El dictador no ofreció respuestas a la emergencia sanitaria ni a la debacle económica que enfrenta el país.

El discurso de Daniel Ortega en el 41 aniversario de la Revolución sandinista estuvo lleno de contradicciones y vacíos. El dictador apareció usando mascarilla, aunque continúo minimizando la pandemia, habló de haber enfrentado con éxito los contagios cuando los aumentos son exponenciales. Y en sus más de 60 minutos de intervención, no se refirió a la abrupta caída de la economía, ni a las medidas que como jefe de Ejecutivo debe impulsar para atenuar ese golpe.

La intervención de Ortega se enfocó más que todo en tratar de convencer a sus bases que respondió bien a la pandemia de coronavirus, y que la inversión hecha en salud en los 12 años de estar al frente del país, permitieron “controlar” la emergencia. Nunca antes en un 19 de julio había dedicado tanto tiempo al tema de salud, pero lejos de dar tranquilidad se mostró insensible a dos temas que mantienen preocupados a los nacionales: la emergencia sanitaria y el impacto económico.

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En su discurso mencionó que el gasto en salud de Nicaragua pasó de 13% del Presupuesto General de la República, en 2006, a 20% en 2019, y que ha aumentado por dos el número de médicos y enfermeras del sistema de salud pública del país.

“Dijo que la inversión hecha desde 2006 a la fecha permitió enfrentar la pandemia, pero ningún país estaba preparado en materia de salud para enfrentar la pandemia. Nicaragua es el tercer país más pobre de Latinoamérica, (después de Venezuela y Haití) por lo tanto, tenemos un sistema de salud frágil y nos coloca frente a una pandemia con más desventaja”, dijo Javier Núñez, vicepresidente de la Unidad Médica Nicaragüense.

El dictador Daniel Ortega enfatizó que su régimen aplicó las recomendaciones de las organizaciones de salud, sin embargo, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha expresado su preocupación por la forma en que Nicaragua está manejando la pandemia, al no transparentar el número de casos positivos ni las pruebas de coronavirus, ni aplicar severas medidas como el distanciamiento social para frenar la ola de contagios.

Incluso Ortega al principio de la pandemia criticó e impidió que los médicos usaran mascarillas. “A esta gente le ha tomado cinco meses entender que esta epidemia es un asunto serio, que se tiene que abordar con responsabilidad. En marzo, Rosario Murillo decía que usar mascarillas era asustar a la población y que no se debía utilizar. La prevención es una materia importante, les tomó cinco meses darse cuenta que afectaría al pueblo y a ellos”, dijo por su parte el epidemiólogo Álvaro Ramírez.

El director ejecutivo de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, Juan Sebastián Chamorro, consideró que el tiempo que le dedicó Ortega al tema de la salud significa que “el sistema de salud ha fracasado porque si estuvieran tan bien no hubiera tenido la necesidad de hablar tanto tiempo de ese tema y con cifras poco creíbles y sobre temas irrelevantes, habló de la obesidad, enjuague bucal, odontología”.

CONVENCER A BASES

El mandatario destacó el trabajo realizado por el personal de salud y reconoció que “ha habido una afluencia fuerte, pero porque teníamos ya instaladas las unidades de cuidados intensivos”. Indicó que desde el 11 de junio al 30 de junio se habían reportado 91 muertes por la pandemia, aunque el Ministerio de Salud ese mismo día reportó 90 defunciones por el Covid-19.

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En ese mismo periodo detalló que habían fallecido 12,100 personas en el país, entre las que se incluyen 2,344 por “neumonía”. En Nicaragua médicos del sector público y privado han denunciado que la orientación del Minsa es dictaminar neumonía en las actas de defunción de las personas que mueren por coronavirus en el país para así poder presentar una baja tasa de letalidad ante la comunidad internacional. 

El analista político José Pallais comentó que Ortega “habló mucho sin decir nada, sin abordar el tema más sentido para la población como la recesión económica, sin propuestas para salir de la depresión y tratando de ponderar como el mejor mundo posible de su gobierno en materia de salud cuando la realidad está aplazado”. “Intentó decir que tiene el mejor sistema de salud del mundo, Ortega vive en un mundo irreal. Continúa fantaseando, está divorciado de la realidad que viven los nicaragüenses”, señaló.

Un reciente informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) esbozó un panorama peor para la economía nicaragüense, al estimar una caída de 8.3% en 2020.

La Cepal había pronosticado en abril pasado una contracción de 5.9%. Su reciente estimación casi coincide con el 8.2% de caída que proyectó  The Economist Intelligence Unit (EIU) en un reciente informe. Todas las proyecciones económicas superan a la planteada por el régimen de Daniel Ortega. Según el Banco Central de Nicaragua, el país tendrá una caída económica de entre 4% y 4.5%.

Ese mismo organismo de la ONU señaló que los niveles de pobreza extrema aumentarán en Nicaragua. Al término del año el 52.7% de la población vivirá en pobreza mientras que el 22.8% en pobreza extrema.

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