El Cosep necesita un nuevo liderazgo, una nueva visión y nuevas ideas.  Una renovación significativa.

Muchas cosas importantes están en juego con la elección de una nueva directiva del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep). Dadas las circunstancias y el momento histórico crucial que vivimos, el suceso incidirá en el presente y en el futuro de Nicaragua. ¿Puede haber algo más importante que el destino de la nación?

La iniciativa y la inversión privadas, los empresarios grandes, medianos y pequeños serán fundamentales para construir una nueva Nicaragua cuando finalice la pesadilla sangrienta y trágica que vivimos hoy con la dictadura Ortega-Murillo. Únicamente con los mecanismos de la economía de mercado se puede construir sociedades prósperas y modernas. Por fortuna, la mayoría de los principales actores de la naciente oposición y de la sociedad está de acuerdo, y no hay hoy lugar para radicalismos socialistas.

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Sobre los hombros del gran empresariado pesa la enorme responsabilidad de admitir los errores del matrimonio de conveniencia que tuvieron con el gobierno sandinista por 11 años, de hacer cuentas con ese periodo, y de rectificarlos. Mientras Daniel Ortega se dedicaba a la política (y, desde luego, a los negocios también, con toda la familia, muy intensamente y jugando con ventaja), el gran capital creaba empleos (contribuyendo a la paz social), aumentaba las exportaciones, hacía crecer la economía, atraía inversiones; aumentaron sus ganancias, negocios y su influencia. “Hicieron riales” cómodamente , mientras el “hombre” gobernaba con mano dura, aniquilando y prostituyendo las instituciones democráticas y el respeto a la Constitución. Toda una edición “reloaded” del “comé  y comamos” del somocismo,  pero mucho peor.

El gran empresariado era el único sector social cuya opinión y posturas tomaba en cuenta el FSLN. Cualquier intento de oposición era silenciado y neutralizado, y las inquietudes de la clase trabajadora estaban controladas por las organizaciones de trabajadores afines al sandinismo — vergonzosos sindicatos blancos.

La ruptura no vino sino hasta después de abril 2018, ante la presión del levantamiento pacífico ciudadano y de la Embajada de los Estados Unidos.

Nuestro país está, pese a la intensa represión que vive y lo quieran o no los gobernantes, en una transición. Esta se está gestando, es como un parto doloroso, trágico, lleno de sufrimientos y de sangre, pero no puede haber regreso al status quo ante (el estado de cosas anterior). Es imposible restablecerlo pese a la continuidad forzosa, despótica, de la camarilla dominante, que tiene el poder y la fuerza pero que no tiene ni ideas, liderazgo efectivo ni legitimidad moral para resolver la crisis y solucionar los problemas nacionales con la posibilidad de lograr un mayoritario consenso social y la amplia aceptación internacional.

Los empresarios serán muy relevantes para la nueva Nicaragua. Necesitamos una economía con más justicia social y oportunidades para la mayor parte de la sociedad, donde funcione de verdad la libre competencia y que no predominen monopolios, oligopolios o acuerdos amañados de compadres para excluir a la competencia sana; donde haya espacios reales para la creación de pequeñas y medianas empresas y la innovación; necesita Nicaragua adecuar su educación a las realidades de la economía y los requerimientos de las compañías; requerimos modernizarnos tecnológicamente; es necesario que haya salarios dignos o incentivos que permitan condiciones de vida dignas a la clase trabajadora y a la clase media, que les permitan visualizar un futuro y creer en él; no puede seguirse pensando en la sociedad como una reserva de mano de obra barata. Sobre una justicia social que alcanza a la mayoría se ha edificado la prosperidad de Europa y los tigres de Asia.

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El nuevo país se construirá con un plan adecuado de desarrollo. A largo plazo, y mientras sigamos en el atraso tecnológico y científico,  no podremos competir con países como China, la India o Vietnam , naciones de abundante mano de obra y crecientes emporios tecnológicos de gran dinamismo. Sin ser economista o empresario, es claro ver que el turismo, la agricultura y la agroindustria están llamados a ser sectores claves de la economía, son áreas en las cuales Nicaragua dispone de condiciones naturales sumamente favorables que dan significativas ventajas competitivas.

No estoy apoyando o desaconsejando ninguna candidatura particular aquí. En mi opinión, el Cosep necesita un nuevo liderazgo, una nueva visión y nuevas ideas.  Una renovación significativa. Hay mucho campo para que los empresarios trabajen por estos cambios cardinales para transformar la nación.

El autor es periodista y analista de asuntos del Asia-Pacífico. Las ideas expuestas aquí son responsabilidad exclusiva del autor y no reflejan el criterio editorial de Despacho 505.

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