La noche del 1 de julio una trabajadora de la aerolínea colombiana Avianca le notificó a María Teresa Blandón que no podía ingresar a Nicaragua por decisión de las autoridades. Había salido el 24 de junio hacia Chile, pero siempre tuvo claro que regresaría al país. “Yo hasta dos meses y medio estuve en Nicaragua asumiendo todos los riesgos que asumimos las voces críticas y todas las defensoras y defensores de derechos humanos, no estaba en mi propósito exiliarme”, dijo en septiembre pasado. 


Día de la Mujer: reportajes, análisis, entrevistas y las claves de la conmemoración en Nicaragua


Blandón, socióloga y feminista, es una de las defensora de los derechos humanos de las mujeres más firmes. Mucho antes de que la violencia política hacia la mujer, una de las formas de violencia de género, arreciera en Nicaragua por parte del régimen, solía denunciar la violencia machista que se demostraba en abusos y violaciones y femicidios. Después de la Insurrección de Abril, señaló a Ortega por estar a la cabeza de un Gobierno machista e indolente con las mujeres. 

Su destierro se suma a otros hechos de violencia hacia las mujeres, y en especial hacia las defensoras de los derechos humanos. Lideró el programa feminista La Corriente, el mismo al que el régimen canceló su personería jurídica. El caso de Blandón es el retrato de cómo llegan las mujeres nicaragüenses a este 25 de noviembre de 2022, día en que se conmemora a nivel internacional la eliminación de la violencia contra la mujer, en el peor momento de la historia del movimiento feminista en Nicaragua.

Las defensoras están en “resistencia”, dicen, ya que el régimen Ortega Murillo las tiene perseguidas y desarticuladas. Eso ha tenido consecuencias graves para las mujeres en general que han quedado en mayor desprotección, principalmente aquellas a las que decenas de organizaciones y mujeres asesoraban para poner fin a conductas machistas que arriesgaban sus vidas. 

Así lo indican distintas defensoras, la mayoría de ellas hablando bajo anonimato por temor a represalias debido a la persecución. 

“La actitud de las defensoras de mujeres es de resistencia, porque siguen trabajando en la clandestinidad, siguen acompañando a las mujeres que son víctimas de violencia, pero la situación es complicada”, explica la feminista Ana Quirós, expulsada de Nicaragua por el régimen en 2018 y la única que se atreve a hablar identificándose.

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En este año 2022, la dictadura de Daniel Ortega completó el cierre de casi la totalidad de los organismos que dentro de Nicaragua se dedicaban a acompañar y asesorar a las mujeres que son víctimas de la violencia machista, provocando que las afectadas por la violencia no tengan en la actualidad un lugar al que acudir en busca de ayuda.

“La situación de las mujeres se ha agravado en 2022. Es el peor año para las organizaciones de la sociedad civil, porque la persecución ha sido espantosa. Es el año en que se han cancelado más personerías jurídicas de organizaciones de mujeres. Las que quedan, muy pocas realmente, son pequeñas y no tienen presupuesto. Esta situación ha generado un enorme vacío en la lucha contra la violencia hacia las mujeres”, señala una defensora de mujeres que sigue trabajando en Nicaragua de manera voluntaria y clandestina.

Debido al cierre de los organismos de mujeres, “las víctimas no tienen adonde acudir en busca de apoyo.”. Las mujeres se están quedando sin alternativas, porque las pocas que hay son muy limitadas, explica una experta en violencia de género.

El organismo Católicas por el Derecho a Decidir registra, hasta mediados de este mes noviembre, 57 femicidios en todo este año 2022, y 175 femicidios frustrados, revela su coordinadora, Martha Flores. Muchos de esos femicidios, lamenta Quirós, están impunes.

femicidios violencia mujeres

Las defensoras de mujeres exponen que, aunque la Policía informa que hay bajos niveles de violencia en el país, y aduce que el número de denuncias es bajo, no significa que el régimen está combatiendo la violencia contra la mujer, sino que las víctimas no sienten motivación para presentar denuncias porque no confían en la Policía.

