por hora provocaron olas, dicen los comunitarios, que parecían ser de un tsunami. Las familias quedaron sin viviendas. “El viento no se calma”, agregó al filo de las 10:00 p.m. “Hija, tu mamá se quedó solo con la ropa que andaba. No solo ella, sino todo Wawa”, contaba a su sobrina.

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La comunidad de Wawa Bar está a 16 kilómetros de Bilwi, y a dos horas en lancha. La familia de Boden fue rescatada por la Fuerza Naval del Ejército de Nicaragua, que al amanecer de este miércoles continuaba con las labores de rescate. “Toda la gente, hombres, llevaron pangas de la playa y las amarraron a las casas”, narra en su lengua. “Es un gran día triste”, comentó. 

Salvadora Morales, una caribeña que también tiene familiares en Wawa Bar, ha pasado su segunda noche de zozobra. Su familia en esa región del país se ha quedado sin hogar, y no sabe del paradero de un primo que ya ha sido reportado como desaparecido. El miedo los atrapa más cuando los pobladores informan de tres muertes. Las autoridades no brindan información al respecto. 

“Pasé conectada con mi familia las primeras 24 horas del evento e informándoles de cómo iba la trayectoria, si aun no tocaba tierra. Pero en algún momento perdimos comunicación debido a que los teléfonos se descargaron. Estamos contentos que están con vida, pero la pérdida material ha sido enorme, mi tia y mis primos perdieron todo”, asevera Morales. 

José Medrano Coleman, del Centro por la Justicia y Derechos Humanos de la Costa Atlántica de Nicaragua, dijo que la situación es dramática en esa región del país. Hay destrucción, y muchas personas aún están anegadas en sus humildes viviendas. “Veremos los estragos en los próximos días, la situación empeorará”, indicó.

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Coleman denuncia que la respuesta oficial fue tardía. Hay pobladores que no tienen energía eléctrica, mientras las  casas  están destruidas, y aún no llegan efectivos del Ejército de Nicaragua a rescatar a la población más vulnerable. “La lluvia no para”, expresó en tono de alerta. “A los comunitarios e indígenas les cuesta tener su casa, y el Estado no auxilia”.

Este líder comunitario da fe de la destrucción provocada por Eta, pero advierte que no sabe del impacto en comunidades más lejanos. “Vivimos en incertidumbre, porque nadie ha ido a visitarlas”. 

Lo peor no se ha visto, concluye.

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