De esta crisis puede nacer el embrión de la solidaridad que en el próximo gobierno se institucionalice bajo la forma de un régimen de bienestar bajo el signo socialdemócrata.

El bienestar es la capacidad desigualmente distribuida para hacerle frente a la incertidumbre y los riesgos. En un país tan desigual como en Nicaragua, hay quienes no detentan un piso social mínimo de bienestar social. Son esas personas las que sufren más la crisis del Covid-19.

En estos momentos de crisis sanitaria, es fundamental que los sectores que por cuenta propia, y sin necesidad de los resortes del Estado, detentan más bienestar, traducido en capital económico y social, transfieran de manera solidaria recursos a la mayoría que no los poseen. Estamos hablando de los grandes capitales empresariales, muchos agrupados en el Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep). Algunos empresarios de manera individual ya lo están haciendo.

Esto se puede hacer de dos maneras. La primera es asignando recursos provenientes del sector privado a pacientes que no pueden suplir sus exámenes y medicamentos. La segunda es abasteciendo, donde se permita, a aquellos hospitales que no detentan los recursos necesarios. De cualquier manera, ante la negligencia de un régimen que no piensa en los sectores más vulnerables social y económicamente, es importante que sean las fuerzas democráticas, de manera fundamental el sector privado y los grandes capitales, la mano solidaria ante la pandemia.

Aunque es sabido que estas medidas aquí mencionadas no van a subsanar las grandes necesidades sociales y económicas de la ciudadanía que en muchos casos han tenido que dejar sus laborales, sí podrá ser el inicio de la configuración de un régimen de bienestar no estatal orientado y organizado por las fuerzas que se están abriendo camino para gobernar.

Las fuerzas democráticas unificadas deben actuar como gobierno paralelo y asumir las grandes tareas de denunciar y sistematizar la negligencia del régimen de Ortega y Murillo, pero también de identificar, asignar y redistribuir recursos escasos para las familias que hoy en día están padeciendo Covid – 19 y no pueden costear las necesidad que requiere dicha enfermedad.

De esta crisis puede nacer el embrión de la solidaridad que en el próximo gobierno se institucionalice bajo la forma de un régimen de bienestar bajo el signo socialdemócrata.

Dicho sea de paso, ante las diferentes tesis que se han planteado sobre una posible implosión del régimen que encabeza Daniel Ortega y sus consecuencias en una nueva explosión social, es importante recordar que las condiciones materiales por sí solas no crean posiciones y subjetividades políticas y que la gente no se moviliza bajo sufrimiento, sino porque sufre y porque tiene la esperanza de que haciéndolo va a cambiar las cosas. Es decir, ninguna multitud se movilizará de manera automática orientados en términos políticos.

Por tanto, es fundamental que las fuerzas democráticas, que ya han demostrado tener bastantes ideas sobre las políticas a implementarse en la “Nueva Nicaragua”, orienten la crisis políticamente a través de acciones que favorezcan tanto a sandinistas como no a sandinistas, dando un mensaje de que con un gobierno y un régimen político diferente al de Ortega y Murillo todo sería diferente.

Es decir, aunque es momento de unidad de todos los nicaragüenses para hacerle frente a la pandemia, también es momento de ganar y sumar voluntades políticas a través de la demostración de que las fuerzas democráticas están comprometidas con el bienestar de la ciudadanía sin distinción de opción partidaria. Es momento de solidaridad, pero también de ganar.

Nota: El presente artículo es responsabilidad exclusiva de su autor. La sección Voces es una contribución al debate público sobre temas  que nos afectan como sociedad. Lo planteado en el contenido no representa la visión de Despacho 505 o la de su línea editorial.

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