Los grupos opositores de Nicaragua terminan este 2020 consumidos por las tensiones internas y liderazgos desgastados. No se logró la ansiada unidad y más bien se muestran dispersos en intereses particulares que sólo han beneficiado a Daniel Ortega en la consolidación de su proyecto dinástico. Para los analistas políticos resulta incomprensible que la oposición no se pueda poner de acuerdo cuando saben que la salida a la crisis que vive el país de abril de 2018 pasa por la unión. A pocos días de que termine el año, han sido pocos los actores que han reconocido los errores.

Aunque hay esfuerzos por  organizar a las bases a nivel nacional, se ha producido un desaliento generalizado por todas las agrupaciones que surgieron en abril y que hoy tienen baja incidencia. “Los estudiantes, la llama de la Insurrección Cívica, han decepcionado al país, el Movimiento Campesino igual, y parecen moverse a intereses propios”, dice una fuente cercana a la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia. Mientras, los grupos pasaron un año discutiendo si fortalecían o no el gran bloque en que se convertiría la Coalición Nacional, Ortega aprovechó para elaborar leyes que cercenan más las libertades. 

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Hoy por ejemplo se discute en la Asamblea Nacional un combo de leyes entre las que se encuentran el proyecto denominado “Ley de defensa de los derechos del pueblo a la independencia, la soberanía y la autodeterminación para la paz”, en el que se propone inhibir de cargos de elección popular a quienes encabecen o financien un golpe de Estado, alteren el orden constitucional, exijan o aplaudan sanciones internacionales, actos de los que el oficialismo acusa a la oposición. 

Félix Maradiaga, del Consejo Político de la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB) reconoce que fue un mal año para la oposición y lamenta que se haya perdido tiempo valioso. Aunque señala que Ortega está cada vez más aislado — y en eso también coinciden los analistas políticos — admite que “su único aliado es la desunión de una expresión plural de la oposición”, pero que todavía existe la posibilidad de iniciar el 2021 con una plataforma unitaria.

“No podemos permitir que el hecho que no se haya logrado fortalecer la unidad en el nivel que nos habíamos establecido en 2020, no sea una razón para perder el optimismo y  el compromiso moral de que se logre. No unirnos sería un acto de traición contra las víctimas  y los familiares de las personas asesinadas, exiliadas y encarceladas. Ortega apuesta a la fatiga de la oposición”, dice Maradiaga. DESPACHO 505 intentó hablar con Medardo Mairena y Max Jérez, del Movimiento Campesino y sector estudiantil, pero no atendieron las llamadas.

El intento de conformar la Coalición Nacional como el vehículo para derrotar en las urnas a Ortega en las elecciones generales de 2021 se ha ido desgranando. La Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia  decidió a finales de octubre abandonar esa iniciativa que ella misma formó  porque algunos integrantes cargaban con un pasado de corrupción, además por la continuidad de “la política tradicional”.  “Burocrática, pesada, y disfuncional”, la calificó el director ejecutivo de la Alianza, Juan Sebastián Chamorro.

La decisión sacudió a la Alianza Cívica. El sector académico y de sociedad civil conformado por Ernesto Medina, Carlos Tünnermann, Azahalea Solís, José Alberto Ideáquez, y Juan Carlos Gutiérrez renunciaron a su representaciones en el grupo opositor, y algunos acusaron al sector privado de forzar la decisión. Luego, líderes territoriales tomaron la representación de la Alianza Cívica y decidieron quedarse en la Coalición Nacional.

Así que 2020 parece ser un año con más sombras que luces para la oposición. “Es permanente la desunión, es casi nuestra carta de presentación, algunos señalan cuestiones ideológicas, y eso es lo peor, son temas de perspectivas que no vamos a conciliar nunca. La premisa fundamental es salir de la dictadura y eso lo sabemos todos, por eso es incomprensible que la oposición no se pueda poner de acuerdo y eso se debe a que no ha podido conciliar intereses”, señala el politólogo José Antonio Peraza. 

El planteamiento de Peraza también es compartido por el analista Bosco Matamoros, quien define este año como trágico para la oposición debido a que no ha podido definir sus retos estratégicos. “El régimen está debilitado, pero se oxigena con base a que no hay una alternativa que proponga un horizonte diferente al país, tenemos la anarquía, la incompetencia de la oposición”, critica con dureza Matamoros, agregando que ve inmadurez, y que no está a la altura del reto histórico que enfrenta. 

El próximo año el país asistirá a elecciones generales y las esperanzas están puestas en lograr un cambio de rumbo siempre y cuando sean transparentes, observadas y libres. Sin embargo, hasta hoy Ortega no ha mostrado voluntad política para hacer reformas electorales, que es una de las demandas de la oposición, y al contrario, promulgó un tridente de leyes que violan más los derechos civiles y políticos de los nicaragüenses, medios de comunicación y las organizaciones políticas y de sociedad civil: la Ley de Regulación de Agentes Extranjeros, la Ley Especial de Ciberdelitos y la reforma constitucional para establecer la pena de cadena perpetua. Por otro lado, ha aumentado la represión justo en la víspera del año electoral.

“La comunidad internacional está clara que Ortega no es viable, Ortega está aislado, yo dudo que pueda sostenerse en el poder, las leyes aprobadas demuestran que está asustado, porque si va a un proceso electoral libre no va a ganar. Esas elecciones sin oposición creíble no van a valer”, comenta Peraza. El especialista considera que si Ortega pretende eliminar a la oposición se hace más daño él porque nadie va a reconocerlo, aunque existe la posibilidad de que los partidos colaboracionistas acudan a las urnas para darle legitimidad al proceso.  

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“Cuando llegue el proceso de negociación, si es que llega, él quiere golpear la mesa. Ortega  te maltrata, para luego negociar, y decir ya cedí, y entregar lo menos posible, pero ya no creo que esos trucos de Ortega funcionen. Todo pasa por una reforma electoral. Estados Unidos no va a reconocer las elecciones, posiblemente se le bloqueen los préstamos de manera definitiva y el costo lo vamos a pagar todo”, advierte el especialista.

Todos los grupos opositores hablan de unidad, pero ahora no la conciben como un proceso en el que estén bajo un solo paraguas. En febrero de este año, la Unidad Nacional y la Alianza Cívica, presentaron la Coalición Nacional, el bloque que aspiraba ser similar a lo que en su momento fue la Unión Nacional Opositora de 1990, que logró derrocar en las urnas a Daniel Ortega tras más de un década de pobreza y guerra. 

Félix Maradiaga dice que la unidad no puede ser un fetiche ni un concepto abstracto. “Ya hay bastante claridad de cuáles son los actores institucionales y personales que pesan más de forma colegiada si trabajamos juntos, pensar en un unidad de las distintas expresiones políticas en una sola plataforma es platónico”, dice el político, a la vez que menciona que  los retos para la unidad eran más profundos de lo que se estimaron.

“Como aspecto positivo es que han habido avances como la construcción de confianza con varios actores políticos del país. Hay una fragmentación de las siglas, y si bien hoy están dispersas hay más cohesión, hoy estamos conversando con más franqueza. 2021 me hace ver con más optimismo por las lecciones aprendidas y que nos debería llevar a una mayor cohesión de la oposición, no hay otra alternativa a la unidad”, explica.

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