la exguerrillera sandinista disidente Mónica Baltodano. EFE/Jorge Torres

A criterio de la comandante guerrillera Mónica Baltodano, el Daniel Ortega que llegó el 19 de julio a la Plaza de la Revolución, a celebrar el 43 aniversario de la caída de la dictadura somocista, lució “desconectado con las bases de un partido que ha perdido brillo”,  se le vio celebrar “en soledad” su mejor fecha y con un discurso “aburrido y sin contenido”.

La revista cultural a la que recurrió Rosario Murillo y en la que hizo desfilar a varios grupos musicales como relleno del acto, no pudo disimular uno de sus peores notas: la presencia de invitados de “segunda categoría”. “La pareja de dictadores confirmaron su condición de paria”, aseguró la exguerrillera.

Pero Baltodano cree que la celebración, es tan solo uno de los actuales trazos grises de la dictadura, que ve desgranarse. La sucesión de un  Ortega casi vencido por los años sitúa a la organización política vertical en una de sus peores crisis y la fragmentación provocada por Murillo al intentar anular  al sandinismo histórico, es un tema insuperado dentro de sus filas.

En esta entrevista con DESPACHO 505, en el marco de los 43 años de la Revolución sandinista, la exdiputada y disidente del FSLN, señala que el orteguismo podría tener los días contados, aunque Ortega y Murillo apuestan a que todavía tienen cartas que jugar.

¿Cómo vio a Daniel Ortega este 19 de julio?

Reafirmo lo que he dicho desde hace años, Ortega, que como característica tenía el contacto con sus bases, con los sectores populares, que hacía alardes entrando a los actos en medio de la multitud, una vez a caballo, a veces a pie o en caravana de vehículos, se le vio desconectado de la gente. Se le ve aterrorizado, no puede ocultar que muere de miedo.

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No concurre a ningún acto de masas. Prefiere los eventos cerrados, los escenarios montados y controlados. Él tiene ya muchos años de no hacer campaña, de no acercarse a la gente, ni a sus bases. Los que se le acercan son escogidos.

Hay quienes dicen que este año se quedó más solo que nunca …

Lució alejado de la comunidad internacional es un hecho, con la presencia de invitados de segunda categoría,  lo cual es el reflejo de que es un paria aún para quienes lo respaldan sobre la base de su relato; de que es de izquierda, que es un relato mentiroso. Resulta molesto para la comunidad internacional y muchos líderes se alejan de él como de alguien infectado.

La pareja dictatorial de Nicaragua durante el acto del 43 aniversario de la Revolución Popular Sandinista. Foto: Tomada de Presidencia.

¿Es posible que las bases esperaran más? Es su primer 19 de julio tras elecciones cuestionadas, hay mucha disidencia y miles huyen del país por mencionar algunas cosas…

Aquel fue un discurso vacío, repetitivo, común, desfasado totalmente. La verdad es que Ortega nunca estuvo tan ausente como este año, no estuvo en el repliegue, no visitó los lugares emblemáticos de la Revolución en fechas como la liberación de Estelí, León. Eso te dice mucho. Está alejado de todo.

Actividades con mucho sentido para sus seguidores fueron sustituidas por recorridos territoriales, pero ralos, con poca participación, con un sesgo etario notable entre viejitos y niños, la presencia de jóvenes fue muy precaria. La juventud que había sido la prioridad del trabajo de Murillo no se vio. Esa juventud se ha alejado, es la que está huyendo porque no ve futuro, es la que se fue al exilio. Uno lo ve, pese a que lo intentan ocultar. Hubo desfiles donde habían más policías que gente.

A propósito de eso ¿Ve usted que la crisis entre el sandinismo histórico y la nueva militancia está resuelta en el FSLN?

No, parece resuelta. La prioridad de Rosario eran los jóvenes. Los combatientes históricos eran una cuestión más simbólica. La mayoría ha envejecido y ya no pueden hacer mucho por el partido, pero además, desde 1990 a 1994, los combatientes guerrilleros, los que dirigieron los frentes de lucha se retiraron. Una parte clave se fue distanciando de Ortega desde hace varios años al ver hacia dónde llevaba al Frente.   

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Los que quedaban eran una minoría y Murillo no pudo lidiar con ellos. Hizo énfasis en la continuidad del respaldo a Ortega con nuevos militantes, pero eso está perdido. Los que están ahí son los hijos de quienes están pegados a “las tetas” del poder, los hijos de los funcionarios que devengan jugoso salarios. Los hijos de los jueces, por ejemplo, que han condenado a los presos políticos, los hijos de los magistrados, de los jefes policiales. El resto es una juventud-militante de 30 a 45 años.

Comandante, ya dentro del FSLN se habla de días sin Ortega, ¿ve que esté definida la sucesión?

No, no está clara aún. Rosario siempre se vio como la sucesora, sino aún en vida de él, se ha expresado en algunos momentos como la mandamás aprovechando el ausentismo, que ya sea por razones de salud o razones de las manías y enfermedades de otro tipo, hasta psiquiátrica que tiene Daniel, ella aprovecha ese ausentismo de él para mostrarse como la que sigue en el poder.

