[vcv_menu key="elecciones-2021"]

Octubre 18, 2021

Las estocadas de Ortega a la incipiente democracia nicaragüense

 

Desde que llegó al poder en 2007, Ortega asaltó los poderes del Estado para instaurar un régimen dictatorial que sepultó la democracia iniciada en 1990 con el triunfo de Violeta Barrios de Chamorro. Un pacto y una permanente desestabilización antecedieron.

 

Por Despacho 505 | Octubre 18, 2021 

Vestido con camisa blanca de mangas largas, arremangadas a la mitad de los brazos, con un pantalón gris y acompañado de su esposa Rosario Murillo, Daniel Ortega retomó la presidencia de Nicaragua el 10 de enero de 2007.

 

Atrás habían quedado 16 años de gobiernos de derecha en los que Nicaragua avanzó en su intentó consolidar la democracia. 

 

Se trataba de una democracia incipiente, pues los viejos vicios de la política nicaragüense no dejaban de existir, pero había habido avances significativos por instalar un Estado de Derecho.

 

Ortega había prometido “paz y amor”, pero había muchas dudas respecto a esta promesa porque desde que perdió el poder en 1990 se había dedicado a realizar actos de desestabilización en el país, como asonadas, conflictos en la Asamblea Nacional y no había dejado gobernar en paz a Violeta Barrios de Chamorro, Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños.

 

También había ocurrido crímenes de personas que eran rivales políticos de Ortega y cuya presencia significaban un obstáculo para el retorno al poder que tanto deseaba el caudillo del FSLN.

 

Ortega no dejó que pasara mucho tiempo para demostrar que había regresado para instalar una dictadura. En este artículo, DESPACHO 505 cuenta cómo Ortega eliminó las esperanzas de democracia en Nicaragua y cómo ha construido una dictadura en la que él y su mujer, Rosario Murillo, son los principales  protagonistas.

 

I. El pacto 

 

 

Para finales de 1998, el entonces presidente Arnoldo Alemán sufre presiones de organismos internacionales que le exigen realizar reformas al Estado y además es duramente criticado en los medios de comunicación por su inoperancia tras el desastre causado por el huracán Mitch, en octubre de ese año.

 

En su libro Cultura Política de Nicaragua, el ya fallecido politólogo Emilio Álvarez Montalván, explica que Arnoldo Alemán necesitaba realizar maniobras en la Asamblea pero no tenía la cantidad de diputados suficientes, apenas en su bancada había 42, y necesitaba votos que solo le podía dar el FSLN.

 

Por otra parte, el FSLN tenía pocos cargos en las instituciones estatales y Daniel Ortega reclamaba mayor cuota de poder. En ese momento el FSLN solo tenía cuatro magistrados en el poder judicial, de 12 en total. Y un magistrado de cinco en el poder electoral.

 

En ese mismo año, 1998, la hijastra de Ortega, Zoilamérica, lo acusó de violación y Ortega tenía temor de ser despojado de su inmunidad como diputado en la Asamblea Nacional.

 

Álvarez Montalván señala que en ese momento Alemán y Ortega comienzan a acercarse en secreto porque se necesitaban para cumplir con sus ambiciones.

 

“El PLC y el FSLN concluyeron finalmente que necesitaban un matrimonio de conveniencia para conseguir las reformas a la Constitución y a la Ley Electoral para cumplir con las exigencias internacionales y de paso lograr sus propias metas, o sea, elegir funcionarios en los poderes institucionales del Estado que fuesen confiables a sus intereses respectivos”, manifiesta Álvarez Montalván.

 

En secreto, Alemán y Ortega pactaron un acuerdo político mediante el cual se repartieron los poderes del Estado. Con las reformas constitucionales, que se realizaron en el año 2000, la mitad del poder estaba en manos de Ortega y la otra mitad en manos de Alemán.

