El 23 de enero de 2019, Juan Guaidó, para entonces presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, se autoproclamó Presidente de ese país arropado por una multitud, resucitando así a la desgastada oposición venezolana. Más allá de si ese nombramiento tuvo éxito o no para enfrentar al régimen de Nicolás Maduro, el joven político logró aunar a varios grupos opositores bajo su figura en un hecho inédito producto de la unidad y las negociaciones.

Guaidó tomó la decisión de autoproclamarse Presidente de Venezuela después que la comunidad internacional desconoció las elecciones generales de mayo de 2018 en las que Nicolás Maduro se reeligió. En ese momento se miró la oposición nicaragüense, aunque en el discurso defendía la idea de que Nicaragua no era Venezuela. Aún así, en el primer semestre de 2021, los dirigentes de la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB) y la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia se reunieron con Guaidó mismo para pedirle consejos ante la deriva de Ortega, que es igual o peor que a la de Maduro. 

“Yo creo que la oposición estaba clara que llegaríamos a ese momento, y en algún momento se pensó que algunos dirigentes debían salir del país para lograr mantener la lucha fuera en caso que Ortega decidiera encarcelar a cualquier figura de peso, pero todos tenían la esperanza de ser candidatos presidenciales subestimando las acciones de Ortega. Hoy día no hay ningún líder”, dice un opositor que por seguridad prefiere resguardar su identidad. 

El régimen ha encarcelado a 13 líderes de oposición y a un alto directivo financiero. La represión no cesa mientras crece la condena de la comunidad internacional.

Nicaragua afronta este enero un escenario como el que vivió Venezuela en 2019, pero sin un líder que pueda afrontar a Ortega. Todas las figuras relevantes están secuestradas y los que se han exiliado en Costa Rica mantienen un perfil bajo. Las organizaciones que antes se erigían como una fuerte oposición, la UNAB y la Alianza, hoy no pasan de comunicados, mientras surgen pugnas y más divisiones internas.

“Aquí lo que necesitamos es que la oposición, lo que queda y la verdadera oposición, no el montón de organizaciones que han surgido, sin peso, se sienten, apoyen a una figura y elaboren una estrategia porque con comunicados no van a sacar a Ortega”, añade otro analista.  Ni Kitty Monterrey, la presidenta del partido Ciudadanos por la Libertad (CxL) que prometió seguir la “lucha” de Costa Rica, ha cumplido en aglutinar a la oposición exiliada y la que aún resiste en el territorio nacional. Tampoco al día de hoy se conoce quién es la principal figura de la UNAB y la Alianza, mientras que el sector estudiantil, la chispa que encendió las protestas sociales de 2018, tiene liderazgo visible. La razón, dicen muchos, es el miedo.

Al menos tres opositores del país coinciden en la idea de que se necesita a una figura como Juan Guaidó. La pregunta es quién, y responden que antes del 23 de enero de 2019, el opositor venezolano era un desconocido. Y en efecto lo era, pero la diferencia es que la oposición de Venezuela logró dejar las divergencias a un lado, pese a años de fragmentación. La oposición deja claro que no necesita a un presidente interino, sino a un líder que pueda hacer contrapeso al dictador Ortega que asume un nuevo mandato este 10 de enero. 

ASÍ LLEGA LA OPOSICIÓN

La oposición nicaragüense ha sido víctima de sí misma y del régimen. De sí misma porque no ha sido capaz de lograr la unidad, y de Ortega porque anuló personerías jurídicas de los partidos, encarceló a los líderes de las principales organizaciones y reprimió con una fuerza tal que al día de hoy hay miedo. 

En palabras de analistas, la oposición democrática nicaragüense está “lastimada”, “desorganizada”, “fragmentada” y “golpeada”. Aun así, fragmentada, algunos consideran que las fuerzas de oposición sí están trabajando para resolver la crisis existente en Nicaragua. Entre los logros alcanzados mencionan que la comunidad internacional está preocupada por lo que pasa en el país, especialmente con el tema de los presos políticos y las violaciones de derechos humanos.

