La última vez que Carmen Rodríguez Dávila vio con vida a sus niñas se quedaron en el río donde solían compartir horas de juego y risas. No había nada alrededor que le alertara que corrían peligro. Ella misma vio salir de su casa al hombre que las terminaría asesinando. Un conocido que en los últimos meses pasaba el día en su vivienda, ganándose su confianza, y de quien no llegó a sospechar ni cuando se enteró que sus pequeñas de 10 y 12 años habían sido asesinadas. ¿Es Carmen culpable del crimen contra sus hijas?

En medio de la conmoción y condena generadas por el asesinato de las niñas en Mulukukú, en el Caribe Norte, abundan los señalamientos sociales sobre la existencia de más de un culpable. A Carmen la cuestionan por dejar solas a las niñas y no estar presente para evitar la tragedia, aún sabiendo que el sujeto orquestó un plan para que ella regresara a casa. 

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“No existe otro culpable más que el agresor”, es la categórica reacción de la Federación Coordinadora Nicaragüense de ONG que trabaja con la Niñez y la Adolescencia (Codeni) ante el linchamiento social que -aclaró- solo refleja complicidad y misoginia social.

CONDENAN A LAS VÍCTIMAS Y JUSTIFICAN AL AGRESOR

Maryce Mejía, coordinadora de la Red de Mujeres Contra la Violencia, atribuye el juzgamiento social contra la madre al machismo que ubica a la mujer en una posición desigual y en roles tradicionales como el de cuidadora. El hombre en cambio, aún al revelarse como autor de los crímenes más brutales, es hasta justificado socialmente pues al buscar entre los porqué de sus actos “se le tilda de enfermo o de alguien que está fuera de sus cabales. No, no son hombres enfermos, son hombres sanos que creen que son dueños de los cuerpos y la vida de las niñas y las mujeres”. 

También es común que se culpe a las víctimas por la forma de vestir, por andar solas, o supuestamente “provocar” la violencia. 

Mejía considera que además de acabar con la violencia es urgente terminar con tantas creencias y prejuicios que condenan a las mujeres y justifican al agresor

“Estamos ante una sociedad desigual y misógina que se acomoda a lo más fácil, donde creen que el cuido y la crianza de los hijos e hijas es solo papel de las mujeres”, dice a DESPACHO 505. El Estado -apunta- es el que por ley está obligado a velar por la vida de las niñas y mujeres, pues tomando como referencia el caso de las niñas de Mulukukú identifica en Carmen, la madre, a una víctima de la desprotección del Estado, de la pobreza y las condiciones de vulnerabilidad.  

ESTADO DEBE CUMPLIR COMO GARANTE Y PROTECTOR

Camen reveló que la mayor de sus hijas había sufrido dos agresiones sexuales y cuando denunció la Policía no actuó. Contó que las mismas autoridades que atendieron su denuncia  trataron de responsabilizarla por el delito cometido por hombres a los que nunca persiguieron.

En un pronunciamiento público, Codeni urge a la Policía y al sistema de Justicia de Nicaragua  investigar de forma oportuna las denuncias y a ser “transparentes en las situaciones de violaciones a los derechos humanos de las niñas niños y adolescentes para determinar los responsables y alcanzar justicia y reparación a las víctimas”.

Codeni insta al Estado nicaragüense a que asuma y cumpla su rol de garante y protector de los Derechos de la niñez “disponiendo de los recursos humanos y económicos necesarios y voluntad política para garantizar la aplicación del sistema de protección”.

En Nicaragua, la violencia sexual es una de las principales amenazas para la niñez, en el año 2018 -la referencia disponible más reciente- 3,322 niñas y adolescente de hasta 17 años fueron víctimas de agresiones sexuales, el 42% corresponde a niñas menores de 13 años.

EL ABUSO SEXUAL NO ES NORMAL

Este año, la alarma es mayor al registrarse un aumento de femicidios en contra de niñas y adolescentes, un total de 11 ha documentado el Observatorio de Católicas por el Derecho a Decidir, hasta mediados de septiembre. Lorna Norori, del Movimiento Contra el Abuso Sexual, advierte en un artículo de una grave situación de violencia en el país porque los abusadores sexuales sí están matando a las niñas, y propone a actuar al conjunto de la sociedad porque no lo peor sería asumir el abuso sexual como algo normal.

En un pronunciamiento, el Movimiento Mundial a Favor de la Infancia, Capítulo Nicaragua condenó la violación y asesinato de las dos niñas de Mulukukú, expresó solidaridad hacia su madre e instó a las instituciones del Estado nicaragüense “a investigar y castigar a los responsables de tan abominables delitos con todo el rigor de la ley”. 

Así mismo, llamó al sector privado, productores, comerciantes, iglesias y organizaciones de la sociedad civil a nivel nacional y comunitarias “a actuar en sus respectivos entornos para detener y prevenir la violencia hacia las niñas”.

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