El machismo ha arrebatado la vida de dos niñas de 10 y 12 años, en Mulukukú, Caribe Norte. Rosario Soza Centeno de 33 años y cercano a la familia asesinó a las hermanas que habían ido al río a jugar atrapando cangrejos. Soza planificó el crimen: mandó a llamar a la mamá de las pequeñas para que regresara a la casa y cuando supo que quedaron solas se desplazó, con machete en mano, hasta donde se encontraban. A una la degolló y a la otra le propinó 12 machetazos.

Este doble femicidio expone el horror de la violencia machista en Nicaragua, que en este año se ha ensañado con las niñas. Para Lorna Norori, del Movimiento Contra el Abuso Sexual, es alarmante la forma en que los hombres están cometiendo los crímenes más perversos en contra de las niñas. “Es asombroso cómo está calando la atrocidad”.

Carmen Rodríguez Dávila, mamá de las víctimas, reveló a un medio de comunicación local que su hija mayor sufrió dos abusos sexuales a los seis y ocho años, lo que refleja que antes del crimen hubo un caso de violencia que fue denunciado ante las autoridades policiales, pero que quedó impune.

Si el propio Estado está autorizando a policías y paramilitares a violar mujeres, ¿qué podemos esperar?

María Teresa Blandón, feminista.

“Varias veces me he ido a quejar a la Policía. Me violaron a la niñas más grande, vine a poner la denuncia, pero sólo agarraron los trapos (la ropa de la niña) y me empezaron a investigar como si yo era la de la culpa. Dos veces la violaron a la pobrecita, puse denuncia y no me escucharon, no es la primera vez que me quejo, la Policía no le ayuda de corazón”, narró la mujer, mientras soltaba lágrimas de impotencia e ira, desde su humilde casa en una zona rural del Caribe nicaragüense.

Las niñas de Mulukukú ahora hacen parte de una lista de once menores de hasta 18 años que han sido asesinadas, según el registro del Observatorio Católicas por el Derecho a Decidir, hasta el 31 de agosto. Tres más que en todo el 2019. Las defensoras han lanzado una señal de alarma por la crueldad con la que están actuando los hombres contras las niñas y mujeres del país.

Estamos en alerta roja por tantos crímenes que se dan por el odio hacia las niñas y mujeres, por parte de hombres que se sienten con la libertad de cometer crímenes amparados en la falta de orden, de respeto a la leyes. No hay Estado de Derecho que garantice justicia, porque se ha desmantelado la institucionalidad”, reclama Maryce Mejía, coordinadora de la Red de Mujeres Contra la Violencia.

La sociedad respondió con estupor al crimen y desató nuevamente críticas al régimen de Daniel Ortega por la falta de respuestas a la ola de violencia contra las mujeres que vive el país en los últimos años. Ninguna institución del Estado, en la práctica, ejecuta políticas públicas con perspectivas de género que calen en una sociedad con una profunda cultura machista.

“Mientras no encaremos este problema vamos a seguir sufriendo por la comisión de delitos horrendos contra las mujeres y contra las niñas”, señala la feminista María Teresa Blandón. Además de la cultura machista, Blandón ve otro otro factor que incide en la violencia machista: la impunidad del Estado, que si bien ha sido una constante, se ha incrementado con el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

“Hay una cultura machista que fomenta la violencia, que fomenta el sometimiento de las mujeres y comportamientos abusivos de ciertos hombres, pero se le tiene que sumar la impunidad, no es sólo el tema de que la Policía no haya hecho eco de la denuncia de esta madre, sino que no hay mecanismos de protección, por eso las mujeres adultas y las niñas evidentemente están en un situación de vulnerabilidad porque el propio Estado es promotor de la violencia”, expresa Blandón.

NO HAY SITIOS SEGUROS PARA LAS NIÑAS

El doble crimen de las niñas de Mulukukú se suma a otro caso de abuso sexual cometido por un hombre conocido como Luis “El Punche”, quien atacó a una menor de edad, en León, el pasado 8 de septiembre. Era pareja de la abuela de la niña y aprovechó que la mujer estaba cocinando para abusar de la pequeña. En el doble femicidio, el autor era un tipo que ya tenía cercanía con la familia. Según la familia, en las últimas semanas, llegaba a la casa a pasar el día. “Nunca pensé que él cometería (el delito)”, comentó la mamá de las dos hermanas asesinadas este fin de semana.

Es claro que ahora ya no existen los lugares seguros, es cierto que el abuso sexual ha ocurrido en los lugares seguros para las niñas, niños y adolescentes, como la casa, la escuela, la iglesia, pero en la zona rural donde las niñas estaban seguras, ya no existe.

Lorna Norori, Movimiento Contra el Abuso Sexual.

Al respecto, Lorna Norori explica que los abusos sexuales de niños, niñas y adolescentes se producen de manera perversa a partir de la confianza y el abuso de autoridad que le dan las familias, por lo que los abusadores no necesitan propinar golpes, sin embargo con el caso de las pequeñas de Mulukukú se demuestra que los hombres ya no solo abusan sino que están asesinando.

