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La pandemia negada: Seis meses de miedo, muerte y secretismo

El régimen de Daniel Ortega ha minimizado el impacto de la pandemia en Nicaragua. Realizó marchas, no cerró fronteras, no impuso una cuarentena ni decretó el Estado de Emergencia. Así ha avanzado el coronavirus en Nicaragua desde el primer día en que se detectó el caso cero.

Pinchá en cada virus y seguile la pista al coronavirus en Nicaragua

Por Gato Encerrado | 18 de septiembre 2020

El 13 de marzo de 2020, cinco días antes de registrarse el caso cero de coronavirus en Nicaragua, la vicepresidenta Rosario Murillo convocó a una inusual marcha que bautizó “Amor en tiempos del Covid”, y que rompía cualquier lógica ante la mayor amenaza sanitaria en años recientes. “Vamos a caminar con la fuerza de la fe y la esperanza en todo el país, en oración permanente y solidaridad con todos los pueblos, familias y hermanos en el mundo afectados por el coronavirus”, dijo Murillo. Al día siguiente, miles de simpatizantes sandinistas y funcionarios públicos caminaron sobre la Avenida Bolívar, en Managua, con carteles propagandísticos y carrozas con representaciones de una sala de hospital, en un desafío al virus que colapsó los sistemas de salud de América, Europa y Asia. 

Así, mientras los demás gobiernos de la región centroamericana se blindaban decretando Estado de emergencia, toques de queda, cuarentena, cierre de fronteras y suspensión de cualquier actividad que implicaba aglomeración de personas, en Nicaragua, el régimen se empeñó en decretar normalidad. Y cuando detectó el primer contagio de coronavirus, aplicó la misma política que ha definido su gestión en los últimos 13 años: el secretismo. 

La gestión de Daniel Ortega ha destacado por hacer un manejo político de la emergencia. Ha buscado borrar todo rastro, ocultar la calamidad, con el argumento de que Nicaragua, el segundo país más pobre de América Latina, tenía un fuerte sistema de salud público. “El Covid-19 es el ébola de los ricos y blancos”, expresó en marzo, el propagandístico William Grigsby, en su programa radial de La Primerísima. Daniel Ortega por su parte comparó el coronavirus con una gripe. 

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“Lo principal en este período ha sido la total y absoluta desconexión del régimen con lo que está sucediendo con la pandemia en Nicaragua”. Dora María Téllez, exministra de Salud.

TRAGEDIA CON MAGNITUD DESCONOCIDA

Para el epidemiólogo Álvaro Ramírez, en Nicaragua ha ocurrido una pandemia con magnitud desconocida. No hay una información real que permita a los ciudadanos y especialistas saber cuál ha sido el impacto. El régimen lleva seis minimizando y mostrando cifras de contagios y muertes que difieren de la realidad. “No sabemos cuántos se han hospitalizado ni cuántos han muerto. Las cifras no se saben ni se acercan a la realidad sobre lo que está pasando en Nicaragua”, dice el experto.

El Ministerio de Salud no ha sido transparente ni con la Organización Panamericana de la Salud en cuanto al número de contagios y pruebas de coronavirus que se han practicado en el país. “La reserva de los reportes actualizados por parte del Minsa impide conocer si quiera la fase en que se encuentra la enfermedad”, señaló ese organismo a inicios de mayo, y calificó como “indeterminada” la transmisión. A finales de ese mismo mes el organismo de salud determinó que el país había entrado en fase de transmisión comunitaria. Las autoridades locales nunca lo admitieron.

Los datos que se conocen de manera oficial se han obtenido por reportes del Gobierno de Nicaragua al Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y por filtraciones hechas por el grupo de hackers Anonymous. En un informe de septiembre presentado al BID para la solicitud de un préstamos de US$43 millones, el régimen admitió su incapacidad para hacerle frente a la pandemia.

