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BICENTENARIO: NICARAGUA, LA REPÚBLICA QUE NO FUE

Las luchas por el poder evitaron que el país alcanzara la institucionalidad democrática anhelada por los próceres hace 200 años. Intrigas, golpes de Estado, intervenciones extranjeras y 21 guerras han marcado esta era en la que 90 personas han ostentado el poder en algún momento de la historia. Sólo 39 de ellas fueron electas por el voto popular.

Por Despacho 505 | Septiembre 15, 2021

Nicaragua cumple 200 años de Independencia sumida en una profunda crisis sociopolítica y económica, bajo la primera dictadura del Siglo XXI. EFE / D505

Las citas de Nicaragua con las guerras, la violencia y las dictaduras parecen no acabar. Han sido pocos los años de paz desde que Nicaragua y los demás países de Centroamérica decidieron independizarse del Reino de España, hace ya 200 años, un 15 de septiembre de 1821. El país recuerda a eso próceres nicaragüenses, Miguel Larreynaga y Tomás Ruíz, que firmaron una acta siguiendo los ideales de libertad, pero de lo que nada se ha logrado a la actualidad. 

Sin entusiasmo, y sin la gloria que significa festejar 200 años de vida independiente, los nicaragüenses asisten a esta fecha sumidos en una crisis sanitaria por la pandemia de coronavirus, la desigualdad y pobreza que han hecho al país el segundo más pobre de América Latina, y, para variar, la consumación de una dictadura dinástica, al frente de Daniel Ortega, otrora líder que prometió en el siglo pasado una vida democrática y en libertad.

Para los analistas políticos e historiadores, la presencia actual de la dictadura orteguista en Nicaragua evidencia que no se han aprovechado 200 años de independencia de la Corona española. Tanto el académico Carlos Tünnermann Berheim como el escritor Sergio Ramírez Mercado consideran que este período ha estado marcado por mucha violencia política y una sucesión de guerras civiles.

Lejos ha quedado la idea de consolidar un Estado verdaderamente libre. Desde la declaración de Independencia, en Nicaragua se han realizado 44 elecciones populares, en las que han resultado electos legal o ilegalmente un total de 39 presidentes, algunos de los cuales han sido reelectos, empezando por Tomás Martínez en 1862; José Santos Zelaya en 1905; Anastasio Somoza García en 1950; Anastasio Somoza Debayle en 1974 y Daniel Ortega en 2007, que reformando la Constitución a su favor, en 2011, logró permanecer más allá de cinco años.

Ha habido más presidentes, pero han resultado por vías diferentes a la electoral. De esa manera, Nicaragua tuvo 39 jefes de Estado entre 1821 y 1854, cuando se convirtió en República. Y desde entonces ha tenido 51 presidentes y 14 constituciones que en algunos casos han sido violadas por sus mismos propulsores, tal es el caso de José Santos Zelaya y Daniel Ortega.

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En estos 200 años de vida independiente, Nicaragua ha vivido un total de 21 guerras o conflictos armados, un promedio de una guerra cada nueve o 10 años, indica el escritor e historiador Marlon Navarrete. En los primeros años, fueron famosas las guerras entre conservadores y liberales por obtener el poder.
Y en la actualidad, Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo controlan el poder en Nicaragua de manera absoluta desde el año 2007 y se han mantenido en el poder sobre la base de violaciones a la Constitución Política de la República, fraudes electorales, pactos, compra de opositores, fomento de la división opositora, represión con turbas, la Policía y el Ejército, en un patrón que han repetido los gobernantes de Nicaragua en los últimos 200 años.

La represión orteguista se recrudeció en abril de 2018 después de que el pueblo protestó cívicamente en contra de unas lesivas reformas al Seguro Social. Esa crisis sociopolítica de 2018, la más reciente, produjo casi 1,000 prisioneros políticos y más de 325 asesinatos que la dictadura propició armando a paramilitares.
La historia de encarcelamiento y exilio se repite. Este 2021, el país asiste a elecciones nacionales, y Ortega ha despejado el camino encarnando a casi 40 líderes de oposición, empresarios. Actualmente, están en la cárcel siete precandidatos presidenciales.

