Esta lamentable situación que enfrentan los migrantes en la frontera, es un motivo más que nos obliga a buscar el cambio. Salir de la dictadura para entrar al camino de la democracia, es la única vía para que en Nicaragua, este tipo de violaciones no vuelvan repetirse.

Durante la cobertura de la crisis que enfrentan los migrantes en la frontera sur, Nicaragua Actual –medio de comunicación dirigido por periodistas nicas exiliados en Costa Rica–  publicó una foto que lo dice todo.

Un joven nicaragüense de rodillas junto al mojón de la frontera, en un gesto de desesperación se sostiene el rostro y reza. A su lado el poco equipaje que carga. Frente a él, un grupo de policías le impide entrar a su país. A su otro lado, un agente antimotín con parte del rostro cubierto con una mascarilla luce pensativo. Mientras sostiene su escudo, dirige la mirada al horizonte. Quizás piensa dónde quisiera estar. Seguramente no ahí, bajo el sol, la lluvia y el calor sofocante, igual que el migrante.

Al nica, en la oficina de migración de Costa Rica le sellaron su pasaporte y salió de ahí. Pero en su país no lo dejan entrar.  Literalmente quedó en tierra de nadie. En ese espacio gris donde ocurre la crisis y que en todas las fronteras es conocido como la guardarraya. Espacio territorial donde nadie tiene jurisdicción.

En el contexto de la pandemia, para entrar a su país al nica le exigen la prueba que demuestre que no está contagiado de Covid-19.  El Gobierno tico no se la puede hacer porque ya salió. La dictadura nica, en lugar de hacérsela, ya que tiene miles de kits donados por un banco regional y otras instituciones, se la pide como requisito de ingreso.

Crueldad en su máxima expresión 

Obviamente, al imponer ese requerimiento viola el artículo 31 de nuestra Constitución que dice: “Los nicaragüenses tienen derecho a circular y fijar su residencia en cualquier parte del territorio nacional; a entrar y salir libremente del país” y quizá también otros. En fin, es solo la Constitución, esa que desde hace varios años, atropellan todos los días.

Ortega ha transgredido tantas leyes que hemos perdido la cuenta.  Pero eso nos ha servido para aprender mucho sobre  nuestros derechos.  Cada vez que comente un abuso, nos informamos si la Constitución lo prohíbe o aseguraba alguna prerrogativa que se está violentando. Así, entre tanta ilegalidad, los nicaragüenses hemos conocido nuestra Constitución Política, y llevamos cuenta de todos los derechos que la dictadura cruel y sanguinaria de Ortega nos ha confiscado.

Este caso de la frontera sur va más allá de una aberración jurídica, a las que lamentablemente ya estamos acostumbrados. Es una perversión sin límites que en la práctica a hermanos nicas se les despoje de su nacionalidad. Al negarles derechos que tienen en su patria, incluyendo la de entrar a ella, Ortega los está declarando apátridas. Es decir ciudadanos sin nacionalidad legal. La dictadura les ha despojado de todos sus derechos y vaciado su integridad como nicaragüenses.  Es la crueldad en su máxima expresión.

Volviendo a la escena de la foto en la frontera, como si se tratara de un gesto simbólico, a espaldas del nica está Nicaragua. Como si él quisiera decir que ya no quiere entrar.  Y no es para menos, al fondo se ven más policías y en el patio de la aduana nicaragüense, en un poste de luz ondeando la oprobiosa bandera rojinegra.  Otro atropello, porque las leyes también dicen que las instalaciones públicas deben estar libres de símbolos partidarios.

Pero que importa si está en las leyes o en la Constitución. Al dictador eso no le interesa, las manda a poner en aduanas, escuelas, hospitales y en todo sitio en el que se puedan ver. Sin embargo, es notorio que los sandinistas han dejado de poner esa bandera en sus casas. Salvo uno que otro fanático que bebe de la leche de la enflaquecida vaca pública, o algún otro que todavía cree en los Ortega.

Policías ticos humanitarios

Se han buscado mecanismos para ayudar. Se han organizado caravanas para ir en auxilio de estos hermanos, pero desde Managua es difícil. Para llegar hasta la frontera hay que pasar una kilométrica fila de camiones de carga. Y después, salir de Nicaragua para entrar con los víveres hasta la tierra de nadie, donde están hacinados y a la intemperie.

Cuando se diseñó ese puesto fronterizo, nadie pensó que un día, un régimen cruel abandonaría ahí, donde no hay ley, a cientos de sus ciudadanos.  La única forma que se ha encontrado para apoyarlos es por la vía costarricense. Son los policías de ese país los que humanitariamente les están pasando agua y víveres. Y coordinando el ingreso de la ayuda y la asistencia médica.

Lo que enfrentan los migrantes nicaragüenses en Peñas Blancas es una cruel política de Estado. Que además, se replica en Panamá, Guatemala y otros países, ante la indolencia y negación de las embajadas de Nicaragua en esas naciones. Y aunque eventualmente los dejarán pasar, la violación de sus derechos y la suspensión de su nacionalidad, aunque sea temporal, es inaceptable.

Obligados a regresar

En un contexto más general, la foto del migrante en la frontera refleja la dramática situación que enfrentan miles de nicaragüenses. Que ante la falta de oportunidades han tenido que buscar vida en otros países y que como en todo el mundo, también sufren los estragos de la pandemia.

El Covid-19 ha provocado que los más vulnerables pierdan sus trabajos. Tal como está ocurriendo con miles de hermanos nicaragüenses en Costa Rica. Eso además de demostrar la profundidad de la crisis, explica porque cientos de compatriotas abandonan uno de los países más estables de la región. Y tienen que regresar a un país donde no existen libertades, oportunidades de empleo, ni seguridad personal.  Peor aún, prefieren regresar a un país gobernado por una de las más sangrientas dictaduras que ha usurpado el poder en Latinoamérica, que quedarse expuestos al desempleo y el hambre. Así de mal estamos.

Esta lamentable situación que enfrentan los migrantes en la frontera, es un motivo más que nos obliga a buscar el cambio. Salir de la dictadura para entrar al camino de la democracia, es la única vía para que en Nicaragua, este tipo de violaciones no vuelvan repetirse. Por ello es imprescindible poner en marcha un proceso de discusión sobre el rumbo que debe tomar el país. Para que la crueldad con la que se está tratando a los compatriotas que quieren regresar no vuelva a ocurrir. Para evitar eso y otros abusos, debe ser prioridad formular una agenda de nación. En ella debe establecerse cómo se atenderán las problemáticas de los nicaragüenses, tanto dentro como fuera del país.  Pero este es un tema que abordaré en la próxima entrega de mi blog.

El autor fue Director Ejecutivo de Funides, actualmente es Director Ejecutivo de la Alianza Cívica.

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