 

Aumentaron el número de autoridades en cada institución. La Corte Suprema de Justicia pasó de tener 12 magistrados a 16, ocho del FSLN y ocho del PLC. En la Contraloría General de la República (CGR) se instalaron cinco contralores en vez de uno, tres del PLC y dos del FSLN. Así hicieron en todas las instituciones.

 

Para algunos abogados que piden el anonimato, el pacto Alemán — Ortega fue el inicio de la destrucción del Estado de Derecho en Nicaragua. Los cargos se elegían por intereses políticos y no por capacidades. Con el tiempo, el pacto fue destruido en el sentido de que Alemán perdió su cuota de poder. En la actualidad, todas las autoridades obedecen a Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo. Pero el pacto sigue vivo en otros sentidos.

 

Una de las principales consecuencias del pacto fue que le permitió a Ortega ganar las elecciones de 2006. La Constitución establecía que un candidato presidencial para ganar necesitaba al menos el 40 por ciento de los votos totales.

 

Tras el pacto, en la reforma constitucional de 2000, un candidato podía ganar con solo el 35 por ciento de los votos totales siempre y cuando alcanzara una ventaja mayor al cinco por ciento sobre el contendiente más cercano. De esa manera, Ortega pudo vencer el obstáculo de que nunca pudo alcanzar el 40 por ciento, pues su techo estaba establecido en 38 por ciento.

 

El pacto permitió que la presidenta del Poder Electoral,  Rosa Marina Zelaya, fuese sustituida por un sandinista, incrementando el número de orteguistas al mando de ese poder del Estado.

 

“Sin esa resolución, el Frente nunca podría haber ganado las elecciones. Nunca”, dijo el sandinista Dionisio Marenco, ya fallecido, en una entrevista a La Prensa en agosto de 2008.

 

 

Lo único que trajo el pacto a Alemán es que se garantizaba una diputación e inmunidad. “Pocas veces en la historia de las negociaciones políticas nicaragüenses un partido había obtenido tan poco a cambio de tanto”, explica el académico Humberto Belli en su libro Buscando la tierra prometida.

 

II. El regreso al poder

 

 

El presidente Enrique Bolaños decidió enjuiciar al expresidente Arnoldo Alemán por actos de corrupción mientras fue mandatario, pero Alemán continuó respaldado por el Partido Liberal Constitucionalista (PLC). Ante eso Bolaños tuvo que crear una nueva agrupación política que se denominó Alianza por la República (APRE).

 

En las elecciones municipales del 2004, los liberales iban divididos en dos grupos políticos diferentes, Daniel Ortega se había aliado con diversos opositores, antiguos enemigos políticos muchos de ellos, y conformó un grupo que denominó Convergencia.

 

El FSLN ganó 87 alcaldías, incluidas 14 de las 17 cabeceras departamentales del país, mientras que el PLC ganó 57 y el APRE solo cuatro.

 

La historiadora Frances Kinloch Tijerino explica en su libro Historia de Nicaragua que el escenario de las elecciones municipales del 2004 se repitió en las presidenciales del 2006, en las que Daniel Ortega logró recuperar la presidencia de Nicaragua que había perdido en 1990.

 

La campaña de Ortega en 2006 se caracterizó por muchas alianzas con diversas fuerzas políticas, incluyendo al partido de los excontras, el Partido Resistencia Nicaragüense (PRN) y el de los indígenas del Caribe, Yatama, considerados enemigos del sandinismo desde los años ochenta.

 

Incluso, el compañero de fórmula de Ortega fue un exdirectivo de la Contra, Jaime Morales Carazo, quien era el dueño de la casa confiscada en la que vive Ortega, y era además asesor de Arnoldo Alemán.

 

Ortega prometió una reconciliación nacional y en su campaña llegó a abandonar el color rojinegro, el cual le traía malos recuerdos a los nicaragüenses por la década de los años 80, cuando las calles de Nicaragua estaban inundadas por esos colores y existía una guerra civil, hambre, exilio, pobreza y muchos males de todo tipo.

 

El sociólogo Salvador Martí I Puig indica que cuatro factores ayudaron a Ortega a regresar al poder.