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El régimen Ortega Murillo persigue a las organizaciones de mujeres desde que Daniel Ortega regresó al poder en enero de 2007, porque “les tiene miedo y odio debido a que son de los grupos que desde el inicio han venido señalando de los riesgos que había con este Gobierno”, indica Ana Quirós.

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“Los Ortega Murillo nos atacan por el papel que hemos jugado como movimiento de mujeres en Nicaragua y hemos sido identificadas desde una condición política. Sí hacemos política, pero no es partidaria. Lo que pasa es que uno de nuestros roles es fiscalizar al Estado en su atención a la problemática de la violencia hacia las mujeres y lo hemos hecho con todos los gobiernos, con doña Violeta (Barrios de Chamorro), con (Arnoldo) Alemán y con don Enrique (Bolaños). No ha sido solo con Ortega. Pero eso al Gobierno le molesta”, explica otra feminista.

Los organismos de mujeres trabajaron durante ha estado Ortega en el poder, a pesar de que el régimen las hostigó y les impidió hacer marchas, especialmente los 8 de marzo, cuando se conmemora el Día de la Mujer, y también los 25 de noviembre.

Desde antes de 2007, las defensoras de mujeres venían realizando investigaciones para desnudar la violencia machista. Elaboraron gran cantidad de afiches para prevenir esa violencia y, año con año, midieron el nivel de la misma, por ejemplo, a través de los femicidios. Indican que desde el año 2010 en Nicaragua, hasta este mes de noviembre de 2022, se han cometido 842 femicidios en el país.

Además, los organismos de mujeres les daban acompañamiento a las víctimas. Particularmente, les brindaban atención psicológica con personal especializado y acompañamiento jurídico en los juicios contra los agresores.

A nivel económico, les ayudaban con los pasajes para que asistieran a las citas psicológicas o a las audiencias judiciales. En las zonas rurales, las grandes distancias de las comunidades y las dificultades económicas son un gran impedimento para las víctimas de violencia. Además, proporcionaban albergues para aquellas mujeres que no tenían donde vivir más que al lado de sus agresores.

En los organismos de mujeres también se le daba oportunidad a una buena cantidad de profesionales recién graduados, de distintas profesiones, especialmente sicólogos y abogados, para que se especializaran en atención a víctimas de violencia. La calidad de estos profesionales no existe hasta la fecha en las entidades gubernamentales, al punto de que los juzgados y la Fiscalía remitían a las víctimas a los organismos de mujeres donde operaban estos especialistas.

Con el cierre de estos organismos, por parte del régimen Ortega Murillo, se creó un enorme vacío en el trabajo que realizaban en pro de la prevención de la violencia, y la atención a las víctimas, explican las feministas consultadas por DESPACHO 505.

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En todo el país, especialmente en el interior, extrañan los espacios seguros en los que podían compartir sus experiencias, los grupos de autoayuda que auspiciaron los organismos de mujeres.

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Una muestra de que al régimen Ortega Murillo no le importan los derechos de las mujeres, opinan las feministas, es que sabía que estaba creando un gran vacío en la lucha contra la violencia machista, que dejaba indefensa a las mujeres, pero no se preparó para ello.

Hasta ahora, indican Ana Quirós y otras feministas, las acciones del régimen en pro de las mujeres son “patrañas” y así se burla de ellas.

Nicaragua es un estado firmante de muchas convenciones internacionales que buscan proteger a las mujeres, tiene una Constitución Política que establece derechos humanos, una ley contra la violencia hacia las mujeres, la 779, pero su gobierno no se esfuerza porque las mujeres tengan acceso a la justicia, explican. 

Por ejemplo, indican, cuando nació la Ley 779, una de las instituciones llamadas a hacer válida esa ley eran las Comisarías de la Mujer, con todas las herramientas y personal debidamente capacitado, sin embargo, el régimen Ortega Murillo las cerró. Sus funciones las trasladaron a la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ), donde se preocuparon más por los casos de drogas, homicidios, robos, que por hechos de violencia hacia la mujer.

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Ahora las comisarías fueron reabiertas, pero, según las feministas, en la práctica no existen, no sirven. “Que haya un cuartito de 2 x 2 en las delegaciones policiales, con un rótulo que dice Comisaría, y que ahí una mujer (policía) atienda a otra mujer que llega a denunciar, no significa que es una Comisaría. Una comisaría, y en la ley de la Policía lo decía, era una instancia especializada, con un personal verdaderamente capacitado para atender a las víctimas”, manifiesta una experta en violencia de género.

