La idea de que el pueblo de Nicaragua “necesite un líder” toma como condición ineludible que el pueblo no es capaz de determinar lo que es mejor para ellos, teniendo que confiar a ciegas en las decisiones de una sola persona, sean estas correctas o no.

Escribo este artículo en respuesta a una entrevista con el expresidente Enrique Bolaños, publicada por el medio digital Nicaragua Investiga, y titulada: “Que aparezca un líder que mueva a la población”.

Un día, alguien me compartió la siguiente frase: “No te ponés el traje para volverte superhéroe, primero te volvés superhéroe y luego te ponés el traje”. Aplica para lo que quiero exponer en estos párrafos.

Después de casi cuatro décadas de abuso de poder por parte de los gobernantes de Nicaragua, en los que la nueva élite ha pasado “halando agua para su molino”, es comprensible que el país se encuentre totalmente empobrecido, socialmente fracturado y profundamente polarizado.

En las sabias palabras de José Mujica, ex-presidente de Uruguay — “A los que les gusta mucho la plata hay que correrlos de la política”— encontramos una piedra fundamental necesaria en la construcción de sociedades inclusivas y democráticas. Esto es cierto no porque el dinero sea “la causa de todos los males” o porque esté mal desear tener una mejor situación económica, sino por el hecho de que no es la brújula adecuada que tenemos que utilizar si optamos por una vida de servicio al pueblo.

Es importante recalcar que el presidente de una nación, lejos de ser su gobernante absoluto, es ante todo un servidor público, un administrador de los recursos del pueblo, que se paga su salario con dichos recursos, a cambio de un servicio para el beneficio del pueblo. Siendo de esta forma, el pueblo el único y soberano gobernante de la nación, relegando a los presidentes a cargos meramente administrativos. El que lo entendió de otra forma aplazó el curso. 

La idea de que el pueblo de Nicaragua “necesite un líder” toma como condición ineludible que el pueblo no es capaz de determinar lo que es mejor para ellos, teniendo que confiar a ciegas en las decisiones de una sola persona, sean estas correctas o no. La historia nos ha dicho que esto no es el caso de Nicaragua, ya que a través de los años el pueblo ha tenido que luchar continuamente en contra de sus “líderes” para poder mantener el país a flote y la población a salvo de las decisiones que estos han tomado, las cuales, en su gran mayoría, han contribuido al detrimento de la calidad de vida y la sostenibilidad social de la población.

En el artículo al cual respondo en este escrito, se cita que actualmente hay “tantas fuerzas y tantas personas involucradas en el acontecer nacional del momento y que no nos han dicho qué es lo que promete cada uno”.  El pueblo de Nicaragua ha tomado continuamente la mala decisión de escuchar y tomar por un hecho las “promesas” de los líderes, ignorando de forma categórica sus “acciones reales” como fuente primordial de información acerca de los objetivos que estos persiguen.

A pesar de que hay varios posibles candidatos al poder político como Medardo Mairena, Carlos Fernando Chamorro, Félix Maradiaga, Juan Sebastián Chamorro y Violeta Granera por nombrar algunos, (aunque anden continuamente con la bandera de “no quiero ser presidente”), es importante hacernos las siguientes preguntas: ¿Qué han hecho estas personas por el pueblo hasta el momento? ¿Qué perdería o ganaría el pueblo si estas personas dejasen de existir? ¿Cuánto de su trabajo es para beneficio del pueblo y cuánto es para beneficio de ellos? (Estas preguntas las podemos también hacer para Daniel Ortega).

En estos dos años de trabajo autoconvocado he tenido el honor de conocer y trabajar con una gran cantidad de gente dedicada tiempo completo a mejorar la situación actual de Nicaragua, de forma desinteresada, sin percibir salario ni beneficio más que la satisfacción de ayudar al pueblo. Las acciones de estas personas anónimas, han tenido mucho más impacto positivo que todas las palabras de aquellos que buscan el poder político actualmente.

Si seguimos buscando nuestros líderes tomando como brújula sus promesas y palabras, estamos inevitablemente destinados a repetir nuestro pasado. Es hora de que le pongamos el traje de superhéroe a aquellos que realmente prueban con sus acciones diarias, de forma coherente, que tienen como único objetivo primordial e inquebrantable, el beneficio del pueblo, sin discriminación ni amiguismos de ningún tipo.

Antes de tener las respuestas que necesitamos, debemos comenzar a hacer las preguntas correctas. Antes de hacer las preguntas correctas, debemos examinar dentro de nosotros si somos capaces de formar parte de la comunidad nicaragüense. Para saber si podemos formar parte de la comunidad nicaragüense primero debemos preguntarnos a nosotros mismos, si estamos tan interesados en el bienestar de nuestro vecino como lo estamos en el nuestro. Si la respuesta a esta pregunta no es positiva, no debemos extrañarnos que cuando necesitemos ayuda, nadie venga a ayudarnos.

Es momento de dejar de servir a Nicaragua en bandeja de plata a quienes aspiran a la presidencia, es momento de hacer que primero prueben ellos con acciones (acciones ejecutadas con su propio dinero y recursos, no con los impuestos del pueblo), que tienen como objetivo principal el beneficio de todos y cada uno de los nicaragüenses.

*El autor es Director Ejecutivo de The Hague Peace Projects en La Haya, Holanda y miembro de SOSNicaragua – Europa.

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