Una ilustración de María Liseth Dávila Doña. J. G. / DESPACHO 505

Un día, el investigador a cargo del femicidio de su hija le dijo que ya no llevaba el caso. Le dio el nombre de un testigo y Estelvina Doña Mójica decidió irlo a buscar sin éxito. “No quisieron hablar porque yo no soy autoridad, pero soy una madre que  quiero saber quién mató a mi hija”, dice. María Liseth Dávila Doña, de 40 años, fue encontrada sin vida en las costas de la Isla del Amor, en lago Xolotlán, el 28 de mayo de 2018.

La noche antes, el 27 de mayo, su hija durmió justo en el sofá donde la señora está sentada narrando el drama que ha vivido en su búsqueda de justicia. Las últimas palabras que recuerda son: “Mamá, tiene razón, iré a ver a mis hijos”. Minutos antes había conversado con Estelvina sobre la necesidad de que visitara a sus hijos. Salió de su casa, pero nunca más regresó.


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Tras buscarla en el barrio, en las esquinas donde a veces estaba con sus conocidos, en hospitales de la capital y pedir ayuda para localizarla en los medios de comunicación, finalmente, el 4 de junio la Policía Orteguista dio el aviso de haber encontrado un cuerpo, que debía ser reconocido en la morgue.

Al llegar al Instituto de Medicina Legal (IML) la madre comprobó que se trataba de María Liseth. Ahora que recuerda el episodio describe a su hija como una mujer responsable, atenta con sus hijos y bastante seria y formal, hasta que cayó en el alcoholismo, junto con su pareja.

Consciente del problema, la madre volvió a la casa donde residía y procuraba dejar el alcohol. “Ella se ponía a lavar ropa ajena,  cocinaba, pero después recaía, de manera que si no llegaba a la casa antes de las nueve de la noche, ya no le abrían la puerta y era cuando se quedaba a dormir en un sofá en la pequeña sala de la casa de su mamá, pero en la mañana despertaba, se bañaba y volvía a su casa”, comenta.

El cuerpo de María Liseth estuvo en el Instituto de Medicina Legal y el resultado de la autopsia fue claro: No murió por sumersión sino a causa de una estocada en un costado de la cabeza, golpes en el rostro que destruyeron su dentadura y múltiples contusiones, todo ello previo a su muerte.

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“Lo que dijo el forense es que a ella la dejaron tan malherida que pensaron que estaba muerta y por eso la lanzaron al agua, ella fue asesinada”, señala doña Estelvina, quien desde hace dos años visita con frecuencia la delegación policial, aunque le digan cada vez que llega que el caso de su hija se encuentra en investigación, sin avance alguno.

En dos años, a las únicas personas que se citó en la Policía para la investigación fue al padre de los hijos de María Liseth y a un señor del barrio de su mamá a quien le lavaba ropa, con quien habría conversado el día de su desaparición.

Según la madre, un repartidor de leche, podría ser la clave del caso. El hombre le comentó a vecinos que él había visto a Maria Liseth en la parada de buses de la Universidad Centroamericana (UCA) con otro grupo de tomadores consuetudinarios del barrio Memorial Sandino, donde habitaba.

Aunque la Policía lo llamó, él dijo que no podía presentarse.  Estelvina cree que el hombre no quiso hablar por miedo. “Lo que me molesta es que la investigación no avanza, era una mujer con problemas de alcohol, pero era una madre, una hija, una hermana, una sobrina y fue asesinada, debemos encontrar al culpable, pero la Policía no me dice nada”, lamenta.

Un día la delegación de la Policía Nacional del Distrito III le dijeron que si no estaba satisfecha, fuese a asuntos internos de la oficina central de la Policía Nacional en Plaza El Sol. “Tampoco me resolvieron y fui cuando me dijeron que el caso está siendo llevado ahora por el Distrito II de la Policía, pero ahí me dicen lo mismo, que es un caso abierto y que se está investigando”, narra desde su pulpería en Managua.

La mujer se pregunta cuánto tiempo le tomará a la Policía concluir las investigaciones si no están hablando con los testigos claves. Ella está dispuesta a irlos a buscar.

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