El director ejecutivo del Instituto de Estudios para Políticas de Saúde (IEPS), Brasil, analiza la tragedia que vive Nicaragua a causa de la política “inhumana” de Daniel Ortega, así como el impacto que tendrá la pandemia en América Latina.

El frágil sistema de salud de América Latina batalla contra la pandemia de coronavirus y se espera que el impacto sea mayor que en Europa y Estados Unidos. El politólogo Miguel Lago, director ejecutivo del Instituto de Estudos para Políticas de Saúde, Brasil, ve más compleja la situación en la región por un cuadro epidemiológico combinado por enfermedades no transmisibles y enfermedades infecciosas como el dengue y el zika. En esta entrevista, realizada el pasado martes, el especialista analiza la tragedia que afronta Nicaragua a causa de la política “inhumana” implantada por Daniel Ortega pese a la emergencia sanitaria.

A esta hora hay 500,000 contagios en América Latina, ¿cuánto impactará la pandemia en la región si tomamos en cuenta que tiene uno de los sistemas de salud más frágiles del mundo?

Cuando analizamos nuestro sistema de salud tenemos que tomar en cuenta que es frágil, y agregar situaciones excepcionales en relación con el resto del mundo. La salud en la mayoría de los países de América Latina es un derecho social, distinto a nuestro vecino del norte, Estados Unidos, donde la salud no es un derecho. Al mismo tiempo que tenemos el aspecto que es un derecho social, no hemos invertido en salud pública al mismo nivel que nos comprometemos con nuestros ciudadanos. Brasil invierte el 3.8% de su PIB en salud mientras que Venezuela 1,7%, que es muy poco. Los sistemas de salud no necesariamente tienen la oferta de servicios necesarios para responder a una demanda de salud que es más compleja que en otras regiones.

Miguel Lago

¿Por qué es más compleja?

Nuestro panorama epidemiológico es más complejo porque tenemos prevalencia de enfermedades no transmisibles que son características de países más desarrollados como los europeos: cáncer, diabetes, por ejemplo, pero seguimos teniendo muchas infecciones: el dengue, el zika. Tenemos sistemas de necesita estar adaptados para dos grandes volúmenes de enfermedades muy distintos y que requieren servicios de salud muy distintas. Además, hay que agregarle la violencia que sí tiene un impacto fuerte en los sistemas de salud. América Latina es la región más violenta del mundo con tercio de los homicidios, aunque tengamos el 8% de la población mundial. Tenemos ofertas que no son suficientes para las demandas ya existentes.

Y si le agregamos la pandemia de coronavirus, ¿cómo queda la región?

Impone retos a sistemas universales mucho más sólidos como los de España, Francia y Alemania a la cantidad de oferta a los servicios de salud. Nuestra única apuesta es aplicar medidas de contención al coronavirus. Nuestro fuerte es que primero llegó a Europa antes que a nosotros y tuvimos tiempos para prepararnos. Algunos países hicieron trabajos muy buenos en términos de contención. El mejor ejemplo es Argentina porque tomó medidas ultra drásticas después de la cuarta muerte. Fue el primer país que tuvo la primera muerte por Covid-19 en la región, sin embargo, hoy tienen 400 muertes y Brasil más de 15,000. Brasil es el tercer país del mundo con mayores víctimas de la pandemia.

Vos mencionabas de las enfermedades como dengue y zika, en y muchos países como Nicaragua ya empieza la estación lluviosa, ¿cuánto se complicarán los sistemas de salud?

Ese el gran drama del coronavirus en América Latina porque no tenemos servicios suficientes de salud y no hay capacidad de expandirlos, lo que se supone es que estamos reorientando servicios de salud al combate del coronavirus y menos a las enfermedades existentes. Cuando llegués al brote del dengue, zika y leptospirosis, que es justamente ahora, lo que veremos es un colapso hospitalario mayor. Va a ser muy complicado porque veremos una superposición de enfermedades infecciosas y se sobrecargará el sistema en junio y julio.

Nicaragua se empeña en no hacer nada para combatir la pandemia. Ni siquiera ha declarado el Estado de emergencia y promueve aglomeraciones de personas. ¿Cómo valorás eso?

Promover aglomeraciones en este momento es casi una política intrínseca de exterminio, sobre todo cuando tenés un sistema de salud frágil es un absurdo. Estimular a que la gente se exponga a un virus que los puede matar, no es una política de exterminio clásica, pero morirá gente. Es poco humano e irresponsable.  También Bolsonaro está incentivando aglomeraciones en contra de las medidas de cuarentena, y en contra del Congreso e instituciones brasileñas. En Brasil hace falta que el jefe del Estado tenga una posición clara sobre la pandemia. La estrategia que Bolsonaro quiere aplicar es la misma de (Daniel) Ortega, a diferencia en ambos es que (Jair) Bolsonaro no tiene tanto poder como Ortega, de momento.

Pareciera que estos gobernantes están anteponiendo la economía a la salud de sus ciudadanos….

Considerando lo que hace Bolsonaro, me parece que esos líderes saben es que si intentan tratar bien la cuestión de la pandemia de todos modos van a fallar. Muchas vidas se perderán y serán responsabilizados por no mantener las vidas vivas. Son cálculos políticos es negar la existencia de la pandemia y enfocarse en lo económico, y no serán responsabilizados de esta última.

La situación de los médicos en Nicaragua es preocupante porque están expuestos al contagio. En Nicaragua hay pocos médicos y se están contagiando. Todos nos preguntamos quiénes van a afrontar la pandemia.

Es una tragedia. Hay una falta de médico a nivel regional, y si no se cuidan a los médicos que están enfrentando la pandemia, la situación se complica. Son ellos los que salvan vidas. Es poco responsable no darle equipos suficientes.

¿Creés que después de esta pandemia cambie algo en los sistemas de salud de nuestra región?

Ojalá que sí. Es mi esperanza. Todo dependerá de cómo respondemos a la crisis. Si los gobiernos son racionales deben estar enfocados en fortalecer el sistema de salud público. Uno de los grandes problemas es que el sistema está fragmentado y hay países con sistemas muy grandes y ambiciosos, pero está fragmentado. Un sistema de salud funciona cuando está integrado. Si sigue fragmentando no podrá hacer frente a pandemias ni dará atención equilibrada a sus ciudadanos. Esto no significa que tienen que ser todos públicos, pueden ser públicos y privados, pero que los públicos tiene que ser más fuerte y el privado debe ser complementario.

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