Los datos aportados por el Minsa, y a los que ni siquiera ha tenido acceso la OPS revelan un dramático escenario para el país. Sin ese proyecto millonario, en Nicaragua se habrían registrado 23,524 muertes y 5,880,597 contagios. Las estadísticas botan el protocolo de preparación y respuesta y otro informe que envió al BID en el que aseguraba que en seis meses, partiendo de marzo, se alcanzarían 813 muertes y 32,500 afectados.

Con esos fondos para enfrentar la pandemia, el régimen proyectó 97,500 contagios y ,1950 muertes, según el documento “Respuesta inmediata de salud pública para contener y controlar el coronavirus y mitigar su efecto en la prestación del servicio en Nicaragua”. Por su parte, un informe de médicos independientes, basado en datos filtrados por Anonymous, entre el 28 de febrero y el 24 de julio, el Minsa realizó 17,284 pruebas de coronavirus PRC, de las que 9,683 dieron positiva, es decir el 56%. Por primera vez en cinco meses desde el inicio de la pandemia se cuantificó el número de pruebas hechas por el régimen.

“El régimen primero negó la pandemia, negaron el impacto que podía tener en Nicaragua, después lo subestimaron, estimaron que iban a haber 20,000 casos y 800 muertos, luego se negaron a tomar cualquier tipo de medida de prevención, mitigación y contención”, valora la exministra de Salud, Dora María Téllez. Otro dato que agrega el epidemiólogo Álvaro Ramírez es que no se sabe el perfil clínico epidemiológico de la pandemia en Nicaragua. “Es imposible medir impactos porque el Gobierno ha ocultado las cifras y eso es criminal”, asegura. 

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“En medio de esta pandemia, no se ha dejado de trabajar, porque aquí si se deja de trabajar, el país se muere y si el país se muere, el pueblo se muere, se extingue”. Daniel Ortega

SIN MEDIDAS, EN NICARAGUA NO PASA NADA

A finales de marzo y con la primera muerte de coronavirus, Nicaragua era el país de la región centroamericana que menos medidas había adoptado para contener el virus. Según un reporte de la Secretaría General del Sistema de Integración Centroamericana (SICA),  Ortega para entonces solo había aplicado dos medidas de siete en total relacionadas al control epidemiológico en puntos de ingreso terrestre, marítimo y aéreo, y la implementación de protocolos de vigilancia epidemiológico.

Contrario a su homólogos de la región, Ortega mantenía las fronteras abiertas y seguía convocando a actividades masivas, mientras él se protegía del virus en El Carmen con la adquisición de guantes, mascarillas y alcohol en gel, como lo demostró esta investigación de DESPACHO 505. Y si el aeropuerto se vio obligado a cerrar fue porque las aerolíneas suspendieron sus vuelos a Managua. 

La dictadura sólo suspendió las actividades que involucraban una participación directa de Ortega y Murillo, como el 41 aniversario del repliegue táctico a Masaya y de la Revolución sandinista. “Se están reuniendo artistas jóvenes, y jóvenes de siempre (adultos mayores), que están realizando grabaciones para que el día 18 de julio, la vigilia sea transmitida desde el Canal 6, y con nuestros cantos, flores, recuerdos, y nuestro afán de futuro, celebremos en grande el 41/19 (cuadragésimo primer aniversario)”, indicó Murillo, en una declaración que implícitamente admitió la realidad de la pandemia. 

La OPS en más de una ocasión insistió al régimen decretar medidas de distanciamiento en toda Nicaragua ante el avance de los casos y muertes de coronavirus en el país. De igual forma demandó a las autoridades de salud revelar dónde se ubicaban los brotes más fuertes de Covid-19 para que se implementaran medidas más fuertes para combatir la pandemia. “No se tomaron medidas de contención por lo que vimos un brote muy intenso en mayo y junio, el pico máximo. A diferencia de otros países de Centroamérica que cuando vieron el aumento de casos tomaron medidas de contención, en el caso de Nicaragua tuvimos una evolución natural de la enfermedad”, valora el infectólogo Carlos Quant.

