Si hay algo que defiende a cabalidad Luis Fley es su franqueza al plantear que la crisis nicaragüense no tiene visos de resolverse. Lo dice por varias razones, entre ellas, la falta de consenso de la oposición por lograr la unidad y la experiencia de enfrentarse a Daniel Ortega en la década de los 80 cuando era el comandante Johnson de la Contra. 

De sus 71 años, 40 ha sido un férreo opositor a Ortega, su viejo enemigo ideológico, aunque en entrevista con DESPACHO 505 deja claro que hoy la ideología no debería de ser una traba para lograr la unidad. Desde su exilio en Estados Unidos, donde vive desde 2021,  valora el nulo accionar de las fuerzas de oposición que surgieron a raíz de la crisis sociopolítica de 2018.

Lamenta que la oposición esté tan fragmentada que siga siendo un sueño una unidad opositora que sea capaz de enfrentarse a Daniel Ortega. Fley, exprecandidato presidencial por la Fuerza Democrática Nicaragüenses (FDN), critica fuertemente a las organizaciones de oposición.

“Entre los opositores nadie quiere ser indio, sino solo caciques, lo que está dificultando la unidad entre los opositores, algo que está siendo exigido por la comunidad internacional para poder ayudar a los nicaragüenses que quieren restablecer la democracia en el país”, dice. Pareciera, agrega, que no existe buena fe en formar un solo bloque contra la dictadura.

Según su experiencia, la vía cívica se agota para sacar a Ortega del poder. Y es por eso que plantea la rebelión. “Desde mi óptica la lucha cívica lo que hace favorecer a Daniel Ortega”, “Ortega prefiere ver en taparabos al pueblo y no ceder en su proyecto político totalitario”.

¿Qué valoración hace de las últimas sanciones impuestas por el Tesoro y la advertencia de aplicar restricciones al oro nicaragüense?

Todo lo que es económico le afecta grandemente a la dictadura. Recordemos que cuando le aplicaron sanciones al petróleo, desaparecieron prácticamente todas las gasolineras de la familia. Es un buen golpe, pero no es suficiente.Daniel Ortega lo va a asimilar y no va a cambiar su rumbo. Va a tardar unos seis meses en acomodar la situación.

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¿Y cómo está la oposición actualmente?

Es un tema espinoso porque hay bastantes organizaciones que se arrogan ese nombre, ser opositores. Tenemos la Concertación Nacional, Haydée Castillo, Héctor Medina. Está la Vocería en Unidad, está un señor de nombre Luis Barreto y Jorge Estrada. Estamos nosotros en la Plataforma de la Unidad Democrática, que tiene más de 15 organizaciones. Está Monte Verde, un grupo que salió hace poco en Costa Rica y no sabemos quiénes están detrás. Hay uno en el que anda Francisco Larios, Nicaragüenses Libres. Estamos también tratando de mantener a flote a la Coalición Nacional dentro de Nicaragua, y hay otras organizaciones en Costa Rica que no se mencionan, pero existen. 

Entonces, es una gama de organizaciones que todas dicen representar a la oposición. Haydée Castillo dice que tiene más de 70 organizaciones, Luis Barreto dice que representa a más de 100 organizaciones. Tenemos 13 meses en un esfuerzo por tratar de unirnos y ha sido bien difícil unir a la oposición.

¿Por qué se ha hecho tan difícil?

No hay patriotismo, no hay amor a Nicaragua. Aunque todos digan que el enemigo es Daniel Ortega, que hay que juntarse contra él, la realidad es que a la hora llegada juntarnos todos y sacar una sola representación, porque es urgente, la oposición no tiene unas caras visibles, ya se lo han advertido a los que han ido a Washington, al Departamento de Estado, a los que van a la OEA (Organización de Estados Americanos), a los que van a la Unión Europea (UE), les dicen que tienen que juntarse, que deben de tener interlocutores válidos. Y esta gente, todos, quieren convertirse en interlocutores válidos y a la hora de tocar ese tema, de ponerle una cabeza visible y confiable para los nicaragüenses, nadie quiere ceder su espacio. Todo mundo quiere ser cacique y nadie quiere ser indio. Entonces estamos en eso. Pareciera que no existe buena fe en formar un solo bloque contra la dictadura.

¿Qué más les dicen los organismos internacionales a los opositores?

Han puesto como ejemplo, dicen, ¿qué pasaría si Daniel Ortega se va en una semana?, ¿quién asumiría el control del país? Esas son preguntas que se hacen las personas y las instituciones que quieren apoyar a los nicaragüenses.

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¿Qué responden los opositores ante ese cuestionamiento?

Lo que hace uno es salir al paso con una mentira blanca, prácticamente. Eso es un reto, estamos trabajando en conformar un solo bloque, que eso es lo que se necesita. En realidad, no se avanza como uno quisiera.

¿Qué hace falta?

Debiéramos de desprendernos totalmente de cuestiones ideológicas, no ver hacia el pasado, sino hacia el futuro, pero aquí hay gente que mucho ve hacia el pasado. Mi planteamiento es que saquemos a Daniel Ortega y después cuando ya tengamos las condiciones, hay que ir a unas elecciones y ahí cada quien busca su organización política.

Luis Fley
Luis Fley en entrevista con DESPACHO 505.

¿Sería sacar a Ortega a través de elecciones?