Los hechos de hoy también demuestran que después de 200 años de ser una nación independiente, Nicaragua aún no alcanza la institucionalidad democrática tan deseada por los nicaragüenses, lamentan Tünnermann y Ramírez, este último en el exilio y con una orden de detención en su contra girada por la pareja presidencial.

"Nuestra realidad desde la independencia ha sido violenta, turbulenta, enconada..., ahora que estamos en los 200 años de aniversario de la independencia nos damos cuenta que la mayoría de los grandes próceres terminaron en amargura, terminaron derrotados o no vieron consumada su propia obra, como Bolívar, muerto en desgracia en Santa Marta, o como San Martín, muerto en el exilio. Ese fue el destino de los que quisieron una América distinta. Quienes habían subido al caballo de la independencia fueron sustituidos por otros que ya nunca se quisieron bajar del caballo", explicó Sergio Ramírez en Madrid, durante un conversatorio en el que también participó el escritor peruano Mario Vargas Llosa.

Pero ese no ha sido un problema exclusivo de Nicaragua. Tünnermann indicó que en toda Centroamérica ha habido problemas durante los 200 años de independencia, exceptuando a Costa Rica, que casi desde el inicio de su vida independiente procuró la estabilidad democrática, salvo solo durante los años de la década de 1940, cuando hubo una revolución debido a que se intentó fraguar un fraude electoral.

Sin embargo, añade Tünnermann, Nicaragua ha sido el que menos ha aprovechado su vida independiente. "Los 200 años de independencia no los hemos sabido aprovechar los nicaragüenses. Mientras otros países, especialmente Costa Rica, de cierta forma también El Salvador, en algunos momentos también Guatemala y Honduras, han aprovechado más esos 200 años de independencia, nosotros no los hemos sabido aprovechar. Han sido 200 años en los que no hemos logrado generar una conciencia democrática suficiente como para que no volviéramos a tener la pesadillas de ninguna dictadura sobre el pueblo de Nicaragua", lamentó el académico. 

El derrocamiento de la dictadura de Somoza, por parte de los guerrilleros sandinistas, hundió al país en otra guerra civil. Estados Unidos financió a los opositores al sandinismo. Cortesía / D505

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Nicaragua ha estado poblada desde hace miles de años, pero su población actual se comenzó a conformar desde el siglo IV de la era cristiana, cuando al territorio que ocupa el país actualmente llegaron los caribíes, grupo indígena también conocido como chontales. En el siglo VI llegaron los chorotegas y en el XI los niquiranos.

Para mediados de los años 1500, cuando ya habían llegado los conquistadores españoles, Nicaragua comenzó a formar parte del Reino de Guatemala, que comprendía desde Chiapas, actualmente en México, hasta Costa Rica y parte de Panamá.

Y tras 300 años de colonia española, los centroamericanos proclamaron la independencia el 15 de septiembre de 1821. Los historiadores critican la fecha por diferentes razones y consideran otras como las verdaderas para determinar el día de la independencia, pero desde 1824, el 15 de septiembre se comenzó a conmemorar como tal.

Este miércoles 15 de septiembre de 1821 se cumplirán 200 años desde que el hondureño José Cecilio del Valle redactó el acta de independencia de Centroamérica en el Real Palacio de Guatemala. El documento llegó varios días después a los demás países de la región. En Nicaragua se discutió hasta el 28 de septiembre de ese mes.

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La vida independiente de España en Nicaragua inició violentamente, explica Carlos Tünnermann Bernheim.
Tras la independencia de España, lo que se comenzó a conocer como las cinco provincias de Centroamérica (Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica) se anexaron al imperio de México, pero se separaron del mismo en marzo de 1823.

