Vista de la fachada del diario La Prensa, en Managua (Nicaragua), en una fotografía de archivo. EFE/Jorge Torres.

Cuando La Prensa se imprimió por primera vez, Nicaragua tenía apenas 88 años de haberse convertido en República. Era un país joven, pero igual que hoy, convulso. Y muy pronto conoció los cierres temporales, más tarde los cierres llamados “indefinidos”, sobrevivió a terremotos, bombardeos, destierro, prisión, al asesinato de su director, al exilio y ahora vive la confiscación de sus instalaciones.

Ha sido odiada por el poder y amada y defendida por los perseguidos. Le ha plantado cara a los caudillos y se ha levantado ante dictadores que creyeron que habían logrado secar su tinta. La Prensa ha sabido salir a la calle otra vez, como supo hoy informar en su versión digital que la dictadura no pudo probar que era culpable y que aún, violando ley expresa de la Constitución, se ha robado sus instalaciones ubicadas en Carretera Norte, en Managua.

Las anécdotas de sobrevivencia son incontables.  Cuando el primero de marzo de 1973 por ejemplo, Anastasio Somoza Debayle supo que La Prensa volvía a circular, pese a que había sido reducida a ruinas por el terremoto que se tragó Managua 68 días antes, dijo con despecho: “No es más que un pedazo de papel”.

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Este martes, 49 años después, la vocera y consorte de otro dictador la llama “antro de maquinaciones de crímenes de lesa humanidad” para intentar justificar otra embestida. Irónicamente, es la misma que allá trabajó como secretaria de su director-mártir, Rosario Murillo fue asalariada de La Prensa, cuando “el pedazo de papel” enfrentó a esa otra dictadura de la que no solo sobrevivió, sino que pudo informar sobre su final en 1979.   

MAS QUE PAPEL Y TINTA

El poder ha creído equivocadamente que se trata de solo papel y tinta, como lo dijo Somoza Debayle, pero sus fundadores y dueños creyeron y creen hasta el sol de hoy, que es más que eso. “Nos hemos caído, pero también nos hemos levantado”, gritan editores, periodistas y fotógrafos que vieron apagarse los días en la Sala de Redacción de La Prensa.

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La Prensa
La Policía del régimen en las instalaciones de La Prensa.

Que tres años después de su fundación, en 1929, el presidente de la época José María Moncada desterrara a uno de los codueños del Diario, Adolfo Ortega Díaz, sería el comienzo de muchos desencuentros entre La Prensa y el poder.

Por lo que publicaba, Moncada dijo que no quería ver más en el terruño a Ortega Díaz y lo mandó al exilio hasta su muerte. Pero el impreso siguió en las calles, hasta que en 1931, cuando Managua celebraba su segundo día Santo de ese año, las oficinas donde funcionaba se desmoronaron por completo, producto del terremoto que a las 10:22 minutos de la mañana del 31 de marzo devastó la mitad de la ciudad.

Dos días antes, en su edición número 1,410, el domingo 29, La Prensa se despidió de sus lectores en ocasión de los días de la Semana Mayor. Prometió que volvería el Lunes de Pascua, pero no cumplió porque aquel sismo dejó sus talleres en escombros y solo volvió a aparecer hasta tres meses después del desastre.

DESENCUENTROS CON EL PODER

Un año antes de aquel terrible sismo, el 6 de agosto de 1930, el doctor Pedro Joaquín Chamorro Zelaya había adquirió el 50% de las acciones del rotativo y tras superar las consecuencias del hecatombe que derrumbó la capital, para el año 1932, ya había adquirido el total del Diario.

Bajo su mando, La Prensa fue católica y de línea conservadora, lo que le granjeó enemigos del poder, ejercido por esos años por liberales. “Mi actitud es de combate, con la pluma y con la palabra (…)”, declaraba Chamorro Zelaya, lo que explicaba los roces constantes con los abusivos mandamás de turno y con los que vendrían después.

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En 1933, La Prensa estrenó su primer cierre por temas políticos. El presidente Juan Bautista Sacasa decretó la suspensión del Diario por “orden superior” y al año siguiente, en 1934, el mismo Sacasa conminó su cierre por tres días, tras el asesinato el 21 de febrero del general Augusto C. Sandino, ordenado por el entonces jefe director de la Guardia Nacional, Anastasio Somoza García.

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La Prensa solo pudo salir el 25 de febrero y fue su principal información un relato pormenorizado de la traición contra Sandino, su hermano Sócrates y dos de sus generales más cercanos. El 15 de enero de 1935, cuando el poder de Sacasa menguaba, volvió a ordenar otra suspensión contra el rotativo y ese día, el impreso no vio el sol de nuevo.  Esa sería una de las últimas órdenes que Sacasa pidió que se cumpliera al pie de la letra.

