La profundización de la pobreza en Nicaragua que advierten especialistas, es cada vez más palpable entre los trabajadores ambulantes que a diario sortean el riesgo al contagio de Covid-19 por la necesidad de poner comida en su mesa.

Luis Adolfo García es originario de Granada, tiene 30 años y se dedica a la venta ambulante. “La necesidad” lo mueve a diferentes ciudades de Nicaragua. Aun con la pandemia de Covid-19 no ha parado. No puede, dice desde Rivas cuyas calles ha recorrido en estos días, presionado por la responsabilidad de una familia que mantener.

El comercio informal es una de las opciones de sobrevivencia común entre la población más pobre de Nicaragua. Con el impacto de la pandemia en la debilitada economía nicaragüense, más personas son empujadas al mercado informal. Para aquellos que ya se encontraban en este sector el riesgo es aumenta. La mayoría de las personas insertas en actividades informales “tienen mayor probabilidad de perder sus ingresos debido a la disminución de la actividad económica por las medidas de contención implementada a raíz de la pandemia”, apunta la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides).

A FONDO: Cuando los pobres no pueden quedarse en casa

En el Informe de Coyuntura correspondiente al mes abril, el centro de pensamiento proyecta un aumento del desempleo abierto de entre 7,3 y 9,2 por ciento en 2020. Es decir, que al bolsón de desempleados se sumarán de 25,000 a 89,000 nicaragüenses, para un total de 238,000 y 302,000 al finalizar el año.

Como efecto de esta crisis, Nicaragua terminará el 2020 con hasta 2,4 millones de personas subsistiendo con apenas 1,76 dólares al día.

JORNADAS MÁS EXTENUANTES Y MENORES GANANCIAS

Luis Adolfo ignora esas estadísticas. Pero la situación en su hogar donde cada día lo espera su esposa y tres hijos experimenta esa merma de la que hablan los especialistas. Durante la crisis sanitaria este hombre ha tenido que regresar a casa con ganancias cero. Desde marzo, cuando el coronavirus comenzó a diseminarse en el país, un buen día de ventas para Luis Adolfo le deja C$1,200 en el bolsillo, aunque no todo es ganancia y muy pocas veces logra esa “meta”. Antes este vendedor cerraba sus jornadas con ventas promedio de C$ 3,000.

“Con esta pandemia muchas personas se portan muy precavidas y por temor a un contagio no compran nuestros productos, pero aunque las ventas están frías, yo me la rebusco para llevar algo a casa, aunque estamos claros que el día a días está más difícil”, comenta.

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El hombre usa mascarilla y asegura que toma medidas para protegerse del virus mientras se desplaza por las calles ofreciendo tinas, panas, escobas, rastrillos, mechas de lampazo y otros artículos plásticos que se acomoda en hombros y atados a su cintura.

Su situación es similar a la de otros vendedores ambulantes que aseguran que la pandemia les está haciendo el día a día más difícil, porque se ven obligados a recorrer mayores distancias en busca de clientes.

COMEN MAL Y DUERMEN EN LAS CALLES

Benicio Alfonso Valle, de 48 años, es un capitalino que también recorre Rivas con una venta ambulante. Ofrece gafas, accesorios telefónicos y artículos para vehículos, pero con la pandemia las ventas están “rogadas”, se queja.

“Yo me traslado principalmente a vender estos accesorios a San Jorge y Rivas y ciertamente las ventas no son nada emocionantes, con decirte que antes yo podía disponer de 80 córdobas para mi almuerzo y ahora destino 20 para comprar sopas que venden en vasitos desechables”, relata este vendedor originario del barrio Campo Bruce de Managua.

Las ventas diarias de este hombre pasaron de 2, 500 y 3, 000 córdobas a 300 dice para ejemplificar lo mal que la está pasando.

“Debido a que las ventas están feas, hay ocasiones en que he tenido que dormir junto con otros colegas en los porches de unas viviendas, porque no ganamos ni para el alquiler de una habitación y gente de buen corazón nos brinda ese espacio para pasar la noche”, revela Binicio.

José Díaz Obando, un boaqueño de 30 años que se dedica a la venta de ollas, peroles y pailas, también resiente la caída de las ventas en las diferentes ciudades del país que visita en busca de clientes.

“Yo vendo estos utensilios de cocina desde hace 10 años y la demanda se ha visto afectada por el coronavirus ya que antes recogía hasta 3, 000 al día y ahora las ventas del día se manejan entre 300 y 800 córdobas”, refiere.

Entre el grupo de vendedores ambulantes está el esteliano Juan José Laguna, de 33 años. A raíz de la pandemia le toca recorrer hasta 20 kilómetros al día ofreciendo sus productos. “Hay días que no ganó ni para el almuerzo”, dice decepcionado porque en su casa lo espera una familia de cuatro cuya manutención depende de lo que logre colocar.

Funides ha expuesto la necesidad de que en Nicaragua se implemente medidas para prevenir, mitigar y enfrentar el impacto social y económico de la pandemia, poniendo el foco en los grupos más vulnerables.

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