En la zona urbana la pobreza llegó al 26,4 % y en la rural al 25,5 %, lo que supone incrementos de 6,6 y 1,3 puntos porcentuales, respectivamente, con respecto al año pasado. EFE/Jeffrey Arguedas/Archivo

Hace dos meses Esperanza* no se preocupaban tanto por costear los alimentos como ahora. Recientemente, fue al mercado de Masaya y cayó en cuenta que con la misma cantidad de dinero ya no podía comprar los mismos productos que antes. “En mi familia, de seis personas, ya no nos alcanza el dinero”, dice esta mujer que es la administradora de un hogar en el que se juntan los salarios de tres personas y en el que se destina 10,000 córdobas para la comida de cada quince días. 

Esperanza sabe que el problema no es exclusivo de Nicaragua. Ha visto en las noticias que en Estados Unidos, donde tiene sobrinas que le mandan remesas, y en Europa los gobiernos están sufriendo apuros para que los ciudadanos atajen una desbocada inflación. Reconoce que ese problema global viene a agravar un problema que también viene viendo desde hace algunos meses en Nicaragua: “Mi hija me dice que el precio de la canasta básica está más caro, y eso lo hemos sentido”, cuenta.

El escenario global es oscuro por la inflación. En el caso concreto de Nicaragua será peor, como advirtió recientemente The Economist Intelligence Unit en un informe. “Hemos realizado nuevas revisiones al alza de nuestras previsiones de inflación de precios al consumidor, ya que los datos mostraron que los precios aumentaron con fuerza en abril, casi un 10% interanual. Ahora esperamos que la inflación anual promedio sea de 9,3% en 2022 y 6,3% en 2023”, dice la fatal proyección de la revista británica.

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Marco Aurelio Peña, economista independiente y especialista en desarrollo económico, dice que con la inflación “galopante” en todo el mundo a causa de la guerra de Ucrania y problemas en la cadena de suministros habrá una merma en las condiciones de vida por el deterioro del poder adquisitivo de los nicaragüenses. “Hay un estancamiento en los salarios y un incremento de la canasta básica”, dice. 

A mayo, el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (Inide) informó que el costo de la canasta básica, compuesta por 53 productos, aumentó a 17,219.68 córdobas, un incremento de 964.3 córdobas si se compara con el costo de inicio de este año. De hecho en un informe de mayo, el Banco Central de Nicaragua (BCN) reconoció que en abril la inflación fue de 9.95% asociada a la pandemia y la invasión rusa en Ucrania.

Pese al optimismo oficial con las medidas cosméticas, como el congelamiento del precio de los hidrocarburos, el país cerraría el año con una inflación de entre 6% y 7%, de acuerdo con las estimaciones oficiales. Y la economía podría alcanzar un crecimiento de entre 4% y 5%, algo que los economistas consultados para este reporte ven difícil de lograr. 

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BAJAN PERSPECTIVA DE CRECIMIENTO

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) revisó a la baja previsión de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB): de 3% a comienzo de año a 2.5% en junio de 2022. Estas  proyecciones desalentadoras que Esperanza*, la mujer administradora de un hogar en el Oriente del país, dejó de escuchar en canales de televisión oficialistas dan cuentan de la difícil situación que enfrentarán miles de hogares en el país. 

Carolina vive en Granada y hace dos años, en plena pandemia de coronavirus, dijo a este medio que tenía dificultades para comprar medicinas y alimentos. Ahora cuenta que en 2021 logró recuperar su poder adquisitivo, sin embargo este año vuelve a estar preocupada porque no logra completar los tres tiempos de comida de los seis miembros de su familia. “Me estoy preocupando porque no logro ajustar con mis 8,000 córdobas de salario para comprar alimentos”, comenta.

Su pareja ahora se encuentra en el desempleo y no ve en el horizonte cercano una posibilidad. “Cada día es más difícil para los pobres sobrevivir, estamos comprando los alimentos básicos”, dice en un tono de frustración. Hay días, cuenta, que ajusta sólo para comer arroz con salsa de tomate. “No podemos comer carne, no podemos darnos el lujo de comer pescado”, añade desde el otro lado del teléfono, mientras plancha ajeno en una casa de Managua, 

Pero su caso es solo una pequeña muestra de la pobreza que aqueja a Nicaragua, el segundo más pobre del hemisferio americano. El informe “Repercusiones en América Latina y el Caribe de la guerra en Ucrania: ¿cómo enfrentar esta nueva crisis?”, de la Cepal, señala que los países “exportadores netos de productos agroindustriales se verán afectados por el doble impacto negativo del mayor costo de la energía y de los fertilizantes, que no alcanzará a ser compensado por el aumento de los precios de sus principales productos de exportación”.

En Nicaragua ese impacto se vería en la pobreza total que crecería del 45.3% en 2021 a 46% en 2022. Este dato estaba condicionado si la inflación se mantenía en el 8.74% medido al cierre del primer trimestre. Pero con la reciente estimación de la inflación hecha por The Economist, de 9.3%, se elevará la pobreza hasta el  46.8%. Ante eso, la Cepal urge “sostener el bienestar de los sectores más pobres así como hacer de la seguridad alimentaria una prioridad”. “Para ello no se debe restringir el comercio internacional de alimentos y fertilizantes pues hacerlo aceleraría la inflación y dañaría a los más pobres”, aconseja el organismo de Naciones Unidas. 

Un economista que habló con DESPACHO 505, bajo anonimato, considera que en Nicaragua no se está aplicando ninguna medida para paliar los efectos de la inflación y se está dejando a los ciudadanos a su suerte. Recientemente, la Asamblea Orteguista, aprobó un préstamo por  200 millones de dólares al Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) para reducir el impacto del incremento de los precios de los combustibles sobre la economía nicaragüense.

“Eso es insuficiente, porque se maneja con discrecionalidad el dinero que dará el BCIE, se necesitan más medidas tomando en cuenta la complejidad de Nicaragua que tiene un alto índice de desempleo e informalidad”, señala el experto. En este punto coincide el economista Marco Aurelio Peña y agrega que el Gobierno debe reducir impuestos a las empresas, rebajar el impuesto de valor agregado en algunos productos (IVA) e incentivar la economía. Es decir crear empleos, pero eso es difícil tomando en cuenta que la inversión privada ha huído tras la crisis sociopolítica que inició en abril de 2018.

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Tanto Esperanza como Carolina también consideran que no hay una asistencia del Estado para paliar los efectos de una inflación global. Por ejemplo, ambas señalan que las repercusiones se sienten en el aumento de los precios de alimentos como el arroz, el aceite, y a eso se suma el alto costo de la energía, que de por sí es un problema histórico en Nicaragua. 

El alto costo de la energía ha provocado que sectores como el panadero trasladen el incremento al precio del producto y por ende se ha encarecido. Una mañana de mayo de 2022, Carolina mandó con 20 córdobas a su hija a una panadería, pensando que la bolsa traería 10 unidades de pan, sin embargo solo había 8. 

“Ayer (martes) escuché decir que la harina está subiendo y que la luz también. Si sigue así solo vamos a tomar café”, dice Carolina, que al igual que Esperanza se niega a imaginar lo peor, esa palabra de la que advierten los economistas y que podría empezar a ocurrir en septiembre de este año. 

“Solo espero que no nos muramos de hambre”, comenta Carolina, antes de pedir finalizar la llamada por WhatsApp porque se le acabará el Internet y no tiene dinero para gastar en más recargas móviles. Lo que más falta hace es el dinero, insiste.