Al año siguiente, en 1824 se creó la República Federal de Centroamérica y en cada país se eligió un jefe de Estado. En Nicaragua el primero fue Manuel Antonio de la Cerda. Su vicejefe fue Juan Argüello, quien luego le daría un golpe de Estado.

Sobre este hecho, el historiador Antonio Esgueva Gómez escribió: “En apenas medio año se dio la primera elección popular del poder ejecutivo, la primera intriga contra el responsable del mismo poder y el primer golpe de Estado… ¡Triste manera de iniciar la estabilización del ya constitucional y recién nacido Poder Ejecutivo en este incipiente Estado republicano!".

El asunto no terminaría con la destitución de De la Cerda y la asunción al poder de Argüello, sino que el conflicto desembocó, en 1827, luego de que De la Cerda reclamara el poder, en la primera guerra civil de Nicaragua como nación independiente, la guerra Cerda- Argüello, que se prolongó hasta 1829. Al final, Argüello mandó a ejecutar a De la Cerda.

Y esa sería la primera de una lista de guerras civiles que han existido en Nicaragua en estos 200 años y que han dejado luto y dolor entre el pueblo, pérdidas económicas, atraso, exilio, así como odio entre los nicaragüenses.
Las guerras civiles en Nicaragua, explica Carlos Tünnermann, han servido para dos propósitos. Primero, por parte del pueblo, como una forma de reclamar la democracia y segundo, por parte de los políticos, como una forma de "atornillarse" en el poder.

En 1856 se desató la conocida Guerra Nacional que desató porque el filibustero William Walker se autoerigió Presidente de Nicaragua y quiso establecer en el país el sistema esclavista. Walker había llegado a Nicaragua en 1855, en medio de un conflicto por el poder entre legitimistas (conservadores) y democráticos (liberales). Lo llamaron los liberales y después Walker se quedó con el poder aprovechando la debilidad de los dos partidos nicaragüenses.

Fue necesaria la unión de las fuerzas militares de los demás países centroamericanos, especialmente de Costa Rica y Honduras, para sacar a Walker de Nicaragua y Centroamérica.

Son famosas en esta guerra la batalla de San Jacinto, conmemorada ayer al cumplirse 165 años, y las del mesón de Rivas, en la que se destacaron las fuerzas costarricenses.

Otras guerras que han desangrado a Nicaragua son las lideradas por José Santos Zelaya para sacar a los conservadores, la de Augusto C. Sandino entre 1927 y 1932, los diferentes intentos militares de sacar a los Somoza del poder y las dos últimas, la guerra de los sandinistas en contra de los Somoza entre 1978 y 1979, así como la perpetrada por los contras en contra de la revolución sandinista de los años ochenta del siglo pasado.

Solo la guerra de los sandinistas contra Somoza en 1979, según fuentes de la época, representó más de 50,000 personas muertas, una cantidad mayor de lesionados y una economía en ruinas con un retroceso de casi el 10 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).

Por su parte, la extensa guerra de los 80 dejó más de 150 mil víctimas, incluyendo muertos, discapacitados, viudas y huérfanos. Tanto la guerra revolucionaria como la contrarrevolucionaria dejaron cicatrices hondas en el país que aún no cicatrizan.

Violeta Barrios de Chamorro puso fin a una década de gobierno sandinista al frente de Daniel Ortega. Cortesía / D505

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Los dictadores han sido un punto común en la historia. A lo largo de las décadas han existido varios presidentes que han intentado perpetuarse en el poder. Uno de ellos fue Tomás Martínez, poco después de 1860, lo cual derivó en una pequeña guerra civil.

También lo hicieron, a inicios de los años 1900, los conservadores Adolfo Díaz y Emiliano Chamorro.
Sin embargo, las dictaduras más reconocidas en la historia independiente de Nicaragua son tres: la de José Santos Zelaya, entre 1903 y 1909; la de los Somoza, que duró entre 1937 y 1979, y, la última, la actual, la de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo.

