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Jacinto Juárez, la figura del sandinismo que vivió a la sombra de Ortega

Desde 1990 se desempeñó como Secretario de Relaciones Exteriores del Frente Sandinista. Antiguos cuadros del sandinismo lo recuerdan por su subordinación a Daniel Ortega.

Redacción Central | 02-04-20

MANAGUA — Jacinto Suárez ha muerto. No era una de las figuras del sandinismo más relevantes, pero sí uno de los últimos cuadros sandinistas que respaldó hasta el final a Daniel Ortega, con el que sostuvo una amistad desde que compartieron la misma celda durante la dictadura de Anastasio Somoza. El hombre que lavó la cara del Frente Sandinista ante el exterior no deja un legado en el partido, y por el contrario, pasa a la historia como cómplice del autoritarismo de Ortega y su esposa Rosario Murillo.

Se estrenó en las filas del Frente Sandinista en 1963 cuando apenas tenía 16 años. Hoy ha muerto, a los 72 años, como consecuencia de un problema renal que desde hace 20 años lo llevó a vivir con un riñón trasplantado de su hijo Mauro. Suárez se sumó al Frente, dijo en una entrevista a Mónica Baltodano, por un profundo sentimiento anti-somocista, “que después devino en una conciencia social y después en un posicionamiento ideológico”.

Pero su lucha revolucionaria empezó mucho antes de sumarse al Frente Sandinista, pues desde los 14 años participó activamente en manifestaciones estudiantiles que se desarrollaban en el barrio donde vivía, en el San Antonio.  “A la edad de trece años, en 1960, me toca presenciar cómo asesinan a Julio Oscar Romero López. Yo lo veo, y lo vivo. Fue frente a la casa de la doctora Miriam Argüello, cuando se conmemoró el primer aniversario de la masacre estudiantil del 23 de julio de 1959”.

LEALTAD. En una conversación que sostuvo con la guerrillera Mónica Baltodano y recopilada en el libro Memorias de la lucha sandinista, Suárez comentó que de manera natural cayó en el Frente Sandinista, y fue precisamente en momentos que esta organización retomó la lucha social. Incluso, llegó a decir que más que un guerrillero se consideraba un luchador social. 

“Ingreso en el momento en que nos estamos insertando en el movimiento social, y tengo el privilegio de trabajar con los sectores más desposeídos de este país, desde mis primeros años de juventud. Es decir, trabajo en las zonas campesinas y con sindicatos de zapateros en la ciudad”, recordó en la misma entrevista, en la que además aseguró que alfabetizó en los barrios de Managua, previo a su encarcelamiento en 1967.

La lealtad de Jacinto Suárez a Daniel Ortega empezó en los tiempos que compartieron cárcel durante la dictadura somocista.  “Esa fue una amistad fraguada en la cárcel. Lealtad porque él le aseguraba un puesto”, dice un cercano a Suárez.  “Jacinto estaba claro de que las cosas no iban bien, pero romper con toda esa historia no es fácil. Es más cómodo quedarse compartiendo las mieles al estar al lado del poder, sobre todo si este es tan omnímodo como el de Ortega”, agrega.

Jacinto fue vicecanciller de Nicaragua, jefe de inteligencia, embajador en Moscú y Secretario Ejecutivo de la comandancia general del Frente. Y desde 1990 se ha aferró a una silla como diputado ante la Asamblea Nacional y el Parlamento Centroamericano. Desde el Parlamento nacional presidió la Comisión de Relaciones Exteriores, a la vez que fungió como representante del Frente Sandinista en el exterior.

En 2018, tras la insurrección de abril, Suárez fue uno de los pocos funcionarios de la dictadura en conceder entrevistas a medios internacionales para lavarle la cara al régimen, aunque dijo que la Rebelión de abril debía hacerlos revisar en “qué hemos pecado”.

Dijo que Ortega sufrió una conspiración por parte de Estados Unidos y que se convirtió en un intento de golpe de Estado, pese a que los organismos de derechos humanos nacionales e internacionales concluyeron que no ocurrió tal cosa, más bien una represión estatal como respuesta a una manifestación pacífica.

ASALTANTE. Suárez también protagonizó asaltos que tenían como fin buscar dinero para financiar a la guerrilla que se encontraba en las montañas del país. El 6 de agosto de 1967 fue emboscado por la Guardia Nacional cuando  pretendía asaltar la entonces empresa La Perfecta, en Carretera Norte, en Managua.

“Cuando llegamos a La Perfecta, estaban en el cambio de turno de entrada y de salida de los celadores y los camioneros. Había una gran cantidad de personas y se armó una gran balacera; cayó un poste de luz sobre el carro y tuvimos que abandonarlo; y el muchacho que estaba manejando el taxi se puso nervioso y no podía arrancar”, dijo en la misma entrevista que sostuvo con Baltodano.

En sus palabras: “Se asaltaba para buscar dinero para la guerrilla de Pancasán, que estaba en pleno desarrollo. Esos fueron años locos. Recuerdo, por ejemplo, el asalto a la sorbetería Lacmiel; después se asaltó al Eskimo. Sacaron una caricatura de los guerrilleros comiendo sorbete. ¿Qué pasó cuando el asalto a Lacmiel? Se fueron y cayeron sobre el lugar sin mayor información, y había un montón de vendedores de sorbetes, y se armó un relajo, y una tiradera. Nadie salió herido, pero tampoco se llevaron ni un centavo”, contó.

En 1974, tras años siete viviendo torturas en las cárceles somocistas, finalmente fue liberado por un comando guerrillero. Tras dejar los días de horror, viaja a Cuba donde recibió entrenamiento militar por parte del gobierno de Fidel Castro. Ahí, según reportes de prensa que recogen su testimonio, se encontró con el entonces secretario general del FSLN, Carlos Fonseca, que le asigna la labor de relaciones internacionales.

Jacinto Suárez hasta su muerte fue leal al Frente Sandinista, o mejor dicho a Daniel Ortega.