“Este es un país donde probablemente haya más de seis mil muertes y centenares de miles enfermas, pero el registro del Gobierno sigue mostrando a Nicaragua como si no estuviera pasando nada, el único país del mundo donde no pasa nada”, comenta por su parte la exministra de Salud Dora María Téllez. 

Pese a la negativa de tomar medidas, el régimen disfrazó la suspensión temporal de clases con el adelanto de las vacaciones de medio año. En abril, el Ministerio de Educación implementó clases virtuales a través del estatal Canal 6 para todos los estudiantes del sistema público. “En el caso de Nicaragua, según lo que me decía el ministro Salvador Vanegas, el 80% de los estudiantes del sistema público no pueden acceder (a internet), pero sí a la televisión educativa, que es lo que vamos a potenciar este año”, señaló Murillo, en ese mes. El proyecto se echó a andar sin ninguna preparación y dejó en evidencia las debilidades de la educación en el país. El Ministerio de Salud también organizó visitas casa a casa para informar a la población sobre el coronavirus, algo que también fue criticado porque fue considerada una acción tardía.

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“Un trabajador de salud tiene un riesgo de 13% de fallecer por Covid-19 en el país, es decir, que de cada 100 pueden fallecer 13. Para nosotros es una cifra alarmante”. Leonel Arguello, epidemiólogo.

A PRIMERA LÍNEA DE COMBATE, SIN ARMAS

A seis meses del inicio de la pandemia en Nicaragua los únicos datos que se tienen del impacto entre el personal de salud son extraoficiales: 803 contagiados y 107 fallecidos. Los datos del Observatorio Ciudadano indican que el 13% del personal que ha adquirido el Covid-19 ha muerto.  

En Nicaragua el sistema de salud público y privado cuenta con 37,659 trabajadores, según datos oficiales. Este personal ha enfrentado la pandemia en la primera línea de batalla casi desprotegidos, presionados por una política de censura gubernamental, con poca capacitación y sin la posibilidad de reclamar mejores condiciones para desempeñar su labor.  

En este periodo, el principal reto que ha enfrentado y que enfrenta el personal de salud en la desinformación oficial permanente sobre el Covid-19, lo que lo conllevó a no tomar las medidas de prevención del contagio en el lugar de mayor carga viral como es el hospital y la unidad de salud, explica el epidemiólogo Leonel Argüello, integrante del Comité Científico Multidisciplinario para el abordaje del coronavirus. 

Ante la falta de información oficial transparente, oportuna y con detalle de al menos, sexo, edad y lugar, se debe asumir que existe un subregistro de alrededor del 39% de casos entre el personal de salud, si comparamos el exceso de mortalidad de causas relacionadas con la pandemia y el número de fallecidos reportados entre el personal de salud.  

Un trabajador de salud tiene un riesgo de 13% de fallecer por Covid-19 en el país, es decir, que de cada 100 pueden fallecer 13. “Para nosotros es una cifra alarmante”, dice el epidemiólogo.  A nivel internacional entre el 20% y 40% de los trabajadores de salud han sido afectados por la enfermedad y según los datos reportados por los gobiernos a la Organización Mundial de la Salud, excluyendo al de Nicaragua, en Centroamérica, la tasa de letalidad en médicos es del 2.7%. 

En Nicaragua los datos del Observatorio Ciudadano indican que, de los 803 contagios reportados entre el personal de salud, 477 corresponden a médicos y médicas del sistema público y privado. De las 107 muertes reportadas entre el personal de salud, 44 corresponden a médicos. 

El temor al contagio siempre ha estado presente. Durante los meses de marzo, abril y mayo hubo una prohibición de parte de las autoridades a utilizar los equipos de protección personal, lo que además representó una carga moral de poder llevar el virus a sus casas y enfermar a su familia. 

“La carga moral de tener que mentir a su paciente, la familia del paciente, a su propia familia y a la sociedad en su conjunto. Y no menos importante, el estrés y posible trauma, de la impotencia y del número de personas que fallecieron en tan poco tiempo por una causa evitable”, reflexiona Argüello.  