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Los opositores y analistas consultados por DESPACHO 505 no se ponen de acuerdo en si existe o no un frente común en contra de Daniel Ortega. Uno de los líderes juveniles de la Alianza Cívica asevera que sí, pero no hay coordinación orgánica, además, menciona que se está trabajando “de forma silenciosa” en una reingeniería tanto de la dirigencia política como de la organización en los territorios.

Para otros, como Marcella Guevara, la realidad es que la oposición está segmentada y cada grupo tiene sus perspectivas, pero considera que “el esfuerzo que se debe hacer es cohesionar y lograr que esa confluencia de propósitos se unifique, porque todos apostamos a salir de la dictadura”.

Que la Alianza Cívica se haya separado de la Coalición Nacional fue “mortal”, indica Ernesto Medina, para quien ese momento de 2020 se debió aprovechar para formar un gran y fuerte bloque opositor. Una buena opción fue también la Coalición Nacional, pero nuevamente la Alianza Cívica se salió para irse con Ciudadanos por la Libertad (CxL).

Un analista señala que los “prejuicios ideológicos” de la lideresa de CxL, Kitty Monterrey, también abonó a que no se lograra la tan ansiada unidad de la oposición democrática. Un error que menciona el analista fue intentar crear esa unidad a través de una estructura que tuviera estatutos. “Ese camino está lleno de escollos”, dijo.

Lo que terminó de “desarmar” a la oposición fueron las distintas acciones represivas del dictador Ortega, quien encarceló a los entonces precandidatos presidenciales, a líderes opositores y de la sociedad civil, así como también obligó a ir al exilio a otra gran cantidad de opositores.

Los líderes de partidos políticos tradicionales que se preciaban de ser verdaderos opositores, como los del PRD y CxL, también se equivocaron, pues intentaron aprovechar la legalidad que tenían y que les daba derecho a una casilla para menospreciar al liderazgo que nació de las protestas de 2018. “Al final se quedaron sin Beatriz y sin retrato”, expresa un líder opositor en el exilio.

Un analista que está en el exilio manifiesta por su lado que “el movimiento iniciado el 18 de abril del 2018 fue una explosión espontánea, improvisada, de indignación y protesta contra los crímenes y abusos del régimen. La transformación de ese movimiento en una fuerza política unificada ha probado ser una meta difícil de alcanzar, no obstante, los avances logrados y el cambio de circunstancias más favorables”.

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CUÁNTAS ORGANIZACIONES HAY 

Al día de hoy es difícil señalar cuál es la organización opositora que cuenta con más respaldo. En su momento lo fue la Unidad Nacional y la Alianza Cívica, pero estas dos han quedado relegadas.

Sin embargo, para una lideresa de la Unión Nicaragüense Autoconvocada, la oposición se divide en dos grupos. Por un lado, está la oposición que creó Ortega en las elecciones pasadas, la que solo iba por un cargo y que se le conoce como “zancuda”, y por otro está la verdadera oposición democrática.

Han surgido otras organizaciones en el exilio, pero no hay unidad entorno a una estrategia común para enfrentar a Ortega.

Esta última está conformada por todas las organizaciones de derechos humanos, de la sociedad civil, de diferentes sectores, así como también por la UNAB y la Alianza Cívica y el Movimiento Campesino. En el exilio se han conformado otros grupos importantes, indica la joven. Todos ellos, por el momento, coinciden plenamente en un punto: la liberación de los presos políticos y en apoyar a sus familias.

Los partidos políticos deberían de salir de este escenario, a juicio de Ernesto Medina, porque demostraron que “no le tienen amor a Nicaragua” y que “no pueden manejar esta crisis”. El exmiembro de la Alianza expone que no tiene el panorama claro sobre la oposición ya que no existe en este momento un frente común contra Ortega, porque, así como en la actualidad ha habido “acercamientos” entre diferentes grupos, también ha habido “distanciamientos”. “Seguimos en las mismas. Aún no hay conciencia de la gravedad de la situación”, expresa.

“Ahorita, pensar en una unidad dentro del país es difícil por la represión. En el exterior se han formado muchos grupos, pero ya se señalan diferencias entre ellos”, manifiesta otro analista político. Para Marcela Guevara, de la Unión Nicaragüense Autoconvocada, es importante reconocer que la oposición está fragmentada, pero se debe hacer el esfuerzo de que se unifiquen todos los “propósitos” que tienen los diferentes grupos en la lucha contra la dictadura.

