Los jóvenes son la mejor referencia ética y moral que tiene la oposición democrática.

“Sin libertad, la democracia es despotismo, sin democracia la libertad es una quimera”, esta es una de las frases más celebres de Octavio Paz y me inspira a compartir algunas reflexiones sobre el pasado, presente y futuro de nuestro país.

Del 19 de julio de 1979 tengo solo unos pocos recuerdos. Luego del bombardeo y la quema del edificio del diario La Prensa, nos trasladamos a una casa de seguridad donde pasé algún tiempo encerrado. Algo difícil para un niño de ocho años. Pero recuerdo la imagen de Sandino que vi en la televisión y otras del aeropuerto con gente que estaba llegando a Managua. El 20 de julio, salimos de la casa, fuimos al empalme de la cuesta El Plomo, para ver pasar a los guerrilleros que iban rumbo a la plaza. De eso, hoy se cumplen 41 años.

Vi un contingente de guerrilleros sobre los techos de unos buses y en camionetas. Todos sonrientes con sus uniformes nuevos, gritaban alegremente mientras disparaban sus armas al aire. De los fusiles salían bocanadas de fuego y humo. Era la primera vez que veía y escuchaba disparos. Como muchos niños, tenía una fascinación por las armas y esas imágenes quedaron grabadas en mi mente.

La revolución de 1979 fue liderada por la juventud de aquel momento. Fue una ruptura política que acabó con el dictador de entonces, pero también fue una ruptura generacional. Lamentablemente, aquella juventud llegó a gobernar con arrogancia y poco espíritu de nación. Gente preparada, con experiencia y buena voluntad fue expulsada, por tener “desviaciones pequeño burguesas”. Se les acusó de no estar comprometidos con la causa. Se premió la disciplina en contra del discernimiento y la autocrítica. La revolución acabó diez años después y la ruina que le provocó al país aún no se supera.

Combinar juventud y experiencia

Igual que en 1979 la revolución de abril del 2018 –aún en marcha–, es una revolución joven. Los muchachos pusieron la mayor parte de los muertos y de todas las víctimas. La mayoría de los presos y exiliados es gente joven. La llama de abril fue joven y así debe seguir siendo.

El lema “se acabó lo viejo” conlleva un profundo sentido. Acabar con esa mentalidad de la política como forma de vivir y no de servir. Vivir a costa de pactos, repartición de cuotas de poder, asignación de curules o espacios en comisiones. La nueva forma de hacer política debe centrarse en el servicio. Y en el sometimiento al voto, como mecanismo para refrendar los puestos cuando el desempeño haya sido bueno; y a la censura cuando no ha rendido lo esperado.

La revolución de 1979 también nos deja otra lección muy importante. No se trata únicamente de que la juventud asuma, porque nadie es infalible. Es la combinación de juventud y experiencia, cimentada en valores, lo que debe prevalecer. Como nos han demostrado las organizaciones estudiantiles sandinistas, joven no significa nuevo, porque ellos repiten las mismas prácticas de sus patrones. Joven significa romper con los vicios de la política tradicional, a los que ya me he referido anteriormente.

En Nicaragua, la cultura política está viviendo una transformación. Está luchando por dejar atrás lo viejo, no solo en la forma del dictador decadente. Sino también, de posiciones igualmente arcaicas de antiguos líderes. Personajes que se resisten a trasladar la batuta a las nuevas generaciones, que además de tener el derecho a recibirla, están llenas de nuevas ideas, valores y conceptos.

Coalición debe tener rostro joven

Ahora que en la Coalición Nacional se discute la representación y el peso que tendrán en su seno las organizaciones juveniles, creo necesario recordar el valor que tienen. Los jóvenes son la mejor referencia ética y moral que tiene la oposición democrática. Solo juntos y luchando en torno a un proyecto compartido, Nicaragua conseguirá el cambio que le permita pasar de la dictadura a la democracia.

Pero referencia ética no significa usarlos para tomarnos la foto, ni para asignarles posiciones, como se designan asientos a los pasajeros de un bus. Referencia ética significa permitirles que jueguen un papel predominante. Como pilotos del mismo bus que transitará en busca de la unidad que queremos consolidar. Porque si el pueblo, al ver pasar ese bus, mira detrás de los vidrios de las ventanas los mismos rostros de siempre, simplemente volteará la mirada hacia otro lado.

Todos lo que tenemos responsabilidades en las organizaciones opositoras, especialmente en la Coalición Nacional, debemos considerar el importante rol de los jóvenes en el fortalecimiento de la oposición. Para ello es fundamental garantizar una representación adecuada en los órganos de dirección de esta Coalición.

Las organizaciones juveniles han sido el motor de las heroicas movilizaciones de los últimos dos años. Con una generosidad y coraje que nadie debe olvidar, muchos han sufrido y siguen siendo objeto de persecución y cárcel. Otros tuvieron que abandonar sus carreras profesionales o suspender sus estudios. Son una generación de jóvenes preparados con generosidad y capacidad de trabajo. Y se han ganado el derecho de ser protagonistas del presente y futuro del país.

Jóvenes deben ayudar a guiar la Coalición

Aproximadamente el 60 por ciento de la población nicaragüense tiene menos de 30 años. Dato muy relevante de cara al proceso electoral futuro, que debe realizarse cuando se hayan concretado las reformas electorales necesarias.

Para que esas voces de protesta juvenil también sean expresadas en votos, los jóvenes junto al resto de la población tenemos que trabajar activamente, para conseguir las reformas electorales que garanticen unas elecciones libres y democráticas. Que también son reclamadas y deben ser avaladas por la comunidad internacional.

Nicaragua necesita acabar con la dictadura por las vías pacíficas y democráticas. Y solo podrá hacerlo a través del voto de la ciudadanía, en especial de los jóvenes, en unas elecciones libres, justas y verificables.

La oposición unida tiene el reto de conformar una amplia mayoría política y social, con un rol destacado de nuestra juventud. Solo así podremos ganar la batalla en las urnas, para conformar un buen gobierno estable y decente que tenga como objetivo poner en pie al país. Para que juntos también promovamos el desarrollo y el progreso. Garantizando el bienestar común y la igualdad de oportunidades en todos los rincones del país y para todos sin excepción.

Yo lo tengo claro. Fueron y siguen siendo referentes morales y como hace dos años confío en su capacidad y compromiso para seguir movilizando a la ciudadanía. Los líderes de las organizaciones juveniles tienen que ser protagonistas del presente político de Nicaragua. Y tienen el derecho y han demostrado que también la capacidad para guiar a Nicaragua hacia ese mejor futuro que siempre hemos deseado y hasta ahora no hemos podido alcanzar.

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