La pandemia del Covid-19 trastornó la economía mundial. Al iniciarse la recuperación económica en 2021, anunciada por el Fondo Monetario Mundial (FMI) al menos en los países de economía avanzada y en algunos países de economía emergente, los datos económicos pueden conducirnos a resultados “engañosos” y “ruidosos”.

Estamos comparando datos económicos de 2021 con datos económicos distorsionados por el coronavirus. Si a los datos económicos le aplicáramos ajustes estándares que se aprenden en un curso de estadísticas, por ejemplo, la variación estacional que trata de suavizar el comportamiento mensual o trimestral de las principales variables macroeconómicas, estamos obteniendo resultados increíbles, engañosos, y ruidosos, que no funcionan bien en una economía que todavía está distorsionada por el Covid-19.

El Índice de Precios al Consumidor (IPC) Nacional elaborado por el Instituto Nacional de Desarrollo de la Información (Inide), correspondiente a junio de este año, fue publicado la semana pasada.

¿Cómo le gustaría leer la variación relativa o porcentual del IPC, es decir, la tasa de inflación?

Comencemos la lectura del IPC con las respuestas a las preguntas más frecuentes que hacen los  consumidores y los productores sobre el comportamiento de los precios al consumidor, como son su nivel, sus causas y la expectativa inflacionaria de corto plazo.

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La tasa de inflación mensual en junio fue igual a 0.72%, porque se aceleró el alza de los precios de los grupos de alimentos y bebidas no alcohólicas, transporte, y alojamiento, agua, electricidad, gas y otros combustibles.

La tasa de inflación acumulada entre diciembre de 2020 y junio 2021 se ubicó en el nivel de 2.24%, igual a la de los alimentos y bebidas no alcohólicas, pero influenciada principalmente por los precios de las bebidas alcohólicas y tabaco, y del transporte.

La tasa de inflación interanual en junio, es decir la inflación anualizada a junio del año en curso, de particular interés para los empresarios en su toma de decisiones, fue del orden de 3.94%, explicada principalmente por los precios de bebidas alcohólicas y tabaco, transporte, comunicaciones, y alimentos y bebidas no alcohólicas.

Concluimos con la lectura de la variación relativa del Índice de Precios al Consumidor Subyacente (IPCS), en otras palabras, la tasa de inflación subyacente, que no toma en cuenta los precios muy volátiles de los alimentos y de los combustibles, la cual también podemos considerar como la expectativa de la tasa de inflación de corto plazo.

La tasa de inflación subyacente registrada en junio mostró el siguiente comportamiento: mensual, 0.64%; acumulada anual, 3.14%; e interanual, 4.70%, que es muy cercana a la de registrada en marzo de 2020, el mismo mes en que se anunció oficialmente la presencia de la pandemia del Covid-19 en Nicaragua.

La inflación en Nicaragua no es preocupante, porque continúa oscilando alrededor del 4% interanual y aún no ha llegado a la barrera del 5%. Esta afirmación anterior la fundamenté en un artículo económico escrito hace tres semanas sobre los “efectos base” y las interpretaciones económicas engañosas de las variaciones de las principales variables macroeconómicas en tiempos de severas crisis extraeconómicas, en el cual afirmé que la inflación subyacente interanual había descendido desde el rango de [5.25%, 6.56%] alcanzado con la reforma tributaria de febrero 2019, hasta el rango de [2.56%, 4.13%] entre abril de 2020 y mayo de 2021, y que en este año había vuelto a oscilar alrededor del nivel tradicional de 4%.

Reitero que, en estos momentos de crisis, la tasa de inflación más realista es la subyacente, y que si en términos interanuales arribara al 5% y luego comenzara a buscar el nivel de 6% habría fuertes presiones inflacionarias y la política monetaria, que se ha mantenido contractiva, tendría que endurecerse.

Por otro lado, según los datos del Banco Central de Nicaragua (BCN), el gasto real de consumo individual de los hogares (o en precios constantes de 2006) en el primer trimestre de 2021 reflejó un levísimo aumento (en volumen) de apenas 0.04% con respecto a su nivel observado en el trimestre anterior, o sea, el cuarto trimestre de 2020, pero en términos interanuales, el mismo gasto de los hogares del primer trimestre de 2021 en relación con el registrado en el primer trimestre de 2020 registró un incremento de 2.31%, una cifra que es “engañosa” por el “efecto base”, y que al ser comparado con el gasto observado en el primer trimestre de 2019, un trimestre que ya estaba afectado por la crisis política surgida en abril de 2018, mostró un aumento de 5.19%, otra cifra “engañosa” y, además, “ruidosa”, porque al ser comparado con el mismo gasto de consumo del primer trimestre de 2018, que puede ser considerado como el último trimestre “normal” de la economía de Nicaragua, indica un desplome de 3.64%.

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Por consiguiente, no se podría afirmar que el consumo de las familias se ha reactivado. La demanda alicaída del gasto de consumo de las familias aún no contribuye a la reactivación de la producción de bienes y servicios finales, ni a la reducción del desempleo y subempleo.

Además, tampoco se podría afirmar que el gasto real (o sin inflación) de consumo de los hogares se ha reducido porque se aceleró la tasa de inflación de los precios al consumidor. Si tomamos en cuenta la tasa de inflación subyacente, podemos decir que la presión inflacionaria en el mercado local se ha normalizado en este año debido a la demanda alicaída de productos de consumo final y a la persistente contracción de la base monetaria o liquidez en córdobas que ha garantizado tanto el fortalecimiento de la posición de las reservas internacionales administradas por el BCN, como el cumplimiento apropiado de la condicionalidad de la estabilidad macroeconómica del país, o sea, el mantenimiento de la estabilidad del tipo de cambio y del índice de precios al consumidor.

El autor es economista y presidente de Consultores Para el Desarrollo Empresarial (Copades). Lea más artículos en su blog aquí.

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