El personal de salud del sector público, de las empresas médicas previsionales y de las fuerzas armadas, Ejército y Policía, continúan con temor, “porque si se filtra información de los casos fallecidos, pueden ser despedidos y en nuestro país, más en la situación actual depresión económica, encontrar trabajo cada día será más difícil”. 

Personal de salud con sintomatología asociada o presuntiva de Covid-19 por departamento y municipio. Todos los departamentos o regiones autónomas del país (en 74 municipios). Managua (289), Matagalpa (92), León (88), Nueva Segovia (47), Estelí (46), Masaya (39), Granada (38), Chinandega (38), Madriz (32) son los departamentos que reportan mayor número de personal de salud con sintomatología asociada o presuntiva de Covid-19. 

“Es un crimen politizar la medicina y la ciencia. Los conocimientos científicos deben prevalecer sobre la política”. Grupo de intelectuales del mundo

UNA PANDEMIA POLITIZADA

“El Gobierno ha dejado en clara evidencia el mal manejo de la pandemia, porque lo ha politizado”, responde el epidemiólogo Álvaro Ramírez, cuando se le pregunta cuál es el balance de estos seis meses. Esa politización de una emergencia sanitaria quedó demostrado en el documento “Al pueblo de Nicaragua y al mundo informe sobre el Covid-19 y una estrategia singular-Libro Blanco”.

“Con la actual pandemia de la Covid-19, la oposición golpista de Nicaragua y sus patrocinadores de las agencias de acciones encubiertas de Estados Unidos, han arremetido con una campaña de desinformación masiva, con su misma práctica de mentir diariamente al pueblo nicaragüense tratando de socavar la confianza en el Gobierno”, reza el documento en el que se acusa a los medios de comunicación de publicar noticias falsas y a la oposición de pretender restar confianza al régimen. 

La administración de Daniel Ortega se declara víctima de terrorismo informativo que se gestó desde los Estados Unidos, por medio de los grandes medios de comunicación como CNN y que Costa Rica reprodujo con el afán de mentir contra Nicaragua. “Nicaragua es el ejemplo de ataques infundados con respecto a lo que sucede con la pandemia”, señaló el documento. 

Ortega ordenó a despedir a médicos de hospitales públicos que informaban sobre el avance de la pandemia de coronavirus en el país. “Nos hemos enterado con verdadero asombro y preocupación de la decisión de su gobierno de despedir a médicos y personal hospitalario, sólo por expresar su opinión crítica sobre el manejo de la pandemia del COVID19 en su país (…) Consideramos que es un crimen politizar la medicina y la ciencia. Los conocimientos científicos deben prevalecer sobre la política”, instaron escritores e intelectuales de todo el mundo en un comunicado de prensa.

Además, Ortega impidió que otras organizaciones entregaran kits de higiene a la población. Incluso el Ministerio de Salud prohibió a monseñor Rolando Álvarez ejecutar un proyecto para habilitar centros de prevención y atención médica para captar casos sospechosos de coronavirus en Matagalpa.

“El Minsa me acaba de notificar que no puedo llevar adelante el proyecto de los Centros de Prevención Médica, ni siquiera el Call Center. Quiero dejar constancia ante el pueblo que nosotros como Diócesis quisimos trabajar por la salud de nuestro pueblo y no nos han permitido”, denunció el religioso el cinco de abril.

Ortega tampoco permitió a los hospitales y clínicas privadas realizar las pruebas de coronavirus, pese a la insistencia del Consejo Superior de la Empresa Privada.  El sistema de salud no se organizó para una lucha anti epidémica, ni tampoco los servicios de salud se pusieron en función de la atención de casos, porque no hubo acceso a las pruebas de confirmación de existencia del virus en el paciente, medida que limitó extraordinariamente el control de la enfermedad.  

