Nicaragua, como muchos países en el mundo, tiene un problema serio que divide a la nación, en el que un sector de la población confunde el patriotismo con el nacionalismo. Uno no puede definirse igual al otro, pero hay quienes creen que son similares.

El nacionalismo se conoce como “doctrina y movimiento políticos que reivindican el derecho de una nacionalidad a la reafirmación de su propia personalidad mediante la autodeterminación política”. Estados Unidos es el mejor ejemplo de esto debido a lo ocurrido antes, durante y después de la presidencia de Donald Trump, pero históricamente no es el único ejemplo y como verán, al mencionar a Trump, muchas veces el nacionalismo surge gracias a la retórica agresiva e inflamatoria de un individuo que muchos llegan a elevar sobre todos los demás.

Napoleón en Francia, Hitler en Alemania, Mussolini en Italia y Stalin en Rusia.

A estas alturas ya deberías estar gritando: ¡Ortega en Nicaragua!

Pues, si… También Ortega, a través del sandinismo — no el que muchos llegaron a creer en los tiempos de Somoza — y que terminó por incumplir con sus promesas al ser fundado — sino el que se convirtió bajo el mando y la manipulación de Ortega. Aquí muchos estarían en desacuerdo conmigo, diciendo que el sandinismo los traicionó desde su fundación, etcétera, pero no pueden negar que hay quienes entregaron sus esperanzas y vidas al movimiento.

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Sería interesante ver una encuesta en la que preguntan ¿qué piensan sobre Nicaragua como país? Yo te apuesto que habrá quienes dicen que Nicaragua es lindo (entre otras palabras elocuentes y algunas no tan elocuentes). Pero también considero que habrá aquellos que dicen que Nicaragua es lindo, pero…

En la Nicaragua de Ortega, las personas que responden con alguna crítica son tildadas como “traidores a la patria” a pesar de ser totalmente lo contrario. Es más, nuestra historia está llena de individuos que llegaron a levantar sus voces para criticar sobre lo que pasaba en la nación. La razón por esos levantamientos (sin importar ideales) viene del anhelo de que en Nicaragua las cosas pueden y deben mejorar.

Esos “traidores” han existido a lo largo de nuestra triste historia de ocupaciones, dictaduras y gobiernos corruptos. A los mismos sandinistas se les consideró como “traidores” al criticar y querer sacar a Somoza. Los somocistas eran una especie de nacionalistas que no luchaban por ideales, sino por mantenerse en el poder, sea cual sea el costo. ¿Suena conocido? Los que son conocedores de nuestra historia y saben a qué me refiero entenderán que el actuar de los sandinistas de hoy, los que aún son fiel a Ortega, es igual o peor que los somocistas y que interpretan la historia de una manera muy revisionista — o sea, muy a lo Daniel. Esos sandinistas tampoco reconocerían que en algún momento de su pasado y de alguna forma eran igual los Azul y Blanco que se levantaron en unísono en abril de 2018.

Verán… Nicaragua es un ejemplo donde el nacionalismo (o, mejor dicho, el sandinismo, orteguismo o como quieran llamarlo) se convirtió en una hiedra, un cáncer que ha podrido el pensamiento crítico en las personas que aún creen que la rojinegro los llevará a la salvación del país — como los antiguos somocistas — sea cual sea el costo. Los valores que muchos sandinistas de hoy tienen no les sirven para encarar y criticar a sus líderes para el mejoramiento de la nación. No ven las imperfecciones ni la corrupción de quienes gobiernan, sino solamente lo que consideran como los males que impiden su avance: el “Yanqui injerencista”, los “puchos golpistas” o los “enemigos de la paz”. Solo saben responder de una forma venenosa a quienes hablan, sin pensar si hay alguna verdad detrás de las denuncias lanzadas o, son unos vendidos que simplemente no les conviene que el Frente deje el poder. Lo escuchan en los discursos del dictador o los monólogos de la “compañera” y lo repiten como loras que no saben ni cuestionan lo que dicen, pero suena bien, así que ¡va de viaje!

No importa si el pueblo tiene hambre… el comandante quiere misiles nucleares, así como busca apoyo de los rusos o los iraníes.

Pero, ¡eso es injerencia! No si el comandante lo pide… ¡Eso es sandinismo!

Los medios de comunicación del régimen siguen con el adoctrinamiento nacionalista al encargarse de vociferar los mensajes negativos sobre quienes buscan una salida para el país. Algunos reciben un buen salario por lanzar el veneno que origina desde El Carmen, diciendo que aquellos que supuestamente atentan contra la patria deberían ser apresados, enjuiciados, encarcelados o simplemente ¡que se vayan!

Pero cuando Ortega era opositor y gobernaba desde abajo también criticaba fuertemente e incluso incitaba a la violencia. Ahí andaba diciendo que hasta a “balazos” bajaría a los que estaban “mal gobernando”. Entonces ¿Ortega fue un traidor? No si el comandante lo dice… ¡Eso es sandinismo!

El patriotismo consiste en amar a la patria y criticar a quienes la manejan — el nacionalismo no es patriotismo. Ser opositor es ser patriota (excepto Ortega y sus secuaces), pero en Nicaragua hay un sector que lo convirtió en algo donde repetir falsas consignas, acudir a la violencia armada y ondear una bandera que no es la bicolor correcta es ser patriota.

¡Qué equivocados están!

El nacionalismo en Nicaragua — mejor conocido como sandinismo — es creer que su sistema es superior a cualquier otro y se defiende a toda costa, a punta de balas, sangre y muerte si es necesario. El sandinismo no se critica, mucho menos a quienes lo lideran; el que va en contra del sandinismo recibirá lo suyo por su traición.

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A pesar de los peligros que vienen con oponerse a la dictadura de Ortega, Nicaragua continúa necesitando a personas que alcen sus voces — como los patriotas que son — para criticar a quienes no están cumpliendo con su deber. El patriotismo puede traer muchas consecuencias y nuestra historia tiene miles de ejemplos para dar; individuos que amaban a su país, pero reconocían sus faltas y los errores que se hacían a diario. Fueron personas que no se quedaron callados al decir que tenía que haber mejoría y un cambio positivo. Mientras que ser nacionalista—sandinista—orteguista— lo que sea, se volvió en cuestión de demostrar quién tiene el poder de las armas, omitiendo la corrupción masiva y el cinismo de la pareja que apoyan. Los que no son sandinista dirían “por 200 pesos y unas láminas de zinc”, pero las razones realmente son otras.

“Patria libre, o morir” dicen, pero no libre de pensar.

No hay por donde confundirse.

El autor es maestro y autor de obras sobre la Rebelión de Abril en Nicaragua. Aquí podrá leer más contenido.

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