 

El primero de ellos fue el pacto con Arnoldo Alemán, que le permitió que ambos controlaran las instituciones del Estado, especialmente la Corte Suprema, el Poder Electoral y la Contraloría; también cambiar la Ley Electoral y que supuso que Ortega, quien tenía un techo electoral del 38 por ciento, podía ganar la presidencia con el 40 por ciento de los votos o con un 35 por ciento si la diferencia entre los dos candidatos mejor situados era superior al cinco por ciento.

 

Martí también señala que antes de 2006 el voto estaba entre los sandinistas y los antisandinistas, pero luego se dividió entre los del FSLN y los sandinistas antipacto, los del MRS, así como entre liberales del PLC y los que seguían a Bolaños, que en 2006 apoyaban a Eduardo Montealegre y su Alianza Liberal Nicaragüense (ALN).

 

Además, explica Martí, el FSLN es en Nicaragua el partido que mejor estructura tiene a la hora de crear su tendido electoral. Por otra parte, el discurso de Ortega se alejó de conflictos y se centró en “paz, amor y reconciliación” y prometió subsidios y créditos para todos los productores.

 

En 2005, en entrevista con el periodista Carlos Fernando Chamorro, Ortega afirmó que si ganaba la presidencia promovería un sistema parlamentario para quitarle poderes al Presidente y él se sometería a la voluntad del pueblo. Ortega decía que el sistema parlamentario era para que hubiese mayor participación de la ciudadanía en la toma de decisiones en Nicaragua. “Que el poder quede en el pueblo”, dijo.

 

Sin embargo, apenas tomó posesión el 10 de enero de 2007, indica Carlos Fernando Chamorro, lo que Ortega empezó a hacer fue una “concentración absoluta del poder”.

 

Ese mismo día, con el presidente venezolano Hugo Chávez como invitado especial, Ortega le recordó a la Policía y al Ejército que tenían orígenes sandinistas.

 

En su libro Buscando la tierra prometida, Humberto Belli recuerda que a los pocos días de tomar posesión Ortega se rehusó a utilizar la casa de gobierno y estableció las oficinas de la presidencia en su casa, en el reparto El Carmen. “Era un presagio del retorno al partidismo y de una actitud rupturista a las reglas del juego político vigente”, escribió Belli.

 

En menos de 10 días, con ayuda del PLC, Ortega logró en la Asamblea prorrogar por un año la Ley Marco que suspendía temporalmente la entrada en vigor de las reformas constitucionales con las cuales Alemán y Ortega querían restarle poder a Bolaños. Un año después, mediante una sentencia del Poder Judicial que él controla, Ortega declaró inconstitucional la Ley Marco y tres leyes más que habían sido hechas para restarle poder a Bolaños.

 

Siempre en el 2007, Ortega y su esposa Rosario Murillo impusieron en Nicaragua a los Consejos del Poder Ciudadano (CPC), una versión de los Comité de Defensa Sandinista (CDS) que funcionaron en los años ochenta que entre muchas funciones vigilaban a la población calle por calle. Aunque no quedaron en la ley, los CPC fueron finalmente instaurados.

 

El hecho más contundente de que Ortega consolidaba su dictadura ocurrió en noviembre de 2008, con el fraude en las elecciones municipales.

 

Utilizando a turbas, Ortega no dejó que los opositores realizaran campaña electoral con tranquilidad. A pesar de que las actas de los fiscales opositores indicaban números diferentes, el Consejo Supremo Electoral (CSE) declaró ganadores al FSLN en 91 alcaldías y a la oposición le dio 49.

 

Los opositores calcularon que en aproximadamente 40 alcaldías hubo fraude electoral del FSLN.

 

III. Las asonadas

 

 

En los primeros días tras perder el poder, entre marzo y abril de 1990, Daniel Ortega estaba muy ocupado asegurando que el Gobierno de Barrios de Chamorro legalizara todas las propiedades que el sandinismo se había adjudicado en lo que se conoció como La Piñata, propiedades que militantes sandinistas adquirieron en los dos meses entre la pérdida y la entrega del poder.

