Juventud universitaria, vocación revolucionaria

Si algo nos enseñan estas décadas de Revolución es que los estudiantes universitarios fueron, son y serán actores clave en la vida política del país. La vocación revolucionaria, por más que se quiera silenciar, emerge estrepitosamente para transformar, una y otra vez.

Por SERGIO CABRALES

WASHINGTOND. C. —  Si hay una constante en losanales de la historia política de Nicaragua antes, durante y después de la Revoluciónsandinista es la vocación revolucionaria de los jóvenes universitarios. Tantoayer como hoy, esa vocación emerge y cataliza cambios políticos y sociales quetransforman la faz de la nación.

Fueronestudiantes universitarios quienes, un 27 de junio de 1944, se convirtieron enagentes de «efervescencia» y cambio político cuando tomaron lascalles de León para protestar contra los planes de reelección de Somoza García.La posterior represión del Gobierno contra ellos alentó una mayor participaciónpolítica de otros actores. Desde ese momento, los estudiantes se convirtieronen los oponentes de Somoza más visibles y unificadores, exigiendo democracia,participación política y múltiples políticas públicas (Rueda 2018).

Fueronestudiantes universitarios quienes demandaron autonomía en 1958, para reconocerla inviolabilidad física de la Universidad y su autodeterminación en lasdecisiones administrativas y académicas (Envío, 1986).

Fueronestudiantes universitarios quienes el 23 de julio de 1959 participaron en undesfile que rápidamente se convirtió en una marcha contra el régimenautoritario de Somoza, con cuatro asesinados y más de sesenta heridos.Nuevamente, como efecto multiplicador, la represión articuló los esfuerzos y laira contra el statu quo, creando una forma alternativa de oposición política aSomoza (Barbosa, 2005). Los estudiantes se convirtieron en la voz de laoposición popular. Muchos comenzaron a organizar una oposición formal y armadacontra el régimen, creando el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

Fueronestudiantes universitarios (y también de secundaria) quienes, en 1978, conSomoza todavía gobernando el país, convocaron una huelga escolar nacional queparalizó todo el sistema educativo. La demanda fue la misma: querían democraciay reformas políticas (Bone, 2018).

Con elderrocamiento de la dictadura a través de la Revolución sandinista en julio de1979, muchos estudiantes se involucraron políticamente en los procesosrevolucionarios. Sin el uso de repertorios de protesta, como décadas atrás, losestudiantes y la revolución introdujeron significativas políticas educativas:el derecho a la educación gratuita, un mayor acceso a las universidades através de la definición de su propia asignación presupuestaria (6% del PresupuestoGeneral de la República), la internacionalización y la formación académica,intercambios y expansión curricular (Envío, 1986).

Fueronnuevamente estudiantes universitarios quienes entre 1990 y 2006, con losgobiernos neoliberales y el programa de Ajuste Estructural, defendieron logrosde la revolución (como el 6%) y protestaron utilizando su repertorio habitual:marchas, ocupación de campus, mítines, bloqueos de carreteras y asambleas(Almeida, 2014). En múltiples ocasiones, estos episodios de protesta sevolvieron rápidamente violentos, con algunos episodios de represión y bajas.

Sin embargo,esta vocación revolucionaria pareció verse comprometida cuando Daniel Ortega(Frente Sandinista) regresó a la presidencia en 2007. Los estudiantespermanecieron relativamente inactivos en el escenario político (Bone, 2018).Esto se explica de muchas formas, pero principalmente por la simpatía hacia elFrente Sandinista entre las organizaciones estudiantiles, así como de sucooptación y clientelismo.

Aunquesurgieron algunas protestas y demandas políticas específicas de estudiantesdurante este nuevo gobierno de Ortega, las autoridades los manejaronrápidamente a través de negociaciones políticas o represión. Esta vocaciónsilenciada cambiaría abruptamente en 2018.

A pesar dela pasividad y la falta de críticas del cuerpo estudiantil nicaragüense durantemás de una década, en abril de 2018 surgió la campaña de protestas que cambióel escenario político y de la que ya extensamente se ha hablado en otrosartículos.

Con laimplementación de reformas en la política de pensiones sociales, losestudiantes comenzaron una ola de protestas en diferentes campus(principalmente marchas, mítines y ocupación de edificios públicos). Susacciones fueron nuevamente reprimidas, y estudiantes murieron a causa de labrutalidad policial.

Al igual queen la dictadura de Somoza, la represión contra ellos potenció a otros actoressociales que se unieron a la protesta, creando disturbios nacionales queexigieron la renuncia del presidente Ortega. Esta campaña de protestas es lamás grande que el país ha experimentado desde la Revolución sandinista en 1979.Nuevamente, todo comenzó en los campus y en la juventud universitaria.

Estacapacidad de los estudiantes universitarios para generar verdaderos terremotossociales no es exclusiva de Nicaragua. Los estudiantes han estado a la vanguardiade las protestas y movimientos de oposición en todo el mundo (Dahlum, 2018).

Muchasrazones explican esta capacidad de la vocación revolucionaria de losestudiantes:

•          Un mecanismo causal comprobado que vincula la educación con la democracia y la participación política (Dahlum, 2018; Fesnic, 2016; Jaramillo & Murillo, 2008).

•          Los estudiantes (y también profesores) simpatizan con los esfuerzos de democratización y tienen tiempo y flexibilidad para movilizar a otros sectores (Almeida, 2014).

•          La acumulación de experiencias de protestas y anhelos en la identidad política del estudiantado.

•          Los estudiantes tienen habilidades más avanzadas de lenguaje y comunicación.

•          Los estudiantes se benefician de la infraestructura de los campus universitarios. Esos lugares facilitan la circulación de ideas (Fournier, 2018).

•          Los estudiantes disfrutan de la simpatía del público (Kubal y Fisher, 2016).

•          Los estudiantes tienden a conocerampliamente otras personas, culturas y sociedades. (Dee, 2004 en Dahlum, 2018).

Si algo nos enseñan estas décadas de Revolución es que los estudiantes universitarios fueron, son y serán actores clave en la vida política del país. La vocación revolucionaria, por más que se quiera silenciar, emerge estrepitosamente para transformar, una y otra vez. Cuarenta años después de aquel punto álgido de vida política del país, la llamada a ver a los estudiantes universitarios es clave y evidencia que se está en deuda con ellos.


El autor, de25 años, es sociólogo y hace referencia a datos y evidencias encontradas en suObservatorio de la Protesta en Nicaragua, iniciado como un proyecto a partirdel 1 de enero de 2016 y que continúa hasta la actualidad.

Nota: El presente artículo es responsabilidad exclusiva de su autor. Lasección Voces es una contribución al debate público sobre temas  que nos afectan como sociedad. Lo planteadoen el contenido no representa la visión de Despacho 505 o la de su líneaeditorial.