Cuando era adolescente ella escuchaba que en Nicaragua había una organización que defendía los derechos de las mujeres. Pero sobre todo que había un activismo constante por denunciar las violencias en todas sus formas en un país donde los términos de violencia de género eran extraños allá por la década de los 90.

Marycé Mejía, de 30 años, impulsada por ese ideario de defensa de los derechos de las mujeres se convirtió en una activista feminista. La pequeña, que en sus días escuchaba el trabajo de ese movimiento color morado, se convirtió años después en el Enlace Nacional de la Red de Mujeres Contra la Violencia, una articulación de mujeres dentro del movimiento feminista nicaragüense.

“Ahora la Red es reconocida a nivel nacional e internacional y es un referente de lucha contra las violencias”, dice con orgullo esta mujer que denuncia las violencias que sufren las mujeres. Ella llegó a la Red como una activista más y en representación de la Asociación Movimiento de Mujeres por Nuestros Derechos Humanos.

Esa organización comunitaria que defendía los derechos de las niñas de  Villa El Carmen, Managua, vio la necesidad de conectar con otras mujeres a nivel nacional y es justamente esa fue la razón por la se integró a la Red. La joven feminista de esa región del país en 2020 fue electa Enlace Nacional pasando del activimos local a la defensa nacional de mujeres.

¿Cómo llega la Red de Mujeres Contra la Violencia a este 30 aniversario? 

La Red es un espacio que hemos cuidado y fortalecido durante 30 años, acompañando, denunciando y visibilizando las violencias machistas en todos los ámbitos. Hemos desarrollado diversas campañas exitosas de sensibilización y que fueron traducidas en miskito e inglés, estudios de casos de femicidios.  Hasta este momento se han cosechado muchos éxitos, desde iniciativas de ley y políticas públicas para sancionar las violencias, hasta construir un tejido nacional de organizaciones de base comunitaria. 

Sin embargo, no podemos dejar por fuera los contextos en los que nos hemos movido; contextos represivos, violentos, confrontativos con el movimiento feministas y es como nos encontramos en estos momentos, batallando por resistir, ser resilientes y continuar con la misión que es lograr en todas las mujeres el ser sujetas políticos de sus derechos humanos. 

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¿Cuáles han sido los desafíos que han tenido que afrontar en los últimos años?

Son muchos: continuar trabajando a pesar de los obstáculos, repensar nuestra seguridad y protección, seguir atendiendo de manera virtual, realizando estrategias para no ponernos en riesgo, algo muy difícil en la Red porque nuestro principal trabajo es la denuncia y la incidencia política, repensar nuevas formas de trabajo, y ahora, mantenernos unidas y apoyándonos para continuar. 

¿Cuáles son los logros de la Red en estos 30 años?

Impulsar la Ley 230 (reforma al Código Penal para sancionar la violencia intrafamiliar), luego de participar en el estudio “Confites en el infierno”, atender a miles de mujeres víctimas de las violencias con acompañamiento psicológico y jurídico. Otro logro es la denuncia pública permanente, principalmente de casos emblemáticos, aliadas con otras organizaciones, desarrollamos numerosas campañas a nivel nacional trabajando de la mano con diversos medios de comunicación para la prevención de las violencias y establecimos un tejido social en todo el territorio nacional. 

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La Red se ha convertido en un referente nacional de acuerpamiento y acompañamiento a las mujeres, en ese sentido hemos creado alianzas con otras articulaciones a nivel nacional. La Red fue la primer Articulación Feminista en hablar de las violencias machistas, que antes era conocido como violencia doméstica. También impulsamos el Observatorio Nacional de Registro de las Violencias Machistas. 

Maricé Mejía de la Red de Mujeres contra la Violencia. Foto: Cortesía.

¿Cuántas mujeres integran la Red de Mujeres?

Activamente son 40 organizaciones (2 representantes por organización) y 15 defensoras a título individual. Para un total de 95 mujeres, unas más activas que otras. En años anteriores eran hasta 200 organizaciones, pero se ha bajado el número por diversas situaciones referidas al contexto nacional. 

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¿Qué hace diferente a la Red si la comparamos con otras organizaciones de mujeres?

La diferencia de la Red es el tejido social comunitario que existe a nivel nacional. El 95% de las integrantes de la Red son organizaciones pequeñas que conocen muy bien los territorios y las estrategias adecuadas para atender las violencias. Al ser la Red un movimiento social o una articulación nacional, funciona como un espacio de encuentro, de sinergia, de intercambio comunitario desde una perspectiva feminista. Además, que es un espacio democrático en el que se eligen a sus lideresas o representantes a través de una Asamblea que es donde se toman las decisiones y no sus líderes de manera vertical. Algo que para mi es significativo es el relevo generacional debido a que hemos abierto las puertas a las jóvenes para que se fortalezcan y aporten. Por ejemplo, en la Comisión Coordinadora, la mayoría somos mujeres jóvenes – adultas de organizaciones comunitarias. Para mí es muy importante que se siga promoviendo que más jóvenes participen. 

¿En cuántos municipios tienen presencia? ¿Cómo se organizan?

Divididos en Territorio Norte, Sur Oriente, Occidente Uno y Dos, Managua y Costa Caribe. Cada uno de estos territorios tiene 2 representantes y enlaces territoriales. Estos territorios se dividen en 17 lugares a nivel nacional: Malpaisillo, El Viejo, Villa el Carmen, Tipitapa, San Francisco Libre, Managua, Somoto, Matagalpa, Estelí, Ciudad Darío, Bilwi, Bonanza, Rosita, Bluefields, Chinandega, Diriamba, Isla de Ometepe.

¿Cómo ha incidido la Red en la creación de políticas públicas con enfoque de género? ¿Cómo ves la situación de las mujeres en Nicaragua?

La situación de las mujeres es cada vez peor. Siento que hemos retrocedido 10 años en cuanto a las violencias, los femicidios, la saña contra los cuerpos y la vida de las mujeres estaba normalizada y totalmente desatendida, aunque se lograba trabajar y coordinar con otros sectores del Estado como las instituciones y las empresas privadas, antes al menos existía un protocolo, los inicios de una ley de protección (hablando de la Ley 779), las organizaciones estábamos trabajando con mayor libertad, pero ahora no existe nada de eso, las mujeres en Nicaragua están sin recursos, sin apoyo, sin un Estado que las proteja, es por esto el repunte de las violencias en todas sus expresiones. Nos encontramos en total desprotección. 

¿Qué estrategias plantean para seguir erradicando la violencia en un contexto adverso?

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Seguir fortaleciendo estrategias de protección, de autocuidado, continuar articuladas concertando a nivel nacional y comunitaria, seguir tejiendo redes poco a poco aun sin recursos, seguir promoviendo prácticas de organización comunitaria, donde las mujeres continúen autogestionando sus derechos y empoderándolas donde no permitan violencia de ningún tipo venga de donde venga.