“Lo importante es que se está trabajando con una metodología y un enfoque diferente, más apropiado a la realidad que enfrentamos y más a la altura de los retos que tenemos de frente tras la farsa electoral del 7 de noviembre”, dice otro analista que está en el exilio.

EL FUTURO INMEDIATO 

Más que la situación de la oposición, los opositores y analistas consideran que en este momento la prioridad es la liberación de los presos políticos, porque sus derechos están siendo violentados por Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Además, hay otras prioridades. Que se restauren derechos a la ciudadanía como el manifestarse en las calles y que regresen a su patria todos los nicaragüenses que están en el exilio. “¿Cómo llegamos a eso? Eso es lo complicado. Es un proceso difícil”, señala un líder juvenil de la Alianza Cívica.

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En estos momentos, propone un analista político, la unidad de la oposición democrática pudiera iniciar entre los exiliados para que después se proyecte dentro del país. Lo único sería que ya no se realice mediante una estructura con estatutos sino con “acciones”. Lo que está claro es que la solución a la actual crisis no vendrá de actores extranjeros, sino de los mismos nicaragüenses

Un analista que se encuentra en el exilio manifiesta que, a pesar de que existe ausencia de una estrategia unificada, se debe “elaborar una estrategia diseñada a partir del análisis objetivo de los principales factores de sustentación del régimen y cómo erosionarlos”. Esto permitiría a la vez, dice, diseñar las formas de organización más efectivas para la puesta en práctica de dicha estrategia.

Por su parte, Marcella Guevara es de la idea de que “la oposición necesita un equipo facilitador profesional- neutral. “Expertos en mediación y construcción de estrategias de desarrollo organizacional y obviamente con experiencia en procesos sociopolíticos”, plantea la dirigente.

El punto fundamental, indica un líder opositor, tiene que ver con la ausencia de una estrategia unificada. “Entiendo que esta es una de las preocupaciones fundamentales en los esfuerzos que se hacen en este momento, elaborar una estrategia diseñada a partir del análisis objetivo de los principales factores de sustentación del régimen y cómo erosionarlos. Esto permitiría a la vez diseñar las formas de organización más efectivas para la puesta en práctica de dicha estrategia”, analizó.

LA OPOSICIÓN Y EL DIÁLOGO

Para Ernesto Medina, es preocupante que la palabra “diálogo” se esté satanizando, al punto de que hay algunos grupos que ya están insinuando enfrentamientos violentos, algo que nadie quiere en el país.

El régimen ha logrado debilitar a la oposición a punto de represión.

Medina manifiesta que se hace necesario un diálogo, pero definitivamente no es el que está proponiendo Daniel Ortega, del cual “solo podría salir lo que él quiere”. Un diálogo al estilo de Ortega desde ya cuenta con el rechazo de toda la ciudadanía democrática, especialmente la de los familiares de personas asesinadas y de los presos políticos.

Si la oposición democrática considera que no hay condiciones para un diálogo, lo que sí se podría hacer es discutir qué se puede hacer para que existan esas condiciones que le den validez.  “Hay que sentarse y ver qué se puede hacer. Eso no se está haciendo”, lamenta Medina.

La oposición democrática nicaragüense tiene mucho trabajo en este año 2022 y uno de los aspectos más importantes, además de un verdadero diálogo, es el de que se realice un nuevo proceso electoral de calidad, coinciden analistas.

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“La necesidad de nuevas elecciones estará siempre en el horizonte de una salida pacífica a la crisis, pero la desaparición de los partidos políticos, el encarcelamiento de los líderes, la imposición de un Estado policíaco y un Gobierno de facto, obligan a pensar el tema electoral en un contexto más amplio, cuyos elementos fundamentales están contenidos en el marco de referencia aprobado en la última resolución del Consejo Permanente de la OEA y que son también los términos de referencia de una eventual negociación”, agrega. 

En ese punto es necesario el surgimiento de nuevas figuras opositoras, como ocurrió en Venezuela. Es en ese espejo en el que debe verse la oposición, dice un analista.