SOMOZA LE HACE LA GUERRA

Los años que siguieron fueron los años de fechorías políticas de Somoza García para ceñirse la banda presidencial, la que logró el primero de enero de 1937. El rotativo venía denunciando que el general había asesinado a Sandino, y conspirado hasta destronar a Juan Bautista Sacasa y manejar la Guardia Nacional como su feudo personal para reprimir y aniquilar a sus opositores.

Una de las últimas portadas del diario La Prensa.

Somoza García, tenía claro que solo había un enemigo indomable: La Prensa. No titubeó en hacerle los días difíciles y en 1940, le declara la guerra abierta y frontal al ordenar su cierre por tres días y el encarcelamiento de su director Pedro Joaquín Chamorro Zelaya.

La acción no hizo retroceder al Diario. No paró de denunciar las tropelías de uno de los regímenes más sangrientos de la historia de Nicaragua. Ello le valió que cuatro años más tarde, el 29 y 30 de junio de 1944, la Guardia cumpliendo órdenes de Somoza García interviniera sus instalaciones y confiscara las ediciones cuando apenas estaban por imprimirse.

Dos meses más tarde, La Prensa enfrentaría unas de las etapas más duras de su lucha por hacer prevalecer la verdad frente al poder: uno de los cierres más largo que ha tenido. El dictador Somoza García, atornillado al poder en un período que el mismo se dio a hacer y que tardaría diez años, mandó cerrar el rotativo. Fue un 10 de agosto de 1944.

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Además del cierre, forzó al exilio a su director y a su familia. Somoza García acusó al Diario de ser parte de una campaña de difamación contra su señora madre, doña Julia Somoza. La patraña, calificada así  por los historiadores de la época para intentar callar a  “un vecino” que consideraba molesto, mantuvo cerrada a La Prensa un año y diez meses, y solo pudo volver a ser impresa hasta el 11 de junio de 1946.

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CONTRA PJCH: ACOSO Y REPRESIÓN

En 1952 falleció el doctor Pedro Joaquín Chamorro Zelaya y Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, su hijo, asumió la dirección. No tardó Chamorro Cardenal en estar en la mirilla de la familia que gobernaba a sangre y fuego el país. Para 1956, los Somoza ya lo veían como enemigo. Fueron años de acoso, difamación y represión. Por entonces, el país sangraba por las rebeliones de la época contra la dinastía.

El asesinato de Somoza García, el 21 de septiembre de ese mismo año en León, le trajo complicaciones al Diario. El heredero del poder, Luis Somoza Debayle, desató una cruenta cacería en todo el país, ocupó militarmente el diario y ordenó cárcel contra Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y parte del personal del rotativo.  

Después de eso, le recetaron otro largo periodo de censura. Tres años más tarde en 1959, vuelven a ser censurados después de los sucesos de Olama y Mollejones que fue el intento de sacar al tirano por las armas, una expedición militar fallida que lideró Chamorro Cardenal.

Esta vez en cumplimiento de un decreto, el poder obligó al periódico a recibir un censurador que decidía qué se publicaba o no todos los días, una práctica que duró largos siete meses, hasta el primero de enero de 1960 que suspendieron el Estado de sitio. Cuando ocurrió la masacre del 23 de enero de 1967 en la que la Guardia Nacional mató a cerca de 200 manifestantes que se oponían a la continuidad de otro Somoza en el poder, La Prensa no pudo publicar sino hasta varios días después —el mes siguiente— los relatos de sobrevivientes, porque estaba censurada. La Guardia Nacional, ocupó sus instalaciones durante 11 días y durante ese tiempo saqueó oficinas y talleres, y violó sus archivos.

EL PRINCIPIO DEL FIN QUE COMENZÓ EN LA PRENSA

Los 70 en La Prensa fue una década que podría ser contada como los años anteriores, días difíciles con censuras, cierres, represión y cárcel para su personal, de no ser por tres terribles eventos. El primero fue en la víspera de la Navidad de 1972; otro Richter letal desmoronó Managua.

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El sismo arrasó con el edificio del Diario y destruyó su rotativa. La Prensa no pudo salir sino hasta 69 días después, el 1 de marzo de 1973 en lo que serían sus nuevas instalaciones en Carretera Norte.