Sobre la reciente dictadura, el escritor Sergio Ramírez Mercado considera que es inédito el hecho de que marido y mujer estén controlando el poder en un país.
En el caso de Zelaya se mantuvo en el poder haciéndose reelegir tras cambiar la Constitución, a como lo ha hecho Ortega en los últimos años. Y como Ortega está siendo presionado por la comunidad internacional en la actualidad, Zelaya tuvo que dejar el poder por las presiones de Estados Unidos.

Sobre Zelaya, los historiadores han escrito que fue cruel con los conservadores, con quienes se mantuvo en guerra casi todo el periodo en el que se mantuvo en el poder. Los persiguió, los encarceló, los fusiló y esparció sus cenizas al aire. Pero también se dice que fue progresista, especialmente porque modernizó las leyes y se alejó de lo clerical. También que reincorporó la mosquitia como territorio nicaragüense después de estar bajo la influencia de los ingleses.

Durante la dictadura Zelaya se promulgó la Constitución Política La Libérrima, llamada así porque concedía libertades al pueblo, pero no duró mucho. Zelaya la mandó a suspender porque le prohibía la reelección, recuerda Tünnermann Bernheim.

En el caso de los Somoza tres miembros de la familia ostentan el poder, a punta de sangre y bala. El padre de la dinastía fue muerto a tiros a manos del poeta Rigoberto López Pérez, en 1956. Sus otros dos hijos llegaron a la Presidencia y fue en el 19 de julio de 1979 que acabaron más de 40 años de la era Somoza, con el triunfo de la Revolución Sandinista.

Según los analistas, nuevamente se está formando otra dinastía, la de los Ortega Murillo, que es el resultado de pactos y traición. Daniel Ortega se apoderó del Frente Sandinista de Liberación Nacional y apartó a todo aquel que le hiciera sombra.

Después de perder el poder en una elecciones en 1990 gobernó “desde abajo” durante 16 años, desestabilizando a los gobernantes a través de asonadas. Su regreso al poder e 2007 fue gracias a un pacto con el expresidente Arnoldo Alemán en 1998. A partir de entonces, Rosario Murillo, que lo apoyó cuando su hija Zoilamérica lo acusó de violación, se dividió el poder con Ortega en lo que ellos llaman una cuota entre 50 y 50.

Hoy, Murillo es la vicepresidenta.

Daniel Ortega y Rosario Murillo consolidan una dinastía. En la imagen, los dictadores conmemoran los 40 años de la Revolución Popular Sandinista, el 19 de julio de 2019. EFE / D505

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Los años de paz en Nicaragua han sido pocos, y cuando han ocurrido ha sido en detrimento de la institucionalidad, indica el académico Carlos Tünnermann Bernheim.
Entre los años de 1858 y 1893, y luego de los atribulados años de la Guerra Nacional, en Nicaragua se instauró un período como los 30 años conservadores.

Carlos Tünnermann explica que se trató de una serie de presidentes que pertenecían al Partido Conservador pero que tenían una mentalidad ampliamente liberal y que trajeron beneficios a Nicaragua.

Ese fue uno de los pocos periodos de paz en Nicaragua, aunque Tünnermann señala que no estuvo exento de críticas, pues se trató de una democracia "sui generis" porque en realidad no existía el voto universal, es decir, no todos los nicaragüenses podían votar, sino únicamente las élites.

Esos años terminaron con el ascenso al poder del dictador José Santos Zelaya. "Los breves períodos de paz en Nicaragua han sido interrumpidos por dictaduras", lamenta Carlos Tünnermann.

Otra época de relativa paz fue la surgida entre los años 1909, tras la salida de Zelaya del poder, y los inicios de los años 1930, a pesar de la guerra que libraba Augusto C. Sandino en las montañas en contra de la ocupación norteamericana por parte de los marines.

Esa época de paz fue sustituida por la dictadura somocista.
Y un último periodo relativamente estable fue el iniciado con la llegada al poder de Violeta Barrios de Chamorro en 1990, que terminó con una década sandinista.