En las redes sociales, los cibernautas empezaron a culpar a la mamá de las niñas por haberlas dejado solas, restando responsabilidad al femicida. Lorna cree que si la mujer dejó solas a las niñas es porque para ella ir al río era seguro. “Es claro que ahora ya no existen los lugares seguros, es cierto que el abuso sexual ha ocurrido en los lugares seguros para las niñas, niños y adolescentes, como la casa, la escuela, la iglesia, pero en la zona rural donde las niñas estaban seguras, ya no existe”, acentúa.

Ante la espiral de violencia, Maryce Mejía, de la Red de Mujeres Contra la Violencia, considera que la sociedad debe trabajar en un cambio radical que ataque la cultura machista.

Las víctimas de los abusos siguen siendo principalmente niñas, por tanto Norori enmarca en que se debe a la condición de mayor desvalorización del cuerpo y la sexualidad de las pequeñas, es decir que la sociedad debe trabajar en cambiar el pensamiento que concibe a la mujeres como objetos o fuentes de placer.

ESTADO CÓMPLICE

Los femicidios han aumentado desde 2017, ese año se registraron 51 y aumentaron a 57 en 2018. Luego en 2019 la cifra alcanzó 63 y en lo que va de este ya se cuentan 52, por lo que 2020 se podría convertir en el año más mortal para las mujeres en Nicaragua sin que haya una política de Estado que los pare. Al contrario, las acciones del Gobierno parecen fomentarlo e invisibilizarlo.

La Policía Orteguista en un informe de agosto detalló que registraron 12 femicidios, una cifra muy inferior a los 42 contabilizados a ese mes por las Católicas por el Derecho a Decidir. Además de esa falta de reconocimiento de la violencia machista, la dictadura liberó en los últimos dos años a 23,367 reos comunes, entre los que se encuentran femicidas, abusadores, y violadores, según feministas defensoras de derechos humanos.

“No solo es el tema que no aplican las leyes, que no aceptan las denuncias, que revictimizan a las mujeres que van a denunciar sino que ahora están dejando libre a los agresores sexuales de mujeres, incluyendo femicidas”, cuestiona Blandón. En esa misma línea se expresó Lorna Norori, del Movimiento Contra el Abuso Sexual: “¿Por qué y para qué? ¿Para qué poner en riesgo a la población en términos de seguridad ciudadana? ¿Cuántos abusadores están saliendo de la cárcel?”.

Lorna ve en la excarcelación de reos comunes una intención de exponer a la población a la inseguridad. “Podrían liberarlos por las razones que sean, como mantener intimidada a la población, pero es que las mujeres, niños, niñas y adolescentes están en mayor condición de riesgo cuando no hay ni una sóla línea de protección para ellas y ellos”.

PROMOTOR DE LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES

El Estado, agregan, se ha mostrado indolente ante la ola de femicidios, en parte porque es promotor de la violencia, tal como lo señaló un Tribunal de Conciencia, creado en Costa Rica, que acusó al Gobierno de Daniel Ortega de los delitos de tortura, a través del abuso sexual y la violación, hacia personas encarceladas a raíz de la Rebelión de abril.

“Acuérdese que policías y paramilitares participaron en violaciones masivas, tal como lo acaba de confirmar el Tribunal de Conciencia. Si el propio Estado está autorizando a policías y paramilitares a violar mujeres, ¿qué podemos esperar?”, zanja María Teresa Blandón.

Ante la espiral de violencia, Maryce Mejía, de la Red de Mujeres Contra la Violencia, considera que la sociedad debe trabajar en un cambio radical que ataque la cultura machista. “Se necesitan acciones para combatir todo la violencia, exigimos más protección para niñas y adolescentes de Nicaragua”, dijo.

Es urgente que las mujeres nos acuerpemos, que nos apoyemos y buscar referentes de apoyo en su familia y comunidad para protegerse.

Maryce Mejía, Red de Mujeres Contra la Violencia.

Como organización cree que es difícil hablar de alternativas porque la responsabilidad de parar los femicidios recae en el Estado, y sus instituciones, sin embargo llama a las mujeres a seguir denunciando por todas las vías posibles y buscar redes de apoyo para que la violencia se sancione a nivel social. La Red ha habilitado una línea de apoyo para brindar acompañamiento jurídico y psicológico a las víctimas como una alternativa a la ausencia del Estado.

“Es urgente que las mujeres nos acuerpemos, que nos apoyemos y buscar referentes de apoyo en su familia y comunidad para protegerse. Ante la violencia machista es urgente el fortalecer los tejidos familiares y comunitarios. Es lo que estamos promoviendo”, cuenta.

Lo que persiguen a toda costa es evitar que otra menor sea abusada, u otra mujer sea asesinada. No quieren que ocurran más crímenes como el de las niñas de Mulukukú.

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