El 28 de septiembre de 2019 circuló por última vez El Nuevo Diario, en un recuadro celeste destacado en la portada impresa se anunció la decisión de sus directivos de cerrar el segundo periódico más importante de Nicaragua. Ese fue el último día de trabajo para un centenar de trabajadores, entre ellos Josué Neftalí Espinoza Mejía, de 34 años. El capitalino llevaba trece años laborando para la empresa de comunicación y a partir de entonces lo que siguió en su vida fue aflicción y angustia por falta de trabajo. Desesperado migró a España. Buscaba una mejor oportunidad de vida y sacar adelante a los suyos, pero no lo ha conseguido. Ya hace planes para regresar a Managua. 

En  El Nuevo Diario, Espinoza se desempeñó como jefe de transporte de Redacción, cuya responsabilidad era garantizar los desplazamientos de los reporteros que daban cobertura a diversos acontecimientos.

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Al quedar sin empleo decidió utilizar su liquidación y unos ahorros para migrar a España, porque “la situación sociopolítica del país se complicó y no tenía oportunidades acá. Añade que todo se le complicó por ser extrabajador de un medio opositor al que asfixió el régimen de Daniel Ortega. Aduce que sufrió estigmatización y cada vez se le hizo más  difícil salir en busca de empleo. Tampoco podía gestionar documentos personales en las instituciones por miedo.

“Al ver que cada día  la situación económica empeoraba, el 29 de noviembre del 2019 decidí migrar a Bilbao en busca  de mejores oportunidades de vida, ya que de mis ingresos dependen mi madre de 62 años y mi hijo de 14”, expone.

Sin embargo, en España nada ha sido como pensó.  Primero estuvo en Bilbao, al norte del país,  y al no encontrar empleo cruzó el país para establecerse en Murcia, donde a ratos cuida a enfermos y en ocasiones pasea a ancianos.

LA IRREGULARIDAD TRUNCA SUEÑOS

Apenas estuvo en suelo español, se presentó en la Comisaría de Bilbao para iniciar el trámite de protección internacional, “pensando que en tres meses me lo otorgarían, pero me desilusioné cuando después de hacer mi gestión me citaron para darme respuesta hasta el 4 de mayo del 2021″, relata.

Lo que lamenta Espinoza es parte de las cosas que la Comisión Europea de Ayuda a Refugiados (CEAR) subraya como negativas en la atención a solicitantes de protección en España: las cifras oficiales reflejan menos resoluciones positivas de protección internacional y un aumento de las dificultades para acceder al procedimiento de petición de asilo, “con esperas para formalizar la solicitud en ocasiones superiores a un año”, refleja el informe 2020.

Consigue trabajos esporádicos e informales ofreciendo servicios como acompañantes de enfermos en hospitales o cuidador de ancianos por días u horas. Foto: Cortesía

En 2019, año en que Espinoza llegó a España, un total de 5.935 nicaragüenses tramitaron protección internacional, según estadísticas del Ministerio del Interior que en total recibió 118. 264 solicitudes, el doble respecto 2018. CEAR pone en relavancia la drástica baja en resoluciones positivas al pasar de  24 a 5.2 por ciento en el último año.

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De las 60.198 personas afectadas por expedientes resueltos el año pasado, 17. 266 (28,7%) quedaron sin ningún tipo de protección. Muchas de estas proceden de países donde la situación es especialmente grave como Colombia, Palestina, El Salvador, Nicaragua y Honduras. “No recibieron protección internacional, ni obtuvieron una autorización de residencia por razones humanitarias”, consigna el organismo que en el contexto de la pandemia impulsa una iniciativa para que el gobierno de España regularice a los inmigrantes.

Los solicitantes de asilo en España, tiene como beneficio la posibilidad de trabajar de forma regular en tanto el Ministerio del Interior no rechace la petición. Sin embargo, debido al aumento de solicitantes las citas se prolongan hasta por más de un año. Hasta julio de 2020 1.712 nicaragüenses consiguieron presentar el requerimiento.