La joven democracia se prolongó hasta el año 2006, ya que en 2007 Daniel Ortega, quien había gobernado en los años 80 durante la revolución sandinista, regresó al poder y comenzó a consolidar una nueva dictadura que permanece hasta hoy.

Tünnermann resalta que este último periodo de paz tuvo un "cáncer" llamado corrupción, que se produjo durante la administración de Arnoldo Alemán, quien luego pactó con Daniel Ortega. Alemán se libró de ir a la cárcel y Ortega allanó su asunción a la Presidencial al rebajar el porcentaje necesario para ganar una elección.

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En el camino de Nicaragua hubo un momento de federación. El primer país en abandonar la República Federal de Centroamérica fue Nicaragua en 1838.
El historiador costarricense Vladimir de la Cruz explica que desde ese momento cada país centroamericano comenzó a redactar sus propias constituciones políticas y a vivir bajo un régimen de Estado de Derecho.

El problema, explica De la Cruz, es que desde el principio en casi todos los países de Centroamérica los grupos locales comenzaron con más fuerza a pelear por el poder político. "Eso desgarró a unos países más que a otros. Por ejemplo, afectó más a Nicaragua que a Costa Rica", expresa De la Cruz.

Esa situación convulsa en Nicaragua, durante los primeros años de vida independiente, provocó que territorios como Nicoya quisieran anexarse a Costa Rica porque este último país le ofrecía más estabilidad política y social.
Para De la Cruz, los 200 años de independencia en Centroamérica han servido solo para "hacer intentos de desarrollo", cada país con su sistema, pero no se ha logrado en la región un verdadero establecimiento de la democracia.

Según el historiador costarricense, con excepción de Costa Rica, en todos los demás países centroamericanos han surgido dictaduras o gobiernos autoritarios, militaristas, que han hecho muy difícil la reconstrucción de cada uno de los mismos.

Hasta mediados de los años ochenta del siglo pasado, Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua estaban en manos de gobiernos militares autoritarios, con presencia de guerrillas en cada uno de ellos, algo que no ha ocurrido en Costa Rica.

"Con excepción de Costa Rica, donde ha habido algunos gobiernos autoritarios pero que solo han durado uno o dos años, en el resto de Centroamérica las dictaduras son de largo rato", finaliza De la Cruz.

En abril de 2018, miles de nicaragüenses salieron a las calles para exigir justicia, libertad y democracia. Las protestas dejaron más de 325 muertos, según organismos de derechos humanos y a Ortega como principal responsable. EFE/ D505

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Tras 200 años de vida independiente en Nicaragua y Centroamérica, se puede decir que la lucha por el poder ha sido lo que ha predominado en este período, explica Carlos Tünnermann Bernheim.

"La búsqueda del poder ha sido dominante y eso ha sido fatal para nuestro desarrollo institucional, de tal manera que todavía a estas alturas, en que estamos otra vez con una dictadura, con una concentración de poder y una ambición de mantenerse en el poder y continuar en el poder, estamos como que en estos 200 años no logramos acumular suficiente conciencia e institucionalidad democrática para que no volviéramos a tener ninguna dictadura en el país", comenta el exministro de Educación.

"Pero como no logramos la suficiente institucionalidad estamos hoy en día con una dictadura y la República democrática que quisiéramos tener no la tenemos. Ese es el sueño que sigue siendo el sueño de los nicaragüenses, pero que no hemos logrado alcanzar a pesar de los 200 años que han transcurrido", deplora Tünnermann.

En noviembre próximo habrá elecciones generales, pero el proceso carece de garantías democráticas. Ortega mandó a encerrar a los más potables candidatos presidenciales, obligó al exilio a otros y ha creado partidos zancudos que le hagan el juego electoral. Todo el camino está despejado para que se mantenga en el Ejecutivo por cinco años más.
Así 200 años después de la independencia de España, Nicaragua está bajo una dictadura que no tiene cara de ceder el poder.

La historia se repite y el anhelo de ser República solo fue eso: un anhelo.