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“El pueblo al saber que los hospitales y centros de salud no proveían el servicio ciudadano apropiado empezó a usar mecanismo de defensa y a tratarse en sus casas”. Álvaro Ramírez, epidemiólogo.

ENTIERROS EXPRÉS Y EL COLAPSO DE HOSPITALES

El repunte de contagios se vivió en los meses de mayo y junio. El drama de la emergencia quedó evidenciado en los entierros nocturnos exprés; los ataúdes que se enfilaban en las afueras de las morgues de los hospitales; las muertes en casa por aparentes síntomas de coronavirus; y la alta demanda de cajas funerarias. En Managua, familiares de los pacientes con aparentes síntomas vivían horas de zozobra desde el hospital Alemán Nicaragüense, donde se concentraron los casos de coronavirus.

El régimen informó que 19 hospitales del país estaban preparados para atender la pandemia de coronavirus. Los centros de Managua, Chinandega, Estelí y Masaya colapsaron en la primera semana de mayo, informaron médicos. Tras un aumento de muertes, imposible de ocultar, la población empezó a documentar los entierros que se realizaban con estricta vigilancia del Minsa. 

“El régimen no preparó al sistema de salud para lo que podía pasar”, dice la exministra de Salud, Dora María Téllez. El Gobierno empezó a actuar espontáneamente y cinco días antes de registrarse el primer caso de coronavirus, difundió una circular al Sistema Local de Atención Integral en Salud (Silais) y hospitales, con una guía de abordaje clínico. El Minsa ordenó a los médicos aplicar Interferón Alfa 2b, Hidroxicloroquina, Lopinavir y Azitromicina para pacientes graves.  En mayo, hubo un déficit de ventiladores.

Una investigación de DESPACHO 505 demostró que el Minsa esperó hasta el 30 de abril, 43 días después de reportar el primer caso de coronavirus en Nicaragua, para comenzar a aprovisionarse de medicamentos, insumos médicos, equipos y material de reposición básico para enfrentar la pandemia.

Entre el 30 de abril y el 5 mayo, la autoridad de Salud destinó 206.2 millones de córdobas, equivalentes a poco más de US$6 millones, para suplir las unidades médicas del país donde se atienden a casos de Covid-19, más de la mitad provenientes de los recursos del Tesoro. Entre sus compras de última hora incluyó implementos de protección para el personal que se mantiene en la primera línea de lucha contra el nuevo virus y que, por tanto, es el que corre mayor riesgo de contagio.

Ante un colapso de los hospitales y falta de confianza en el sistema de salud, los ciudadanos empezaron a tratarse en casa, provocando lo que los expertos llaman un silencio epidemiológico. “Uno de los balances más importantes de este período es la decisión de los nicaragüenses de cuidarnos. En el país, por ejemplo, se ha difundido el uso de la mascarilla, el uso de la mascarilla está totalmente generalizado”, valora la exministra Téllez.

Mientras tanto, el epidemiólogo Álvaro Ramírez expresó que los nicaragüenses actuaron con inteligencia porque al saber que los hospitales y centros de salud no proveían el servicio apropiado, empezaron a usar mecanismo de defensa y a tratarse en sus casas, y no ir a los hospitales. 
A seis meses del primer caso, el virus parece haber dado tregua, aunque advierten que ahora se ha extendido a las zonas rurales donde es difícil obtener información. Las proyecciones apuntan a una segunda ola a finales de septiembre a inicios de septiembre. “En nuestro país el coronavirus circula libremente y está lejos de ser controlado. No podemos permitir que se vea normal fallecer del Covid-19 en nuestro país, es una muerte evitable”, alerta el epidemiólogo Leonel Argüello.

CRÉDITOS

COORDINACIÓN: José Denis Cruz
EDICIÓN: Edith Pineda
TEXTO: José Denis Cruz
COLABORACIÓN: Uriel Velásquez
ILUSTRACIÓN: Luis González
DESARROLLO: Tony C.
RECOPILACIÓN DE DATOS: Diego Silva y Uriel Velásquez

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