Desde hace algún tiempo Nicaragua tiene un problema con los números. En este país, polarizado por razones políticas, la suma de 2 + 2 no siempre es igual a 4. Los datos oficiales a veces contradicen lo que está a la vista, y hay quienes creen que se trata de una “política de Estado” con objetivos “totalitarios”.

El caso más reciente es el de los muertos ocasionados por los huracanes Iota y Eta, que recién impactaron Nicaragua.

Sobre dos de las víctimas de Eta, que golpeó a Nicaragua el pasado día 3 de noviembre, en categoría 4 de la escala Saffir-Simpson, de un máximo de 5, Daniel Ortega afirmó que habían muerto un día antes, pese a que un sobreviviente, los testigos, y las imágenes del suceso divulgadas, contradecían al mandatario.

Finalmente, la Cruz Roja Nicaragüense registró tres muertos por Eta en Nicaragua, y el Gobierno cero.

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Con Iota, que impactó 13 días después, la historia se estaba repitiendo hasta que, tras múltiples reportes, el Gobierno reconoció 16 víctimas mortales en menos de 24 horas. Y, sin embargo, hasta ayer sábado admitía 21, mientras registros no oficiales hablaban de 28.

Pero no es la primera vez que hay diferencias en los números oficiales y los que reportan diversos sectores de la sociedad civil en Nicaragua.

MÁS DIFERENCIAS

Desde marzo pasado las cifras de la pandemia de covid-19 han sido motivo de controversias, ya que el Gobierno se mantuvo sin admitir decesos incluso cuando las personas caían muertas en las calles y eran comunes los “entierros exprés”, identificados por un ataúd rodeado por hombres cubiertos con trajes herméticos, que recorrían las rutas hacia los cementerios, en cualquier camioneta, sobre todo a altas horas de la noche.

Hoy las cifras de la pandemia continúan sin coincidir. Mientras el Gobierno ha reportado 159 muertos y 5.725 casos confirmados, el independiente Observatorio Ciudadano COVID-19, compuesto por una red de médicos y voluntarios, ha informado de 2.796 fallecidos con síntomas del nuevo coronavirus, incluyendo neumonía, y 11.251 casos sospechosos, que no se pueden confirmar porque las pruebas sólo las realiza el estatal Ministerio de Salud.

Las diferencias de los números se alargan con el tema del Producto Interno Bruto (PIB), los presos políticos o los muertos en protestas antigubernamentales desde 2018.

En los últimos tres años el Gobierno ha mantenido expectativas de desarrollo positivas, incluso del 1 %, hasta que los organismos financieros internacionales le han corregido con datos que muestran retrocesos superiores al – 4 %.

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Sobre los presos políticos, el Gobierno no admite ninguno, pero el Mecanismo de Reconocimiento de Personas Presas Políticas reporta 113. Y en cuanto a los muertos por diferencias políticas, mientras Ortega reconoce 200, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) informa de 328 sólo en 2018, a la vez que organismos locales cuentan hasta 684 desde entonces.

LAS RAZONES

Existen diversas razones para tantos problemas con los números, y ninguna es matemática.

Antes de explicar las suyas, el presidente de la Unidad Médica Nicaragüense, José Antonio Vázquez, señaló como relevante que el Ministerio de la Salud hasta ahora no haya reportado ningún muerto por covid-19 entre los trabajadores del sistema sanitario, “cuando ya van 107, lo que significa que el Gobierno oculta información y la manipula para su conveniencia”.

“Quieren hacer ver que este Gobierno tiene la respuesta a todo, que es un modelo de estrategia, es una falacia (porque) con el nivel de pobreza que sufrimos los nicaragüenses, eso no se puede obtener”, sostuvo Vázquez.

“Ellos intentan, con eso, aparentar ser un buen Gobierno, sujetos de ayuda internacional, demostrar que son eficientes, que hacen bien por la sociedad, pero miente, tergiversa conceptos, inflama su propaganda de que son cristianos, socialistas, y solidarios”, dijo el miembro de la opositora Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia y analista político, José Dávila.

El integrante del Consejo Político de la también opositora Unidad Nacional Azul y Blanco, Guillermo Incer, recordó que incluso datos básicos como la cantidad de habitantes que tiene Nicaragua, o reportes del Banco Central, han dejado de ser divulgados.

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“El Gobierno oculta su ineficiencia y provoca en su militancia esta imagen de que están cumpliendo, y a nivel internacional se vende como un Gobierno que tiene bajas cifras en el impacto de la covid-19, o bajas leves cuando hay desastres, muestran una cara falsa”, indicó Incer.

POLÍTICA DE ESTADO

El grupo Monitoreo Azul y Blanco, creado para registrar casos de violencia política, y ahora también para incidencias de desastres, lo tiene claro: “El Gobierno busca disminuir la mala percepción que tiene la ciudadanía para que la gente no se organice, no busque movilizarse”, según explicó una de sus cientos de integrantes, Ana Lucía Álvarez.

“Es una política de Estado porque es una dictadura sin escrúpulos, con el único principio de mantenerse en el poder, tienen una política de Estado de la mentira y del engaño”, resaltó Dávila. “Pero como es Estado, siempre se le escucha”, lamentó.

En el contexto actual no es posible saber por qué al Gobierno de Nicaragua no le van los números, pero de las últimas tres veces que los nicaragüenses salieron en masas contra un presidente, en dos ocasiones este dejó de serlo.

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