Anastasio Somoza Debayle, el tercer Somoza en el poder y que estrenaba un segundo mandato que inició en 1974, gracias a pactos y componendas con partidos colaboracionistas, ejecutó una fuerte censura que incluyó otras suspensiones, otros cierres temporales, cárcel, multas y juicios contra los dueños, editores y periodistas. Fueron tres largos años de días difíciles que duraron hasta 1977.

Pero lo peor vendría al año siguiente, el 10 de enero de 1978. Ese día, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal no pudo llegar al Diario. A las 8:22 minutos de esa mañana fue asesinado. No solo la redacción de La Prensa se vio nuevamente devastada, el país entero lloró.

El acontecimiento desencadenó una serie de hechos que minaron el poder del que sería el último de la nefasta estirpe. En pocos meses después del magnicidio, Anastasio Somoza Debayle se vio atrapado. Ya le fue difícil retener la ira popular que originó el asesinato del director de La Prensa. La cuenta regresiva para el dictador comenzó en el mismo minuto que el autor material jaló el gatillo.

Hubo llanto, se desató la ira y una clara conciencia de que nada de lo que el rotativo había vivido antes tenía comparación con aquellas horas. Sufrían el enjambre del segundo Richter de aquella década, pero no los llevaría a claudicar, había que seguir escribiendo.    

TANQUES CONTRA EL PAPEL

En La Prensa, sus dueños, editores y periodistas, juraron que no iban a descansar hasta que se castigara a los culpables del asesinato de su director. Managua hervía en esos días. En realidad el país entero estaba en rebelión, unas cívicas, otras armadas y la dictadura se caía a pedazos.

En un acto de venganza desesperada, el 11 de junio de 1979 Somoza Debayle ordenó atacar las instalaciones de La Prensa con tanques y aviones. El edificio donde se imprimía el Diario de los Nicaragüenses volvió a ser arrasado y quedó nuevamente en ruinas, como quedó con el sismo del 1931 y el de 1972.

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Un mes después, el dictador dobló su rey y huyó del país. 27 días después de aquel ataque, La Prensa volvió a las calles, un 16 de agosto de 1979. Una nueva era comenzaba o al menos, era eso lo que se creía, tras el triunfo de la insurrección popular que dejaba atrás 40 años de dictadura somocista. La Prensa cumplía entonces 52 años, medio siglo informando en Nicaragua.

ORTEGA CENSURADOR Y SECUESTRA-PAPEL

En poco tiempo, el sandinismo de los 80 destruyó el consenso logrado en el país durante la lucha antisomocista. Fue matando una a una las promesas de construir algo distinto y las viejas mañas para manejar el poder se combinaron con otro modelo abusivo y violento.

En 1980, La Prensa es paralizada por 35 días bajo un supuesto conflicto laboral atizado por sindicatos sandinistas.

Un año más tarde los comandantes amonestan a La Prensa y la cierran por 48 horas, y el 25 de junio de 1986, el gobierno presidido por Daniel Ortega, ordenó “un cierre indefinido” del rotativo que duró hasta el 1 de octubre de 1987. Al finalizar el cierre, La Prensa imprimió 200 mil ejemplares y todos se vendieron por completo.

El regreso de Ortega al poder en 2007, le anunció a La Prensa que un viejo enemigo volvería a cargar su arma contra ella. Y no se equivocó. Reparos fiscales, intimidación y acosos, volvieron de nuevo, los que empeoraron después del estallido social del 2018.

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En 2019, la Dirección General de Aduanas retuvo por cerca de 500 días, papel e insumos para imprimir el periódico. En esa ocasión,  la materia prima solo fue entregada hasta el 6 de febrero de 2020.

La Prensa logró esquivar la asfixia del papel secuestrado, por lo que el dictador ordenó el 13 de agosto de 2021 asaltarla y ocupar sus instalaciones a mano armada. Secuestraron a su gerente general Juan Lorenzo Holman y le fabricaron el delito de lavado de dinero.

La embestida final fue este martes 23 de agosto de 2022. El régimen derribó las letras que anunciaban el ingreso al periódico más antiguo del país. “La República de Papel”, que ha resistido a dictaduras que existieron antes que Daniel Ortega y Rosario Murillo aprendieran a hablar, ahora será según los planes de El Carmen, un instituto.

Murillo ha dicho que llevará el nombre de José Coronel Urtecho, como un gesto para honrar al poeta nicaragüense, el mismo que dijo en 1973: «para la conciencia del país, cuando La Prensa deja de salir es como que no sucediera nada, o todo fuera mentira». Mas que ironía, una contradicción que le estalla en la cara a la antigua secretaria de La Prensa, ahora convertida en vicedictadora.