Pero, creo que ha habido demasiada muestra de repudio, de rechazo a su liderazgo, de tal manera que ellos tienen claro que conviene más heredar a uno de los hijos, ya sea Laureano o Juan Carlos, que son los dos únicos que han mostrado cierta vocación política, los demás realmente no.

Ellos, los Ortega-Murillo, barajan distintas opciones y va a depender de distintos factores, pero a mi manera de ver, ni ella, ni los hijos serían capaces de sustituir ese caudillismo que él construyó a lo largo de 43 años, porque ese caudillismo de 43 años, no es tan fácil de sustituir como pasó con Emiliano Chamorro y como ha pasado en general con esas personalidades así.

La Policía y el Ejército están muy comprometidos con Ortega, ¿Cree que ante su ausencia podrían ser determinantes para la continuidad o el fin de su era? Por ahora lo sostienen…

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Ambas instituciones fueron absolutamente pervertidas y corrompidas por el orteguismo, pero evidentemente quien ha jugado un rol muchísimo más activo, por ser directamente vinculado a los crímenes, a la represión cotidiana, es la Policía. Eso está totalmente perdido a mi manera de ver, es una institución que va a caer como cayó la Guardia Nacional, cuando se arruinó Somoza se fue la Guardia y así va a pasar, a la Policía no le veo ninguna posibilidad de rescate.

En relación al Ejército, ha tratado de disimular al menos, cierta diferencia con respecto a la Policía, pero también ellos han realizado sucesivas labores de limpieza sobre la base de su labor de contra inteligencia a lo interno. Es decir, ellos tienen terror a una rebelión en el Ejército. Frente a algún un rol de insubordinación, sus correas de control están girando alrededor de la reelección del mismo jefe del Ejército, pero eso a su vez implica contradicciones en todo lo que sería el conjunto de los generales, ahí hay una interrogante en relación a una desaparición física de Ortega, sino sería el momento en que las cosas se moverían de tal suerte que sería el fin del orteguismo, creo yo.

Ortega atacó la posibilidad de dialogar, ni afuera, ni adentro. ¿Qué quiso decir? ¿Estados Unidos pidió demasiado en sus pláticas, su salida del poder acaso?   

Yo creo que el mensaje que manda es que va a morir con las botas puestas, aferrado al poder y no va a hacer ningún tipo de apertura y concesión que no vayan en esa dirección. Ellos apuestan a que el control sobre el poder les va a ir permitiendo recomponer la situación nacional, es una apuesta absolutamente ilusoria porque cada día las cosas se vuelven más difíciles.

Pero, como ellos miran que reciben fondos del Fondo Monetario Internacional, que le acaba de aprobar 200 millones el BCIE para un supuesto subsidio al combustible que nadie entiende, porque el combustible sigue siendo el más caro de Centroamérica, entonces ellos creen que esa situación económica va a darles un aire para recomponer la situación de la gente y yo creo que se están equivocando, es un mal cálculo. No hay solución sin que ellos liberen a todos los presos políticos, sin que restituyan las garantías constitucionales y entonces ellos saben que ese es su fin también y prefieren acabar de otra manera, pero no acabar cediendo.

Por último, este 19 de julio Ortega lo celebró con su esposa, sus hijos y nietos en la plaza, pero una comandante como usted en el exilio, con el comandante Luis Carrión en el exilio, un Henry Ruiz también en el exilio, una comandante Dora María Téllez en prisión, un legendario comandante Hugo Torres fallecido como preso político, usted como lo describe…

Yo lo describiría como dijo Ernesto Cardenal, que no lo dijo hace muchos años, sino lo dijo años previos a su deceso, es que la Revolución fue bella, pero que fue traicionada, que lo que estamos viviendo es una dictadura y que una dictadura es una dictadura.  

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Para mí el 19 de julio de 1979, una fiesta nacional en donde, salvo los más redomados somocistas, el resto de la sociedad nicaragüense lo conmemoró, lo celebró porque era el fin de una tiranía, de una dictadura brutal y sangrienta, una fiesta que se apropió el orteguismo, como se apropió de todo incluyendo ahora el país, que lo dominan como una finca como alguna una vez lo hiciera Somoza.

Los ejemplos más brutales son el de cómo esa revolución se terminó comiendo a sus hijos a través de los exilios que son miles, la brutal detención de Dora María que no es una detención común y corriente, sino de un régimen permanente de tortura, tanto así, que explica el deceso de Hugo, esas condiciones son las que favorecieron la muerte en prisión de Hugo Torres y la de una gran cantidad de nicaragüenses que provenientes de distintas corrientes políticas, ideológicas están sufriendo una brutal represión.

Entonces la conmemoración tiene un sabor absolutamente agridulce, porque por un lado no podemos dejar de resaltar la caída de un dictador, pero por otro, no podemos dejar de sufrir la presencia activa de otro utilizando el discurso y todo lo que significó la otra revolución. Entonces, es doloroso y triste, pero así como cayó Somoza, va a caer Ortega y va a caer Rosario Murillo.