Es entendible que lo ocurrido en Bolivia en las elecciones del domingo 18 de octubre, se asocie a lo que podría ocurrir en Nicaragua. Hay dos razones para esa asimilación:

a) A Evo Morales se le asocia al Socialismo del Siglo XXI, que es retórica de Daniel Ortega.

b) Morales ha estado en Nicaragua, solidarizándose con Ortega.

Hasta ahí llegan las semejanzas, pero las diferencias son muchas y muy importantes.

La reelección fraudulenta de Ortega en 2011 y 2016, tuvo el beneplácito de algunos sectores en Nicaragua y la complacencia de la comunidad internacional. En 2016 no hubo oposición y tampoco observación internacional, pero siguió la complacencia. A partir de la masacre perpetrada por Ortega en 2018, el rechazo por todos los sectores de Nicaragua ha sido total y categórico, así como de la comunidad internacional.

En cambio a Evo Morales se le reprochó por algunos países, no muchos, que haya intentado reelegirse en 2019, pese al referéndum que había rechazado esa posibilidad. Pero en las elecciones de 2019 hubo participación de la oposición y observación de la OEA, que incluso certificó el intento de fraude de Morales.

La victoria de Arce, el candidato de Evo, no solo se explica por la mayoría indígena de la población boliviana (en Estados Unidos muchos negros y latinos votan por Trump, que es racista y anti-inmigración), sino por otros factores:

a) Bolivia fue el país que más creció en América del Sur durante los casi 15 años de Evo, hasta la crisis política de 2019 y este año que decrecerá por la pandemia; Nicaragua lleva tres años de crisis y la economía no recuperará con Ortega.

b) La mayoría de la población conserva esa memoria, además que la pobreza disminuyó drásticamente durante ese período, y más entre la población indígena. La desigualdad también disminuyó de manera aguda; con Ortega aumentó.

c) Antes de Evo hubo inestabilidad, y entre 2001 y 2005 Bolivia tuvo 5 presidentes; antes de Ortega había democracia, ahora dictadura.

d) Las elecciones fueron impecablemente libres.

En Nicaragua, para que ocurra lo de Bolivia y gane Ortega, se necesitarían dos cosas:

a) Que haya elecciones tan impecablemente libres;

b) Y, en segundo lugar, que la oposición se divida, no por partidos colaboracionistas que siempre existirán, sino entre la verdadera oposición, especialmente entre la AC y UNAB, que mejor representan abril de 2018 y el futuro.

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