Espinoza, por ejemplo, tiene permiso temporal para permanecer en el país ibérico que caduca el 4 de mayo del 2021, cuando debe presentarse ante las autoridades y recibir un permiso de trabajo renovable cada seis meses, en tanto no llegue una resolución a su caso.

“Cuando hice la solicitud me dijeron que tenía que esperar una cita hasta el 4 de mayo  del 2021, y que como no me otorgarían permiso para trabajar que acudiera a organizaciones humanitarias para que me brindaran ayuda para poder sobrevivir, pero donde uno va solo se encuentra con muros”, resiente Espinoza. 

PERSIGUIENDO TRABAJO EN ESPAÑA

Josué Neftalí Espinoza Mejía al cumplir cuatro meses en Bilbao sin trabajar un solo día, se contactó con una persona que le recomendó trasladarse a Murcia para trabajar cuidando a una persona de la tercera edad.

“En medio de este mundo desconocido y un futuro  incierto esa noticia me causó alegría porque significaba mi primer trabajo, pero después de viajar durante 12 horas en tren, me enteré que la plaza no estaba disponible y para colmo llegó la pandemia del Covid-19 y tuve que permanecer en confinamiento desde marzo hasta mayo”, narra decepcionado. 

Josué Neftalí Espinoza Mejía cuida enfermos en hospitales por 40 o 50 euros, según negocie. El trabajo tampoco es diario.

A mediados de julio, cuando las autoridades españolas implementaron lo que llaman desescalada del confinamiento obligatorio decretado desde el 12 de marzo, Espinoza salió a las calles de Murcia y comenzó a colocar avisos en postes y partes visibles de los hospitales, en lo que ofrece su servicios para cuidar enfermos y personas mayores.

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“Ya desesperado decidí ir a un ciber a imprimir estos avisos y colocarlos en postes, bancas, ascensores y cafeterías de hospitales y eso me ha permitido subsistir el día a día, porque hay personas que me contactan para que les cuide enfermos en el hospital ya sea por unas horas o el fin de semana. Otros me piden que les lleve a pasear a sus familiares de la tercera edad”, detalla.

Un día laborado le deja entre 40 y 50 euros en el bolsillo. Su prioridad es pagar el alquiler de una habitación y cubrir su alimentación. Su plan es regresar a Nicaragua apenas sea posible.

“Ese trabajo de cuidar enfermos o llevar a pasear a personas de tercera edad no es todos los días. Acá la situación para los migrantes es dura y  peor para quien apuesta al campo, y por eso creo que es mejor pasarla mal con mi familia que lejos de ellos, en medio de un mundo desconocido. Mi idea es prestar dinero y regresar a Nicaragua”, confía.

EN EL NUEVO DIARIO HABÍA LOGRADO SUPERARSE

El día que El Nuevo Diario cerró Josué Neftalí Espinoza Mejía confiesa que sintió tristeza. Su vínculo con el periódico que estaba por cumplir 40 años de labor informativa, inició a través de su padre, quien trabajó como chófer del periódico hasta 1988, cuando falleció en un accidente en la entrada del municipio de Tola, Rivas.

“El día  del accidente mi papá se dirigía a dejar periódicos al municipio de Tola y al cruzar  el puente La Zopilota el camión que conducía se volcó y él murió inmediatamente. En ese entonces el doctor  Danilo  Aguirre (q.e.p.d). le dijo a mi mamá que nos apoyaría. Cuando crecí me facilitó el trabajo como vigilante”, relata.

Cuatro años de trabajar como guarda de seguridad, Espinoza fue trasladado Transporte, como conductor, donde logró escalar a la jefatura del área. Esa experiencia pensó que le permitiría conseguir trabajo en España, pero está decidido a regresar, sin ahorros y una deuda porque no cuenta con el dinero para pagar el boleto aéreo.

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