La experta ejemplifica que una víctima de violencia le comentó que llegó a poner una denuncia a una comisaría, pero se puso a llorar y las tres policías que estaban en la oficina la abrazaron. “Eso es contraindicado. No se conoce si la víctima sufre rechazo al contacto físico. Eso dice mucho de lo mal que se está trabajando en esas supuestas comisarías, donde también convencen a las víctimas de que se porten bien, tal vez así el marido cambia”, declara la especialista.

En esas comisarias, expone otra feminista, hay una clara orden de que induzcan a la víctima mediar, lo cual deja en desventaja a las mujeres.

La crítica que Ana Quirós le hace a las comisarías de la mujer, además de las ya mencionadas, es que también carecen de presupuesto.

El régimen también orientó la cadena perpetua contra los crímenes de odio, y se han aplicado algunas de esas penas a los femicidios. Esa también sería otra burla del régimen contra las mujeres, explica la feminista, porque está comprobado que el Gobierno saca a esos reos comunes, a través de indultos, cuando los necesita, mientras mantiene encarcelados a los prisioneros de conciencia.

Las cartillas del régimen para prevenir la violencia está cargada de mensajes que endiosan a la vicepresidenta Murillo.

“Eso de la cadena perpetua es una cortina de humo. El Gobierno ha sacado de la cárcel a hombres que violaron y mataron mujeres”, expresó una de las defensoras de mujeres.

Además, añaden las feministas, el régimen Ortega Murillo ha sacado ya dos cartillas contra la violencia, pero estas no han tenido ningún efecto, sino que más bien son propagandísticas a favor del régimen.

“Esas cartillas son otra burla a las mujeres. Las organizaciones de mujeres emitieron una gran cantidad de material de divulgación, material más especializado, mientras que esas cartillas son propaganda de Rosario Murillo. Toda la investigación de los organismos de mujeres no puede ser sustituida por dos cartillas propagandísticas y por un cuartito al que le llaman comisaría”, manifestó una terapeuta de víctimas de violencia.

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Las mujeres quieren seguir apoyando a las mujeres, a pesar de la persecución y el cierre de los organismos, indica Ana Quirós. “Buscan cómo sobrevivir, cómo acuerpar y acompañar a otras mujeres. Es una actitud de resistencia”, dice la feminista.

Las defensoras que han tenido que irse al exilio, por la persecución del régimen, tratan de hacer lo más que pueden desde fuera del país. Algunos esfuerzos en línea y bastante atención a las mujeres migrantes.

Un fenómeno que está ocurriendo con las defensoras de mujeres, es que tienen miedo de salir de Nicaragua por medios legales, porque a algunas, que así lo han hecho, les impiden el reingreso al país, tal como sucedió con la feminista María Teresa Blandón. Fue desterrada.

Es numerosa la cantidad de mujeres que han debido salir del país, por la represión del régimen. Periodistas hay muchas, abogadas como Wendy Flores, médicas, activistas sociales como Olama Hurtado, políticas como Kitty Monterrey y María Asunción Moreno. Hay de todas las profesiones y estratos sociales.

Las que están dentro de Nicaragua trabajan en la clandestinidad, sin un espacio donde atender a las víctimas, sin recursos y con muchos riesgos de ser encarceladas.

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 Muchas, grandes especialistas en violencia de género, se han tenido que ir del país para buscar una forma de subsistir, ya que el cierre de los organismos las dejó sin un medio para ganarse la vida. Las que se quedaron se están ganando la vida como costureras, laborando en supermercados, intentando algún negocio, cuentan. 

Algunas de las que se quedaron, viendo cómo la violencia machista gana terreno en Nicaragua, han tenido que seguir atendiendo a las víctimas como voluntarias, sin ganar un córdoba, pero no pueden hacer mucho tampoco porque no se pueden exponer yendo a los juzgados a acompañar a las víctimas. Tampoco tienen recursos como para garantizarles pasajes, alimentación y hospedaje a aquellas mujeres que viven en zonas alejadas.