 

Además, Ortega empezó a presionar para que su hermano Humberto Ortega quedara como jefe del Ejército.

 

Su “gobernar desde abajo” lo echó a andar apenas 20 días después de entregar el poder, cuando la Unión Nacional de Empleados (UNE) se tomó varios edificios del Estado reclamando un aumento salarial del 200 por ciento, cuando el Gobierno solo ofrecía el 60 por ciento.

 

Para el 15 de mayo de 1990, militantes del FSLN y personas reclutadas por Ortega se habían tomado las calles de Managua. Bloquearon el tránsito con quemas de llantas y levantamiento de barricadas con adoquines y chatarras. A la huelga se sumaron los trabajadores del aeropuerto internacional, creando un caos en el país.

 

En su libro La difícil transición nicaragüense, el entonces ministro de la Presidencia, Antonio Lacayo, explica que esos hechos, a los cuales se les llamó asonadas, no tardaron en ser descubiertos que estaban impulsados por Daniel Ortega, quien de esa manera empezaba su forma de hacer oposición.

 

Solo esa primera asonada, de varias que hubo, dejaron pérdidas a Nicaragua de 10 millones de dólares en los pocos días que demoró. Una segunda asonada, en el mes de julio de ese mismo 1990, ahora promovida por el Frente Nacional de los Trabajadores (FNT), dejaría pérdidas por 20 millones de dólares. Lo más grave, produjo cuatro muertos.

 

En septiembre de 1993, durante una huelga de transportistas, resultaron muertos el policía Sául Álvarez y otra civil.

 

Durante los seis años de Gobierno de Barrios de Chamorro, Ortega le hizo la vida imposible. Uno de los aspectos más difíciles para la presidenta fue la jefatura del Ejército, en la que cedió en mantener al hermano de Ortega, Humberto, a pesar de que la mayoría del pueblo nicaragüense no lo deseaba.

 

La llegada al poder de Arnoldo Alemán no mermó las asonadas del FSLN. Continuaron y se extendieron a estudiantes universitarios que demandaban el seis por ciento a las universidades. Con esas protestas, detrás de las que estaba Daniel Ortega, se exigía al gobierno que destinara a las universidades públicas el seis por ciento del Presupuesto General de la República, algo que resultaba difícil por la mala situación económica del país.

 

La lucha tenía buen propósito pero estaba contaminada por los intereses políticos de Ortega, dicen analistas.

 

El presidente Enrique Bolaños también sufrió las asonadas promovidas por Ortega, ya que los sindicatos sandinistas y las federaciones estudiantiles sandinistas también trataron de desestabilizar a su Gobierno.

 

“El sandinismo es lo único que sabe. El capricho, el garrote, la sangre, el asalto, las turbas, el incendio, la asonada. ¡Qué triste! Deberían de civilizarse algún día”, dijo Bolaños en una ocasión.

 

Además de las protestas por el seis por ciento universitario, durante el gobierno de Bolaños los nicaragüenses sufrieron por las protestas que realizaban estudiantes, transportistas, médicos, sindicatos y gremios afines a Ortega. Había también protestas en contra de los cortes de energía eléctrica o apagones.

 

IV. Las intenciones de Ortega 

 

 

El poder enamoró a Daniel Ortega. En 1979, cuando el FSLN toma el poder tras la caída de Somoza, los nueve comandantes sandinistas designan a Daniel Ortega para que sea el representante de ellos en la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional (JGRN) conformada por cinco miembros.

 

A partir de ese momento, Daniel Ortega es el hombre que preside a Nicaragua, ubicándose por encima de los demás miembros de la Junta. Alfonso Robelo y Violeta Barrios de Chamorro renuncian.

 

El sandinismo se había comprometido a hacer elecciones 1984. El FSLN designa a Daniel Ortega como el candidato presidencial y triunfa porque realmente no eran elecciones, sino que todo estaba controlado por los sandinistas.