Con la dictadura no se puede ir a elecciones. Ortega está imponiendo su conveniencia para mantenerse en el poder de por vida y heredar el poder a su familia. Yo no veo que en Nicaragua, de la noche a la mañana, Daniel Ortega va a decir: “Bueno, voy a liberar a los prisioneros políticos para que no me estén acusando de maltrato, voy a restablecer las libertades públicas, voy a permitir que se realicen elecciones limpias, libres, y voy a llamar a la Unión Europea, a la OEA, para que vengan a ayudarnos a que se realicen esas elecciones libres y confiables”. Eso no va a pasar con Ortega. Y muchos, de una manera errónea, están diciendo que la salida es electoral y que tenemos que pelear por esa vía hasta que se dé. Pasarán muchos años. Ni que se muera Daniel, porque ahí está la señora de él, doña Rosario, sus hijos.

¿Qué tanto es el nivel de pugnas entre los opositores?

Hay unos que han dicho: “yo ni la patada me junto con los fulanos”. Esa no es una posición patriótica, porque esos fulanos no son Daniel Ortega, son otros nicaragüenses que están luchando también contra la dictadura. A mí no me gustan muchos, desde mi concepción, porque no comparto sus pensamientos políticos, pero ahí estoy resistiendo. Yo los digiero a ellos, aunque ellos no me digieran a mí. Lo hago porque sé que hay un interés superior, que es recuperar nuestra república.

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A los opositores, ¿qué es lo que más les preocupa?

Cada quien tiene su visión. Al FDN (Fuerza Democrática Nicaragüense) nos preocupa que la comunidad internacional, la OEA, con sus resoluciones, recomendaciones, las sanciones, no han hecho cambiar un centímetro a la dictadura. Sigue actuando como que nada ha pasado, ignorando todo lo que sucede y no se ven resultados. Si le quitaron la visa a 100 personas cercanas al régimen Ortega Murillo, no se sabe quiénes son porque no publican los nombres. Uno se pregunta si será cierta esa resolución. 

La OEA no fue capaz de declarar ilegítimo al Gobierno de Nicaragua. Yo no sé qué esperan. Quieren más pruebas, más muertos, quieren más encarcelados, quieren que lleguemos hasta el millón de nicaragüenses fuera del país para que sea suficiente para declarar ilegítimo al régimen de Nicaragua. Vemos que la OEA no tiene la capacidad para tratar con un dictador de la envergadura de Daniel Ortega. Ni la Unión Europea, ahora menos con la situación en Ucrania. Y el dictador Ortega está apoyando descaradamente a la invasión, algo que va contra todos los países del mundo prácticamente, sin ver las consecuencias que eso conlleva. Pero a él le importa poco. Él es un hombre de las cavernas.

¿Cuál es para usted la forma de sacar a la dictadura de Nicaragua?

Yo sostengo y mantengo que debemos recurrir al derecho a la rebelión, que está consignado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la rebelión de los pueblos cuando hay una dictadura déspota como la que tenemos nosotros en Nicaragua. Ahí tenemos mucha contrariedad. Hay unos que están porque hay que esperar que la naturaleza haga su trabajo, que se muera Daniel Ortega. Y si se muere Daniel Ortega, las cosas no van a cambiar. Yo sostengo que debemos de sacar un liderazgo, creíble, confiable y buscar la manera de promover la rebelión del pueblo nicaragüense.

¿A qué se refiere con rebelión?

Desgraciadamente, unos dicen que la rebelión conlleva derramamiento de sangre y tienen razón, porque si el pueblo se levanta la dictadura va a reprimir y eso conlleva derramamiento de sangre. Pero, los nicaragüenses tenemos dos caminos: nos convertimos en esclavos de la dictadura o luchamos por nuestra libertad, utilizando todos los medios a nuestro alcance. Desgraciadamente, cuando yo hago estos planteamientos lo que hacen es acusarme de guerrerista, de vivir del pasado. Pero no, yo conozco a Daniel Ortega, si tengo más de 40 años de estar confrontándolo. Sé que estos tipos no ceden, no van a cambiar.

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¿Quiénes lo cuestionan como guerrerista?

Los jóvenes y gente que cree que la violencia no debe darse más, los que viven aquí en los Estados Unidos, en Costa Rica, los que ya tienen vida propia, los que hace 40 años se hicieron ciudadanos americanos, son los que dicen que hay que luchar por la vía cívica y desde mi óptica la lucha cívica lo que hace favorecer a Daniel Ortega.

¿Y a Estados Unidos cómo lo ve con respecto a Nicaragua?

Pudiese ser que comience a aplicar sanciones más duras, pero hasta el momento la Administración de Joe Biden ha sido floja. La Ley Renacer no la ha aplicado. Sembraron la semilla de la Ley Renacer, pero no nació.

¿Qué le critica al presidente norteamericano Joe Biden exactamente?

La política de Estados Unidos es buscar el diálogo con la dictadura y Daniel Ortega ya ha dicho, y se los dejó bien claro, que para Daniel Ortega el diálogo es ponerse la soga al cuello y que no lo va a hacer. El diálogo sería la solución si existiese una fuerza coercitiva que estuviera presionando internamente a Daniel Ortega, pero no hay una fuerza internamente capaz de crearle una crisis para obligarlo a ir a un diálogo. Lo único que podría ser, pero pasarán varios años, sería la crisis económica. Pero Daniel Ortega es de los dictadores que prefiere ver en taparrabos al pueblo y no ceder en su proyecto político totalitario. No va a ceder en ir a un diálogo. Daniel Ortega sabe que el problema de Nicaragua es él y que se resuelve dando elecciones limpias.

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