También se cuidan de no dar declaraciones. “No estamos silenciadas totalmente. La idea de ellos es apagar la voz de las mujeres, pero no nos han terminado de callar. Todavía tenemos las redes sociales, los medios que están trabajando desde el exterior, como La Lupa, La Radio Voz. No nos pueden doblegar”, manifiesta una feminista.

 La represión del régimen Ortega Murillo se lleva por delante también a aquellas mujeres que son partícipes del mismo, como las magistradas judiciales Ileana Pérez y Alba Luz Ramos, las cuales han sufrido persecución en los últimos días, pero deben guardar silencio, explican las feministas.

El caso de las mujeres que apoyan al régimen es también grave porque no tienen derecho a quejarse. Una psicóloga comentó que muchas de esas mujeres llegan a su consultorio porque no pueden hablar de la represión contra ella ni a su familia. “Llegan a desahogarse. Eso demuestra que la política que tienen, del 50-50, de que el poder lo ostentan en partes iguales las mujeres y los hombres es total demagogia del régimen, pura retórica. Las mujeres que están en el gobierno no pueden quejarse de nada y no pueden comentarlo con nadie”, sostiene.

Los ataques del régimen se hacen extensivos hasta a los edificios que son propiedad de los organismos de mujeres. En Matagalpa, por ejemplo, el edificio del Colectivo de Mujeres de Matagalpa fue confiscado y ahora funciona ahí la Fiscalía.

Esa acción es calificada por una feminista de la zona como “una perversidad”, porque en ese mismo local las defensoras de mujeres capacitaron en violencia de género a fiscales y policías y “hoy se quedan con el edificio”. “Esas infraestructuras los organismos de mujeres las consiguieron de manera transparente, a través de la comunidad internacional. Al gobierno no les costó ni un centavo”, añade.

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Algunas de líderes feministas están presas, como Tamara Dávila y Suyén Barahona. 

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Difícil cuantificar los niveles de violencia que en Nicaragua existen en contra de las mujeres, ahora que este 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, explican las feministas, pero sí saben que el problema “es grande”.

Ana Quirós lamenta que los niveles de violencia en Nicaragua alcancen hasta a las familiares de los presos políticos, quienes, en la última visita en el nuevo Chipote, fueron violentadas sexualmente para poder ver a sus seres queridos encarcelados injustamente.

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La impunidad es el denominador común en la mayoría de los femicidios que ocurren en el país.

“Yo diría que en la actualidad la violencia contra las mujeres es el pan de cada día, que la violencia sexual es un instrumento más de represión del régimen y que la violencia económica se sigue profundizando”, declara Quirós.

Una feminista de la zona norte del país agrega que hay otras formas de violencia contra las mujeres que están tomando auge, como la migración y la delincuencia.

En el caso de la migración, la feminista comenta que el régimen está empujando a las mujeres a irse del país, especialmente a las defensoras de mujeres, porque las deja sin posibilidad de trabajar y además las tiene con riesgos de ser encarceladas.

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La migración, según la feminista, está dejando profundas heridas en la sociedad nicaragüenses, especialmente en los niños y niñas.

En el caso de la delincuencia, la defensora de mujeres comenta que son estas últimas las principales víctimas de los asaltos.

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La lucha para eliminar la violencia contra las mujeres en Nicaragua no está apagada totalmente, afirma una experta en violencia de género. “Sí está en un punto muy bajo en la historia del movimiento de mujeres de Nicaragua”, comenta.

Para Ana Quirós, todo está muy claro. “El régimen Ortega Murillo, completo, es el principal causante de la violencia contra las mujeres en Nicaragua. Lo que hace Rosario Murillo solo sirve para profundizar la violencia. Esa saña especial contra las mujeres, a las prisioneras políticas las tiene aisladas en el Chipote, que no las deja ver ni a sus hijos”, comentó.

 La situación es complicada, admiten. “Las mujeres no están encontrando alternativas y eso provoca que ahora tengan la tendencia a naturalizar la violencia. Si no tienen apoyo, no pueden terminar con ese ciclo de violencia y la dependencia económica. Las mujeres nicaragüenses están en condiciones bastante limitadas, asegura una feminista.

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