 

Desde entonces Ortega ha sido el único candidato presidencial que ha tenido el FSLN.

 

En 1990, en medio de los estragos de la guerra civil con los contras, el bloqueo económico impuesto por Estados Unidos, y todos los males que existían en el país en ese momento, Ortega pierde el poder ante Violeta Barrios de Chamorro.

 

A partir de 1994, Ortega se va quedando con el control del FSLN y para las siguientes elecciones, en 1996, muchos dirigentes del partido ya no están y Ortega nuevamente es el candidato presidencial. Pierde esas elecciones frente a Arnoldo Alemán y también las del 2001 frente a Enrique Bolaños.

 

Ortega, quien ve difícil regresar al poder por la vía electoral, porque en cada una de las elecciones no saca más del 38 por ciento del total de los votos, comenzó una campaña incitando a que hubiese reformas constitucionales para cambiar el sistema político en Nicaragua de presidencialista a parlamentarista.

 

Según Ortega, en diferentes entrevistas que brindó, él no estaba conforme con el sistema democrático de Nicaragua y quería que todos los poderes del presidente pasaran a la Asamblea Nacional, para que de esa manera, según él, el pueblo tuviera más incidencia en las decisiones sobre el país.

 

Durante el gobierno de Bolaños, y como Ortega tenía como rehén a Arnoldo Alemán que estaba siendo enjuiciado por corrupción, el 3 de diciembre de 2004 las bancadas del FSLN y del PLC aprobaron reformar la Constitución.

 

Humberto Belli comenta que la reforma tenía la “intención expresa” de pasar a un sistema parlamentario, haciendo que la Asamblea se convirtiera en el poder jerárquico superior en Nicaragua, por encima del presidente de la República.

 

Bolaños, quien perdería poder con las reformas, se defendió y comenzó una crisis de poder en Nicaragua y el presidente tuvo que buscar la ayuda de la OEA, de la Corte Centroamericana de Justicia (CCJ). Por último, Bolaños logró un acuerdo para que, mediante una Ley Marco, las reformas constitucionales no entraran en vigencia durante su mandato sino hasta enero de 2007.

 

Cuando Ortega llegó al poder en enero de 2007, comenzó a deshacerse de esas reformas constitucionales para que no se cambiará el sistema presidencialista a parlamentario. Por el contrario, Ortega buscó concentrar todo el poder en sus manos.

 

V. Estocada final 

 

 

Desde que regresó al poder, Daniel Ortega buscó mediante unas reformas constitucionales eliminar de la Constitución Política la prohibición de la reelección porque deseaba nuevamente ser candidato presidencial en 2011, pero no podía porque no contaba con los votos suficientes en la Asamblea Nacional.

 

Por algún tiempo se especuló que la candidata presidencial del FSLN en 2011 sería su esposa Rosario Murillo, pero esta idea encontró mucha resistencia en la vieja guardia del sandinismo, al punto que dentro del seno del partido había mucha tensión.

 

Como no pudo eliminar la prohibición de la reelección mediante reformas constitucionales, en octubre de 2009 Ortega utilizó al Poder Judicial, el cual emitió una sentencia de la Sala de los Constitucional ordenando al Poder Electoral que permitiera a Ortega ser candidato en 2011.

 

La sentencia fue fuertemente criticada y atacada, pero en 2010 Ortega logró que la misma fuera confirmada por la Corte Plena de la Corte Suprema de Justicia (CSJ). Así Ortega se reeligió en 2011 pasando por encima de la Constitución Política.

 

En 2014, teniendo más de 63 diputados en la Asamblea mediante fraude electoral, Ortega reformó la Constitución y eliminó totalmente la prohibición a la reelección y nuevamente se reeligió en 2016, mediante otro fraude electoral.

 

En este año 2021, cuandola comunidad nacional e internacional consideran que no existe un proceso electoral con todas las calidades requeridas, Ortega nuevamente es el candidato presidencial por el FSLN.