Me encuentro en el día tres de la encerrona, y veo la vida pasar desde la ventana, pero es esto o contagiarnos todos, y enfrentarnos a los peores de los escenarios.

Por María Fernanda Cuadra

MADRID, España — Hace unas semanas en mi entorno hacíamos memes con la crisis del coronavirus que para entonces estaba en su pico en China. ¿Qué va a venir hasta acá España?, decía. Pero pronto llegó a Italia y luego a Madrid al punto que la situación nos llegó a los pies. Decir los pies es nada, nos llegó a las rodillas, el cuello y las orejas. Y gráficamente, no exagero.

La paranoia inicial fue una prueba de lo que más tarde vendría. Hoy nuestro nivel de paranoia ha cruzado cualquier límite y no es para menos cuando las autoridades españolas han extremado medidas para contener los contagios. Los residentes en este país nos encontramos en una cuarentena total de 15 días.

Sí, son 15 largos días en los que debemos permanecer en casa, y si acaso salir para lo necesario como ir a la farmacia o al supermercado. Todo para que se disminuya el número de contagios y de esa manera el sistema sanitario no colapse, algo muy ligero de comprender.

Yo ya me encuentro en el día tres de la encerrona, y veo la vida pasar desde la ventana, pero es esto o contagiarnos todos y nos enfrentemos a los peor de los escenarios. ¡Es algo sumamente serio, maje!, les digo a mis amigos. Implica mucha consciencia, civismo y responsabilidad colectiva, para poder salir de esto.

Deseo que ningún otro país tenga que vivirlo, mucho menos Nicaragua, ni mi familia, ni mis amigos. ¡Nadie! No podemos comparar nuestro débil sistema de salud con el de estos países desarrollados, que están haciendo lo mejor posible. Aparentemente todo está normal y controlado, pero desde mi encierro les invito a:

– No entrar en pánico, pero tampoco ver esto como una epidemia más porque no lo es.

-Leer información verídica. Hay mucho amarillismo en las redes.

-No comprar más comida que la necesaria. No es el fin del mundo, aunque parezca.

-Lavarse las manos frecuentemente. No se lleven las manos sucias a la boca, ni a la nariz.

-No participar de actividades en grupos masivos, ni conglomerados. Ni fiestas ni partidos de futbol.

-No se obsesionen por el papel higiénico, el coronavirus no da diarrea, ni paguen un riñón por una mascarilla o alcohol de manos.

– Y por último, pero no menos importante, orar. Orar mucho porque los tiempos así, solo nos muestran lo pequeñitos que somos.

Cuidar nuestra salud mental es realmente básico para sobrellevar este proceso. Por estos días he pasado por momentos de tensión, tristeza e impotencia, y en lugar de preguntarme como va todo (que es para mi emocionalmente agobiante repetir una y otra vez lo que se puede ver en la tele) oren por mi y mándenme abrazos que últimamente necesito muchos ánimos y sentir el amorcito, aunque sea de lejos.

Saludos desde mi ventana, más aburrida que el aburrimiento, pero con salud, comida, y fe en que vamos a salir de esto.

*La autora reside en Madrid.

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