Si hay algo que el dictador Daniel Ortega no logra controlar en Nicaragua es el rechazo generalizado de una mayoría de los nicaragüenses que se podría reflejar este domingo en una alta abstención de votantes, pese a los intentos del régimen de movilizar a los ciudadanos haciendo uso de los recursos del Estado. 

Por las casas de barrios urbanos y comunidades rurales del país se han desplazado simpatizantes del régimen para convencer a ciudadanos que vayan a las urnas. Desde hace dos semanas, “Martha” ha recibido la visita amenazante de dos militantes del Frente Sandinista quienes le han obligado a que brinde información sobre el número de personas en edad de votar. 


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Al final de la visita, recuerda esta mujer de un barrio de Managua, lanzan un mensaje que devela el motivo real de la visita: “Ya sabe, mire que el comandante y la compañera (Rosario Murillo) han hecho cosas buenas por el país, nos repararon la calle, que nunca nos hicieron los gobiernos neoliberales”. Martha lo cuenta en tono de risa y señala que las palabras de los operadores son hasta cierto punto tontas “porque no hay por quién votar”. 

Más de 4.4 millones de nicaragüenses están llamados a las urnas este domingo 7 de noviembre.

Aún cuando está recibiendo visitas constantes, Martha asegura que no votará, tampoco irá a las urnas a depositar un voto nulo. Y como ella otros nicaragüenses también harán lo mismo en una acción que la oposición considera una forma de protesta ante los comicios en los que Ortega será reelecto, sin ninguna garantía democrática. 

Alexa Zamora, miembro del Consejo Político de la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB), considera que el llamado a no votar además de ser una forma de protesta “dificulta al régimen validar los resultados” de este domingo.

Por eso insiste en que si la población acude a las Juntas Receptoras de Votos (JRV), aunque sea para votar nulo, estarían respaldando o legitimando los resultados. 

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“Es una protesta porque el régimen le ha cercenado a los ciudadanos su derecho a elegir a quiénes serán sus próximos servidores públicos y autoridades, ya que encarcelaron a todos los candidatos, pero también deteniendo a más de 100 personas”, añadió Zamora.

EL VOTO PERDIDO DE UNA GENERACIÓN

“Alejandra” nació en el año 2001, justo cuando Ortega se postuló como candidato presidencial en las elecciones que perdió frente a Enrique Bolaños. Este 2021, con 20 años, iba a votar por primera vez, pero en vista que su candidata favorita, Cristiana Chamorro, está detenida prefiere quedarse en casa.

Ella conoce a otros jóvenes que reniegan porque el régimen le quitó la oportunidad de elegir a un gobernante. Participó en las protestas ciudadanas de abril de 2018 y como miles más, confiaba en que Ortega dejaría el poder por la vía cívica, y que en 2021 habría una fiesta cívica como en 1990.

“Es muy triste que yo haya crecido prácticamente bajo el régimen de los Ortega, mis padres cuentan que ellos han visto como candidato a Ortega desde 1984, es triste la verdad, es triste que te quiten la oportunidad de elegir”, afirma en tono de desilusión, la estudiante de Marketing. 

Para estas elecciones están llamados a las urnas más de 4.4 millones de Nicaragua, de un población total superior a las seis millones, sin embargo se desconocen cuántos jóvenes están habilitados para ejercer el sufragio por primera vez.

“Alejandra” considera que vaciar las calles este domingo mandará una señal de repudio generalizado al régimen, y se convertirá en una protesta en la que Ortega no podrá maniobrar. “Quisiera poner música azul y blanco ese día, pero estamos presos en nuestro propio país”, dijo cuatro días antes de las elecciones. 

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A más de 500 kilómetros al sur de la casa de Alejandra, en Costa Rica, radica la opositora Ana Quiroz quien es una de las voces que  llama a quedarse en casa este 7 de noviembre. Ella dice que no ir a las urnas le da a la población “cierta esperanza” a pesar de la gran presión que hay para que vayan a votar. 

“Dejar las calles vacías el 7 de noviembre es una forma de protestar ya que hay silencios que gritan y el silencio en esta ocasión de no salir, no hacer bulla, de quedarse en su casa, eso va a ser uno de esos silencios que grita repudio al régimen y no queremos y no les creemos su farsa electoral”, dice en una entrevista vía telefónica con este medio. 

“Creo que alguna gente que se estaba planteando ir a votar y votar nulo ahora lo está pensando un poco, porque están reflexionando que el votar nulo no afecta al régimen porque de todas maneras ya quedó registrada tu firma”, comenta Quiroz. 

Pero un opositor miembro de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia  defiende la idea de que los ciudadanos vayan a las urnas a votar nulo. Lo plantea porque probablemente los nicaragüenses podrían ser presos de las amenazas del régimen. 

“Si los están amenazando, que vayan y voten nulo”, manifiesta el líder opositor. Su familia está viviendo en carne propia las amenazas del régimen para que participen en las votaciones, pero no puede denunciarlo.

La situación que enfrenta es descrita por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en el informe  “Concentración de poder y debilitamiento del Estado de Derecho en Nicaragua”, presentado la semana pasada, en el que destaca que la concentración del poder por el Ejecutivo ha facilitado que Nicaragua se transforme en un Estado policial.

La CIDH expresa que el Gobierno tiene instalado un régimen de supresión de todas las libertades, mediante el control y vigilancia de la ciudadanía y la represión ejercida desde las instituciones de seguridad estatales y paraestatales.

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Además, denuncia que el proceso electoral se da en el contexto de completo debilitamiento del Estado de Derecho y de un profundo deterioro en materia de derechos humanos. 

LOS NICARAGÜENSES DESMONTAN MENTIRAS

Para algunos analistas, el régimen de Daniel Ortega está preocupado por el alto nivel de abstencionismo que prevé la oposición.

Eso explica que desde las escuelas, instituciones públicas y casa a casa; operadores políticos y la militancia organizada en las denominadas Unidades de Victoria Electoral (UVE) se han desplegado para atemorizar, coaccionar y hasta ofrecer “recompensar” a aquellos que acudan a votar.

El CSE no acreditó a la prensa nacional ni extranjera, tampoco habrá observación electoral independiente.

Un operador llegó a la casa de la familia Montes para convencer a los miembros de que si participaban en el proceso podrían acceder a programas del régimen como Usura Cero. 

Dos semanas antes de las elecciones recibió visitas de miembros de Consejos del Poder Ciudadano, la visita del alcalde del municipio donde habita y finalmente una miembro de la brigada electoral. “Nos hemos sentido con miedo, pero no voy a legitimar este fraude”, comenta un miembro de la familia que por temor, decide hablar bajo anonimato. 

Al respecto, Luciano García, de la organización Hagamos Democracia (Hademos) lamenta la situación que enfrentan los nicaragüenses, pero deja claro que el fraude de este domingo ya está preparado desde hace varios meses, en el momento que no se impulsó una reforma electoral y se apresaron a los candidatos de oposición.

“El régimen va a querer engañar, el fraude de este proceso no es el día de mañana, ya se hizo”, insiste desde Costa Rica, donde se exilió desde 2018 tras persecución del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

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Por eso también apoya la idea de que la población se quede en su casa, no como resignación, sino porque el solo hecho de no visitar los Centros de Votación es una rebelión cívica.