“Nos volveremos a levantar”, dicen con resignación los pobladores de la comunidad Wawa Bar, Bilwi, una de las más afectadas por el paso del huracán Eta. Ahí hay destrucción: casas en escombros, árboles en el suelo y lanchas en tierra firme. Se le suma el hambre y la falta de respuesta oficial.

Aún no se sabe cuál es el impacto real que provocó este huracán que tocó tierra en categoría 4, el pasado martes. Las imágenes que se han visto en redes sociales y medios locales se quedan cortas para dimensionar la catástrofe, que se irá descubriendo a medida que pasen los días. Bilwi está devastado y sus comunidades, como Karata, más, dice un líder comunitario de la comunidad de Wawa Bar.

“Renaceremos con fuerza”, dice otro comunitario desde un vídeo. Hace 13 años el huracán Félix azotó con fuerza el litoral Norte del Caribe y cuando las comunidades sentían haberse recuperado, otro fenómeno natural llega y lo arrasa todo. “Decir que lo material no importa es difícil, para esta gente construir una casa implica mucho sacrificio”, dice una mujer de una organización del Triángulo Minero. 

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La información del Gobierno indica que han contabilizado hasta el momento 77 viviendas destruidas totalmente y 803 viviendas con daños parciales en Puerto Cabezas, sin embargo falta registrar otros municipios de la costa Caribe Norte. Los pobladores aseguran que el número es mayor.  En total, el Sistema Nacional para la Prevención, Mitigación y Atención de Desastres (Sinapred) reportaba hasta el jueves 1,073 viviendas “afectadas” por Eta, de las cuales 193 están distribuidas en 15 municipios de Occidente, Centro y Norte. Hasta el próximo lunes las autoridades han ofrecido presentar un informe país sobre la destrucción causada por el fenómeno.

SIN COLCHONES NI COMIDA 

A falta de información oficial, los ciudadanos se han encargado de desnudar las penurias que se están enfrentando en los refugios. Una chica grabó en Facebook un vídeo en el que le pregunta a un grupo de mujeres si han recibido ayuda. Ellas, humildes con niños en piernas y sentadas en el piso, responden que no.

José Medrano Coleman, del Centro por la Justicia y Derechos Humanos de la Costa Atlántica de Nicaragua

La situación en los albergues de Bilwi es dramática. En otro vídeo de Wawa Bar se muestra a un grupo de niños reunidos en un salón de clases  mientras una mujer dice: “Aquí estamos tratando de atender sólo a los niños pequeños, estamos viendo cuánto ajusta lo poco que tenemos”. 

José Medrano Coleman, del Centro por la Justicia y Derechos Humanos de la Costa Atlántica de Nicaragua, contó que la situación de hambre es generalizada en Bilwi, pero es peor en las comunidades indígenas. En el caso de Bilwi la gente vive del día a día, del comercio informal y la pesca, y a falta de trabajo se han quedado sin recursos para comprar alimentos. 

Desde el Pacífico la solidaridad con las comunidades del Caribe Norte de Nicaragua se ha visto criminalizada por el régimen de Daniel Ortega. La Policía ha asediado iniciativas de la Diócesis de Siuna en Managua y la Unidad Médica Nicaragüense (UMN) que han instado a la población a donar alimentos y medicinas.  

Familias acampan en un patio de Bilwi. D. B. / D505

ASISTENCIA OFICIAL POLITIZADA

Mientras que la poca ayuda oficial que ha llegado al territorio se ha visto politizada. “La ayuda no llega a los albergues, los refugiados tienen mucho tiempo sin alimentarse. La necesidad es muy grande y el Estado no está respondiendo y lo peor es que se está politizando la emergencia y se están vulnerando los derechos humanos de las personas”, dice Coleman. 

Por ejemplo, la mamá de Coleman perdió su casa, sin embargo no fue incluida en el censo de viviendas dañadas que han levantado las autoridades. Lo mismo ocurre con personas que han sido identificadas como opositoras a la Administración Ortega.

Eta destrozó casas en el Caribe Norte de Nicaragua. D. B. / D505

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Un poblador del barrio El Muelle, en Bilwi, fue desalojado hoy de un albergue. Perdió su casa y en el momento en que habló con DESPACHO 505, la noche de este jueves, se encontraba en una casa de plástico improvisada. En los días que estuvo en el refugio de la localidad no recibió alimentos ni ningún tipo de ayuda por parte de las autoridades regionales y nacionales.

Refugiado en Bilwi.

“No tenemos calzado, ni ropa, ni alimentos”, dijo entre la penumbra porque aún no hay energía eléctrica. Dice que las autoridades sólo han hecho presencia, pero no se han comprometido en algo concreto. “Las nueve casas de mis hermanas fueron destruidas. Se supone que las autoridades deberían responder lo más rápido posible. Las familias están pasando hambre, frío. Las cosas tienen que mejorar”, se alienta.

Sin embargo, las cosas no pintan bien. Las autoridades desde las cuatro de la tarde de este jueves empezaron a desalojar a las familias que se encontraban en los albergues, pese a que no tienen lugar adonde ir. “La orientación que tienen los colegios es empezar las clases desde mañana (hoy), eso nos hizo sentir mal porque mi familia no tiene ni comida ni techo y que nos desalojen de esa manera es frustrante, humillante”.

Esta noche, como las siguientes, la pasará con su familia en una champa que ha hecho a la sombra de una pared con retazos de plástico que le regaló una vecina. En la zona persisten lluvias e inundaciones. En las próximas semana se prevé una profunda crisis alimentaria.

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Con reporte desde Bilwi de Diter Bonilla Tucker Col.

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